25º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata

Tal vez esta edición “de Plata” ofrezca una de las programaciones más sólidas desde la recuperación del festival en el año 1996, sin soslayar por ello el criterio de diversidad y eclecticidad que lo han caracterizado. Nueve jornadas, 314 films entre largometrajes y cortos, tanto en secciones competitivas como no competitivas y cerca de 80.000 espectadores.


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Apuntes sobre las ciudades del cine

Este año la edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata cumple su cuarto de siglo y lo celebra resignificando el viejo modelo de festival – bastión de un modelo de representación cinematográfica acechado por las nuevas tecnologías digitales – actualizándoloen consonancia con los tiempos actuales, luchando  pertinazmente en el intento de (poder) recuperar para la exhibición local una selección de obras que componen un fresco de la cinematografía mundial y que a pesar de lo visiblemente acotado de su presupuesto, decide en un plausible gesto mantener estándares de calidad y atraer masiva concurrencia de espectadores a las salas, aunque ello le signifique escoger mayoritariamente films provenientes del territorio de la ficción ya proba en otros Festivales Internacionales, en desmedro para con la producción Latinoamericana.

Tal vez esta edición “de Plata” como ha querido denominar su director al evento, ofrezca una de las programaciones más sólidas desde la recuperación del festival en el año 1996, sin soslayar por ello el criterio de diversidad y eclecticidad que lo han caracterizado. Nueve jornadas, 314 films entre largometrajes y cortos, tanto en secciones competitivas como no competitivas, cerca de 80.000 espectadores; siendo los países con mayor cantidad de filmes Argentina, Estados Unidos y España. Amén de estas cifras debiéramos también advertir que en procura de esa cohesión, de lograr una instancia superadora de una edición 2009 errática y despareja, se peque ahondando la incipiente brecha abierta en el festival anterior, es decir, merced a la posibilidad obtenida por parte de la FIAPF de eliminar la cláusula por la cual no podían participar en las competencias filmes que ya habían concurrido en otros festivales clase A, hay una tentación de caer en la selección de títulos previamente testeados y premiados en las factorías de los festivales europeos de mayor envergadura (Cannes, Berlín, Venecia, Locarno, San Sebastián, etc.).

Atravesados por la idea de Marshall Mc Luhan donde “una película es como una ciudad fantasma poblada de falsas apariencias”, emprendemos un recorrido fantasmático por unas (posibles) ciudades del cine, cruzadas por cercanías, suburbios, periferias; en un vano intento por trazar un mapa preciso de su ubicación, cartografía aleatoria y vaso comunicante entre las múltiples posibilidades de recorrerlas, de realizar pasajes e intercambios en la geografía visual que tiende a la necesidad de construir un lenguaje para nombrarlas.

Las ciudades (del cine) y la memoria

Baste recordar que el primer Festival tuvo lugar durante la presidencia del General Juan D. Perón, en 1954. Se trataba de un evento no competitivo, una muestra que asumiría la cinematografía en su calidad de “espectáculo”, de allí la notable presencia de las estrellas de Hollywood. La segunda edición se realiza impulsada por la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina en 1959, obteniendo el reconocimiento como competitivo por la FIAPF. El festival en los años sesenta intentara favorecer la expresión cultural y establecer un marco de debate e intercambio con otras cinematografías, permitiendo la difusión del cine argentino y el conocimiento de obras de escasa o nula distribución en el mercado nacional. El INC (Instituto Nacional de Cinematografía) asume la presidencia del evento en sus ediciones décima y undécima (1968 y 1970).

Durante el gobierno militar de facto (1976-1983) el Festival fue relegado finalizando su derrotero en 1971. En varias ocasiones se intentó reinstalarlo, pero motivaciones de índole económica o política hicieron que por 25 años este evento del cine no se llevara a cabo. El 7 de Noviembre de 1996, después de superar el intervalo más largo de su historia, comenzó la 12° edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata que se extiende hasta la actualidad.

