Dokufest Kosovo 2010

Este verano se llevó a cabo en Prizren la novena edición del Dokufest Kosovo. El objetivo: poner en contacto al público local con un mundo representado a través del cine y darle la oportunidad de intercambio cultural que el pasaporte a algunos les niega. Al terminar el festival la ciudad cerró todas sus salas hasta el año siguiente.


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Un efímero cine en el cauce del río, fiestas y conciertos cada noche en el “Mullini”, una audiencia ávida de imágenes y un punto de encuentro para todo aquel que trabaja por y para el documental en la antigua Yugoslavia. Todo ello con la complicidad del verano que permite el cine al aire libre, siempre acompañado del murmullo de las terrazas abarrotadas y algún canto esporádico del muecín llamando a la oración. Dokufest, en su novena edición es un oasis cultural en el panorama de Kosovo, y especialmente de Prizren (segunda ciudad más poblada situada al sur del país) (1) que al terminar el festival se ve obligada a cerrar todas sus salas de cine hasta el año siguiente.

Como único festival de cine  en Kosovo, el evento, que se prolongó del 31 de julio al 7 de agosto, no sólo está dedicado al documental (aunque sea el género predominante) sino que ofrece cortometrajes de ficción que dan salida a la única producción posible en un contexto donde los largometrajes no están al alcance de los presupuestos locales. La retrospectiva del consagrado Želimir Žilnik, la competición de documental de los Balcanes, vistazos a las programaciones de los festivales Documentarist (Estambul) y Oberhausen, o las miradas a Kosovo (desde el extranjero o desde la producción local)… El programa se antoja interesante y coherente con la vocación del festival: poner en contacto al público local con un mundo representado a través del cine; y un cine representado por todo el mundo: los más de 150 cineastas y profesionales invitados/as procedentes de varios países, y la oportunidad de intercambio cultural que a algunos/as el pasaporte les niega.

Želimir Žilnik: presencias y ausencias
Sin duda lo mejor del festival fue la retrospectiva dedicada a Žilnik (aunque se echaron de menos algunos de los títulos de este reputado director). Su talento para reinventar el docudrama y la reconstrucción quedaba demostrado una vez más con su nuevo filme The Old School of Capitalism (Stara škola kapitalizma, 2009). Manteniendo el espíritu de la denominada “Black Wave” (corriente que marcó el cine en Yugoslavia en los años 60, y en la que participaron autores como Dušan Makavajev, que fue precisamente quien inició a Žilnik en el mundo del cine), el cineasta vuelve a los motivos recurrentes en su obra: la disidencia, las víctimas del conflicto social y las flaquezas del sistema; y a una estética que bascula entre la ficción y el documental A los 68 años, el autor permanece fiel a su rebeldía. En realidad, es el único filme documental de los últimos dos años que se atreve a mirar de frente al significado de la crisis (bueno, quizá Capitalism: a love story de Michael Moore (2009) se salva(ba), hasta que su ilusión por Barack Obama se hundió en el predecible desencanto). Desafiando al sistema (como ya hizo con Tito y la República Federal Alemana,  lo que le llevó a un exilio de ida y vuelta), Želimir Žilnik recurre una vez más a la auto-representación (no ya del director, como tan de moda ha puesto el cine en primera persona) sino de los protagonistas del film; personas que hacen el papel de sí mismas, convirtiéndose en personajes del guión marcado por Žilnik. El filme trata de la lucha de unos obreros contra su patrono tras ser abandonados a su suerte por el cierre y malventa de su fábrica. Todo ello en una Serbia que mira al capitalismo ruso como imperio al que malvenderse, y donde la propiedad pública del sistema comunista ha pasado a las manos privadas de mafiosos y criminales de guerra. Y para mediar el conflicto, unos jóvenes anarquistas que proponen la solución: secuestrar al patrón y llevárselo a los obreros para que ajusten cuentas cara a cara.

