Eldorado XXI

La realizadora y artista Salomé Lamas presentó en el pasado festival de Berlin su nuevo largometraje EldoradoXXI, un documental que muestra las duras condiciones laborales en minas de oro de los Andes peruanos. La arriesgada apuesta estética de la directora en determinadas partes del film, como un plano de una hora de duración, contrasta con las impresiones superficiales de una realidad que le es ajena.


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El Dorado fue un lugar mítico durante el período colonial español, una ciudad perdida supuestamente edificada sobre oro, una leyenda que se extendía por Europa y que servía para justificar los atropellos que cometieron exploradores y conquistadores durante más de dos siglos en Bolivia y Perú. Esa ciudad mítica, símbolo de los delirios del colonialismo, sirve de metáfora a Salomé Lamas (Terra de ninguém, 2012) para su viaje a una ciudad real, un espacio en el que sí que abunda el oro y en el que otros conquistadores han vuelto a desarrollar formas de explotación para beneficio propio.

Eldorado XXI narra las duras condiciones de vida que se dan en los Andes peruanos, concretamente en La Rinconada y Cerro Lunar, a 5.100 metros sobre el nivel del mar. Parecen ser los asentamientos humanos más altos del mundo y en ellos viven casi 80.000 personas, todas ellas hacinadas en viviendas semejantes a barracones insalubres; familias con recursos básicos que, para subsistir, recurren a la agricultura y a un trabajo en condiciones extremas en una mina de oro.

La película, después de unos planos generales del asentamiento, está gobernada por un largo plano general de casi una hora de duración. Es un plano picado en el cual vemos una infinita hilera de trabajadores atravesando un cerro. El tiempo va pasando, la noche cae y los trabajadores mantienen la misma cadencia en su paso por el desfiladero. Este plano, a ratos hipnótico y envolvente, se sostiene con los relatos que oímos a través de entrevistas hechas en el lugar y por grabaciones de la radio peruana, mediante la cual se cuelan más entrevistas, confesiones, leyendas… Estamos ante un retrato en off, en el cual tiene una importancia capital la palabra y la transmisión oral.

Pero la apuesta arriesgada de fijar un único plano para tantas historias se resiente, se agota con el paso de los minutos. Se antoja complicado hacer un retrato múltiple de una región mediante una solución formal tan extrema como es la de documentar todo a través de un solo plano. Aún así, el audio seleccionado acompaña en ciertos fragmentos y visibiliza la realidad de esta comunidad, gracias a relatos gráficos que documentan la explotación laboral en Perú. También surgen otros temas arraigados en la sociedad peruana, como el machismo, la diferencia de clases o el racismo. La radio aquí aparece como un espacio de denuncia, de diálogo, un foco de evasión de esa dura realidad que este plano con trabajadores solo puntea en ocasiones.

La segunda parte de la película se torna más convencional. La mirada se vuelve distante (en realidad, nunca dejó de serlo) y los planos de estos lugares se ven como meros ejercicios de observación, como si fueran unos apuntes previos de un realizador ante un filme posterior. Sí que es cierto que se adentra en algunos hogares y recoge modos de vida que no dejan de ser métodos de supervivencia, pero la mirada de Lamas se construye a través de una contemplación excesivamente retirada y lejana; impresiones superficiales de una realidad que le es ajena y a la que parece que no quiere o no puede penetrar. No vemos una voz personal, ni siquiera una mirada de turista que choque con otro mundo, lo que hace que incluso los defectos de la primera parte queden mitigados.

El díptico de la película queda, por tanto, desequilibrado. Tenemos una propuesta pretendidamente arriesgada, que supera el envite gracias a las dudas que surgen de su radicalidad, frente a otra más previsible y plana, una vertiente sobreexplotada en el cine documental contemporáneo.

FICHA TÉCNICA
Dirección: Salomé Lamas
Dirección de fotografía: Luis Armando Arteaga
Sonido: Bruno Moreira
Montaje: Telmo Churro
Postproducción de sonido: Miguel Martins, Fred Bielle
Música: João Lobo, Norberto Lobo
Dirección de producción: Raquel da Silva
Producido por: O som e a Fúria, Shellac Sud
Productores: Luis Urbano, Sandro Aguilar
País y año de producción: Portugal, Francia, 2016

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