Las ciudades (del cine) y los signos

El cine argentino se vio representado por un puñado de obras dispares y disimiles entre sí. Un logrado homenaje al western y los gauchos concita Aballay, el hombre sin miedo de Fernando Spinner, basada libremente en un cuento del escritor Antonio Di Benedetto donde se recrean los tópicos clásicos del western pero adaptados a la geografía local y la gauchesca, urdiendo una trama donde se entrecruzan superstición, tradición, folklore y venganza, en una mixtura de géneros y homenajes varios (John Ford, Leonardo Favio, Glauber Rocha). Arrieros de Juan Baldana, es un documental de observación-etnográfico que continua la línea trazada en su primer trabajo Soy Huao (2009) donde el director registra sin intromisión la dureza y crueldad de la vida cotidiana de unos arrieros chilenos guarecidos en precarias chozas en el medio de la cordillera de Los Andes, el film cuenta con un muy buen trabajo de montaje aunque cierto tono monocorde conspire contra la integridad de la obra. AU3 (Autopista Central) de Alejandro Hartman torna visible los efectos de la inconclusa construcción durante la dictadura militar de la autopista aludida en el titulo que atraviesa la ciudad de Buenos Aires. Un sólido trabajo que devela la pesada herencia y el entramado de negocios inmobiliarios e impericia oficial en un mundo de marginalidad y pobreza que se ampara y busca refugio bajo estas construcciones. La palabra empeñada de Juan Pablo Ruiz y Martin Masetti es un film homenaje, coral, que con un gran trabajo de investigación y abundante material de archivo intenta abordar los últimos años en  la vida del periodista argentino Jorge Ricardo Masetti (1929-1964), fundador de la agencia de noticias latinoamericana Prensa Latina y testigo privilegiado del nacimiento de la revolución cubana en sus entrañas mismas, con entrevistas en el año 1958 a Fidel Castro y el Che Guevara en la Sierra Maestra. En el documental los testimonios recorren e intentan ayudar a comprender la figura de Masetti, su compromiso revolucionario y su misteriosa desaparición en los montes de la provincia de Salta al encabezar la avanzada de la guerrilla Guevarista en la Argentina. También resulta un cálido homenaje el efectuado al fallecido realizador Nicolás Sarquís (programador en los años noventa de la mítica sección Contracampo de este festival) con la exhibición de un filme de culto en 16 mm. La muerte de Sebastian Arache y su pobre entierro (1972/77), viaje iniciático por ceremonias, rituales ancestrales y parajes inhóspitos del norte argentino que experimenta libre y anárquicamente con el lenguaje cinematográfico, imágenes que abrevan en Rocha y Pasolini; como lo expresara el propio realizador al diario El País en una entrevista del año 1977: “En mi película me planteo dos cosas concretas: encontrar una forma expresiva y una temática que me permita alcanzar una realidad más vasta y trascendente. En cierto modo quisiera acercarme a esa concepción que tan bien definiera el escritor paraguayo Roa Bastos, refiriéndose a la literatura: «lo real mítico», lo mítico en oposición a lo maravilloso porque esto último está ligado casi siempre a la noción de lo insólito, a ese aspecto de extrañamiento que se instala momentáneamente en lo cotidiano latinoamericano”.

El filme peruano La vigilia de Augusto Tamayo intenta confrontar dos mundos en apariencia antagónicos – el de un intelectual burgués y una joven marginal que ingresa en su hogar- para intentar construir posibles contigüidades de clases en apariencia contrapuestas y echar un vistazo a los vericuetos sociales que presenta la Lima contemporánea.

El cine español con 44 títulos aporto un corpus de obras fundamentales al cauce fílmico del festival. De la relación entre el cine y el retrato de la marginalidad infantil en el Tánger actual que propone Todos vós sodes capitáns de Oliver Laxe, pasando por La noche que no acaba monumental trabajo de archivo de Isaki Lacuesta sobre la relación de Ava Gardner con España, hasta el maravilloso registro que hace José Luis Guerín de la otredad en la bitácora de viaje de un cineasta por aprehender el mundo y las imágenes devenidas de él en Guest; sin desdeñar por ello las apropiaciones y revisiones cinéfilas en la inclasificabilidad que proponen los trabajos del Colectivo Los Hijos para culminar en el gozoso descubrimiento que produjo la presentación de la retrospectiva de las obras completas de Lluís Escartin e Iván Zulueta.

Las ciudades (del cine) y el deseo

Mientras en las diversas salas los espectadores cumplían con el ritual que intenta congelar en el frame la representación de un mundo y una sociedad que ya no existe más como tal, que ha permutado, el catedrático y jurado de la competencia internacional Román Gubern nos advertía que “En el cine tradicional el espectador está en su butaca pasivamente, gozando de un espectáculo ajeno, pero en la realidad virtual cada uno entra en el ciberespacio a vivir entre comillas una aventura ignota en un espacio tridimensional virtual. Y aquí interviene la tiranía del hipertexto: un espectador va para un lado, yo voy para otro, ya no compartiremos una experiencia común”. “Esa misa maravillosa que es el cine, donde estamos todos juntos compartiendo esa comunión mística de la imagen en la pantalla se disuelve”, el espectador dejará esa condición para convertirse en espectador-operador-actor, “ya no sólo espectador”. (charla “De la hipótesis del lago a la imagen digital. Cine y memoria”).

En este territorio en el que la disolución de la imagen parece devenir inevitable, es donde el festival se asemeja al personaje de Kublai Kan, el emperador de los tártaros en el libro Las ciudades invisibles de Italo Calvino. Allí el Gran Kan gobierna sus vastos dominios basándose en la información que le proveen sus mensajeros, pero sólo puede hacerse una confusa idea del estado actual [del cine] de sus feudos. No sabe con certeza si su imperio se desintegra o reluce en todo su esplendor.

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