En la retrospectiva pudimos ver sus inicios con la estética observacional (siempre atenta a los márgenes de la sociedad) con varios cortometrajes documentales hechos en 1968: The Unemployed (Nezaposleni Ljudi), June Turmoil (Lipanjska Gibanja) sobre las manifestaciones estudiantiles tras la represión soviética de la primavera de Praga finales de los 60, así como Little pioneers (Pionori Maleni). También pudimos ver Black Film (Crni Film), una de sus obras más controvertidas por su utilización de varios indigentes para representar la moraleja de su film: los cineastas os miramos, nos compadecemos y os abandonamos. Además, algunos filmes más recientes se sumaban a la muestra, destacando la interesantísima Kenedi goes Back Home (Kenedi se vraća kući, 2003), primera película de la trilogía que sigue a un joven gitano que se crió en Alemania como refugiado de la guerra, y de la noche a la mañana es expulsado junto a otras muchas familias procedentes de Yugoslavia a una Serbia donde no tienen casa, trabajo o incluso capacidad de comunicarse en serbio, ya que su idioma ahora es el alemán. Alejándose del paternalismo compasivo que criticaba en Crni Film, Žilnik sigue a Kenedi, que se encarna a sí mismo en muchas escenas reconstruidas. Se echaron de menos las otras dos películas que siguen las visicitudes de la vida del protagonista (Kenedi, Lost and Found/Gde je bio Kenedi 2 godine?, 2005 y Kenedi is Getting Married/ Kenedi se zeni, 2007), y el documental realizado para la televisión en 1994 Tito’s Second Time among the Serbs/Tito po drugi put među Srbima, una vuelta de tuerca al docudrama, donde a través de un actor Žilnik resucita al dictador Tito para confrontarse con la población de una Yugoslavia ya extinta.

La retrospectiva se completó con la mesa redonda: “Documenting the Truth: Cinema on Minorities, Marginal and Immigrants” (“Documentando la realidad: el cine sobre minorías, marginados/as e inmigrantes”) donde Jurij Meden, Sezgin Boynik y el propio Želimir Žilnik hablaron de las prácticas del documentalista al abordar la representación de los sectores más vulnerables de la sociedad. Durante la charla se proyectó otra de las grandes obras del autor que se echaban de menos en la retrospectiva:  la irreverente Early Works/Rani radovi, 1969, experimento fímico que mezcla sexo y política  (los dos tabúes de la época) ganadora del oro de Berlín, y que apunta la línea que después seguirá la obra de Dušan Makavejev: Misterios del Organismo (W.R. – Misterije organizma, 1971). A pesar de su interés, en última instancia la retrospectiva resultó bastante escasa ante la ausencia de algunas obras fundamentales de la cinematografía de Žilnik.

Al terminar la sesión, el destartalado cine de propiedad pública e incierto futuro, muestra de nuevo la pintura desconchada y las sillas plegables de madera de la época yugoslava; ni siquiera los anticuados carteles de alguna película ochentera han sido retirados. La imagen de la sala atrapada en el tiempo parece un homenaje a la retrospectiva. Al salir, vemos que ha caído la noche, y el exterior se llena con la audiencia de la nueva sesión, ésta al aire libre, y con mucho más ambiente. La blanca pared ovalada acoge la proyección, y la imagen vuelve a transportarnos en el tiempo y el espacio.

Recorriendo los Balcanes

La selección de documentales de los Balcanes a concurso hace un repaso a toda la región: desde la road movie cargada de “yugo-nostalgia” e ironía The Long Road through Balkan History/Dugo putovanje kroz istoriju, historiju i povijest (Željko Mirković), en la que la performatividad de los personajes sigue la línea marcada por Žilnik; hasta los confines de Estambul donde la letanía de un viajero griego busca las huellas de su cultura en un colegio abandonado de una Constantinópolis que ya no está (Once Upon a Time/Bir Vamis Bir Yokmus, Eleni Varmazi, 2009). El premio de esta sección se lo llevó The World According to Ion.B (Alexander Nanau, 2010) que sigue los sueños de Ion Barladeanu, artista contemporáneo de Bucarest en su paso de la pobreza a la fama. El premio al mejor realizador novel lo compartió el esloveno Jurij Meden por 1717 Kilometeres of Summer 2009/1717 Kilometrov Pletja 2009, poético retrato en 8 minímetros de un verano que retiene como en un déja-vu los recuerdos de un viaje a través de los Balcanes), con Biljana Garvanlieva, directora de Tobacco Girl, retrato de una adolescente de minoría turca de la Macedonia rural, atrapada entre la arcaica tradición familiar del matrimonio concertado y un futuro de moderna estudiante en la ciudad de Skopje.

