Rocío

Este documental de Fernando Ruiz Vergara ha pasado a la historia como la primera película secuestrada judicialmente en España tras la derogación de la censura cinematográfica en 1977. A día de hoy, continúa censurada por la sentencia vigente del Tribunal Supremo de 1984 que condenaba a su autor por delitos de injurias a la figura de José Mª Reales, fundador de la Hermandad del Rocío de Jerez, a quien la película apuntaba como cabecilla de la brutal represión en el pueblo durante la guerra civil.


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Rocio de Fernado Ruiz VergaraRocío es una película cercenada, desaparecida y olvidada. Un retrato combativo y desmitificador de la famosa romería onubense, firmado por Fernando Ruiz Vergara como realizador y por Ana Vila como productora y guionista, que ha pasado a la historia como la primera película secuestrada judicialmente en España tras la derogación de la censura cinematográfica en 1977. A día de hoy, continúa censurada por la sentencia vigente del Tribunal Supremo de 1984 que condenaba a su autor por delitos de injurias a la figura de José Mª Reales, fundador de la Hermandad del Rocío de Jerez, a quien la película apuntaba como cabecilla de la brutal represión en el pueblo durante la Guerra Civil.

Treinta años después de su estreno en 1980 estamos ante una película prácticamente inaccesible para el público tal y como Fernando Ruiz la concibiera originalmente. Entonces, ¿sobre qué película hablar cuando se trata de Rocío? Por mi parte, la primera vez que me topé con ella fue a través de Internet. La copia que circula en la red corresponde a la versión que TVE2 emitió en septiembre de 1990. En ella los fragmentos prohibidos han sido eliminados, pero no hay rastro alguno del tijeretazo, la película presenta un aparente aspecto de continuidad e indemnidad. La segunda ocasión pude ver Rocío como su realizador decidió que permaneciese una vez ejecutada la sentencia: los vacíos dejados por la censura daban paso a unas cartelas aclaratorias que, con la misma duración de los planos omitidos, informaban al espectador de la decisión judicial que explicaba la mutilación. La tercera y definitiva oportunidad vino de la mano del propio director, fue él quien me facilitó una copia sin amputaciones, salvada del naufragio de los tribunales. Si a ésta última le acompañó además el sentimiento privilegiado de asistir a lo inédito por prohibido, no obstante las tres versiones de Rocío se complementan mutuamente. Las tres llevan las muescas de su proceso. Cada una refleja un momento histórico de la película, dando detalles sobre la sociedad postfranquista en que nació y que la acogió para acabar sancionándola en tiempo récord. Mientras que la primera oculta, la segunda visibiliza y la tercera, la original, se reivindica a sí misma.

Rocío parte de una sólida voluntad de desmontar ideológica y formalmente los mecanismos que sostienen la que sigue siendo la peregrinación mariana más multitudinaria de la península ibérica. Un proyecto que Ruiz Vergara lleva a cabo desvelando las argucias propagandísticas del poder político y clerical bajo una propuesta formal fragmentaria. En una secuencia memorable la figura de una Virgen se ve despojada poco a poco de sus atributos para terminar mostrando la verdad más oculta por la Iglesia, la intencionada y secreta mutilación de las tallas destinadas sólo a dar cuerpo al lujo de las vestimentas barrocas. En otro de los momentos más valiosos se pone rostro y nombre por primera vez a cada uno de los cien asesinados durante la guerra en Almonte en una letanía que da cuenta de aquel primer y fulminante año de aniquilamiento. Rocío se convierte así en documento y fuente al mismo tiempo, y en la película pionera de la recuperación de la memoria histórica en Andalucía, doblemente valiente por alzarse tras cuarenta años de silencio forzoso.

Rocío es tosca e intuitiva, y su cierto desequilibrio estructural no anula su voluntad estética. Más bien al contrario, no renuncia a la poderosa atracción de las imágenes que genera la romería (las seguimos viendo en las retransmisiones televisivas: una masa portando la figura, niños sobrevolando la multitud…) sin caer en la fascinación hipnótica, tantas veces proyectada, que encierra el fenómeno. Si algo define a Rocío es justamente su carnalidad, su transparencia, dirigida sin tapujos a confirmar su tesis: recoger una visión laica de la romería. La película y su director encarnan una rara avis, una voz discordante con la imagen oficial de Andalucía que aún hoy, a tres décadas vista, sigue resultando abrumadora y sintomáticamente residual en las pantallas cinematográficas y televisivas. Dos años antes, en 1978, el malagueño Carlos Taillefer había hecho lo suyo con el mediometraje documental Por la gracia de Dios, una incómoda y también olvidada radiografía de la Semana Santa de Málaga con las costuras del triángulo iglesia-poder-ejército al descubierto. Dos excepciones alejadas de cualquier tentación de autocomplacencia.

Una de las críticas más frecuentes a Rocío en la prensa conservadora del momento la tildaba de “panfletaria”, pero lo cierto es que este documental es el audaz resultado de la búsqueda de su autor de una justicia concreta, sin tibiezas, desde una postura militante. Más allá del carácter expositivo de su narración, Rocío es un ejercicio de reivindicación desde el “yo” más absoluto, el de Fernando Ruiz Vergara señalando su forma de estar en el mundo. Treinta años después, prohibida aún su exhibición pública y a sabiendas de que sigue nadando a contracorriente, no queda sino tratar de amplificar la potencia de esta necesaria voz discordante.

FICHA TÉCNICA
Dirección: Fernando Ruiz Vergara
Guión: Ana Vila
Fotografía: Victor Estevao
Montaje: Fernando Ruiz Vergara
Música: Salvador Tavora
Producción: Tangana Films
Año y país de producción: España, 1980.

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