El premio al mejor largometraje documental se lo llevó La Bocca del Lupo de Pietro Marcello y el galardón al mejor cortometraje documental fue entregado al Andreas Koefoed por Albert’s winter.

Paralelamente, en el Museo Haman, el Balkan Documentary Center con sede en Sofía (Bulgaria) organiza su segunda sesión del taller de desarrollo de proyectos documentales donde nuevas películas comienzan a forjarse y se aprende a buscar financiación. Quizá el año que viene las veamos en el programa.

Con la mirada puesta en Europa
El ciclo “Europe Next Door” ofreció varios filmes sobre cómo la apertura y cierre de fronteras afecta a las historias personales de los habitantes de toda Europa, dejando sus vidas a merced de las políticas estatales y de organismos internacionales como la Unión Europea. Formaron parte de la muestra En enero quizás (Diogo Costa Amarante, 2009), Osadné (Marko Škop, 2009), o la escalofriante Welcome Europa (Bruno Ulmer, 2006) que representa el tema de la prostitución masculina de aquellos que emigran a ciudades como Amsterdam o París. Además de la ineludible Europe Next Door/Evropa Preko Plota (2005), otro de los últimos éxitos de Želimir Žilnik en el circuito internacional de festivales.

El debate sobre la liberalización del visado para los habitantes de Kosovo complementó el ciclo, para plantear las cuestiones políticas que afectan a la libertad de movimiento más allá de sus fronteras frente al apenas declarado rechazo del Tribunal de la Haya frente a las demandas serbias de la ilegalidad de su independencia. Desde lo alto de la ciudad, ya llena de luces, Welcome Europa se proyecta sobre la muralla que vigila los tejados de Prizren. El inevitable anuncio del Ministerio de Cultura de Kosovo (patrocinador del evento) aparece una vez más antes de la proyección: jóvenes que pasean por la ciudad con globos gigantes y llegan a campo abierto donde unen las que resultan ser piezas de un puzzle gigante. La figura que forman no es otra coasa que el mapa de Kosovo. Pero el país de aire sube… se les escapa de las manos. Ellos y ellas, jóvenes, sonrientes, modernos/as y guapos/as tiran hacia abajo y ponen el mapa de su país sobre la tierra… y entonces, el eslogan final: “Kosovo. The Young Europeans”. Ante una recién legitimada independencia, el público no parece inmutarse ante tan alegre celebración, que bien podía funcionar como un anuncio de teléfonos móviles. Hoy en día una empresa de publicidad puede venderte cualquier cosa, al parecer, hasta un país. No puedo evitar pensar en la irónica mirada que marcó el surrealista y deconstructivo estilo propio del documental en Yugoslavia. El making off del anuncio hubiera sido un gran documental.

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(1) Kosovo declaró de modo unilateral su independencia de Serbia en 2008. Ha sido aceptado como estado independiente por la Unión Europea y Estados Unidos pero no reconocido por otros países entre ellos  miembros de la Unión Europea (España, Grecia) y otros países como Rusia, China, India, Brasil o Argentina. Una semana antes del comienzo de este festival el Tribunal de la Haya afirmó que la declaración de independencia de Kosovo no violaba el derecho internacional.

Este trabajo ha sido realizado gracias a la beca del Programa de Formación de Investigadores del Departamento de Educación, Universidades e Investigación del Gobierno Vasco.

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