Morir de día

Los estragos que causó la heroína sigue siendo un tema por el que se pasa de puntillas en las crónicas sobre los años setenta y ochenta en nuestro país. A partir de un proyecto de Joaquim Jordà, Laia Manresa y Sergi Dies le dan la vuelta a esa tendencia y vuelven la mirada hacia la contracultura de la transición a partir de cuatro de sus protagonistas, que fallecieron por el camino a causa del caballo.


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En las imágenes finales de Morir de día, Laia Manresa y Sergi Dies recuperan unas declaraciones de Joaquim Jordà de 2006, poco antes de su muerte, en que anunciaba un próximo proyecto cinematográfico sobre la entrada de la heroína en la Barcelona de los años ochenta y las víctimas que causó, incrementadas con la posterior llegada del SIDA. El material de archivo sirve a los realizadores para acreditar de forma explícita el origen de su película. Éste era uno de los muchos trabajos que tenía Jordà sobre la mesa cuando falleció. Laia Manresa, coguionista habitual del cineasta y autora de su biografía en papel Joaquim Jordà. La mirada lliure, y Sergi Dies, montador de De nens (2003), aparecen, por su estrecha vinculación con el autor de Mones com la Becky (1999), como dos personas más que adecuadas para retomarlo. Aunque los dos han evitado convertirse en meros discípulos-sustitutos del maestro fallecido que, siguiendo sus indicaciones, se dedican a poner en imágenes aquello que él no pudo. Manresa y Dies se han apropiado del proyecto sin renunciar a su perspectiva personal, que sin duda dota al film de una personalidad diferente de la que hubiera tenido en manos de Jordà. Pertenecientes a una generación posterior a la de los protagonistas de los hechos, los dos directores pueden observar la época con la suficiente y necesaria distancia (aquí no hay lugar para la mirada acrítica y retrógrada de la nostalgia), pero también con la apertura mental necesaria como para no caer en el discurso propio de los anuncios de la Fundación de Ayuda contra la Drogradicción.

Morir de día se construye a partir del recuerdo de cuatro personas desaparecidas a causa de la heroína: Juanjo Voltas (1960-1991), pequeño genio del dibujo y la escritura, que pasó de escribir sus pesadillas a describir sus experiencias con las drogas y cuyo talento se vio frustrado por la institución escolar; Pau Maragall (1948-1994), nieto del poeta Joan Maragall y hermano del que fue alcalde de Barcelona y presidente de la Generalitat de Catalunya Pasqual Maragall, que con el pseudónimo Pau Malvido se convirtió en uno de los cronistas más impecables y lúcidos del underground en Barcelona en sus artículos Nosotros los malditos publicados en la revista Star, con sus, por ejemplo, reivindicaciones del LSD (“esa amplitud de la conciencia que produce (…) es como un traje muy grande para circular por un mundo muy estrecho”) y practicante de un periodismo social que se hizo eco de las luchas vecinales tan importantes en esos momentos a través de los trabajos del colectivo Video-Nou; Mercè Pastor (1949-1995), esposa de Pau Riba, madre de los dos integrantes masculinos del grupo musical Pastora y compañera irredenta en su asunción vital de las posturas contraculturales, desde la vida en una comuna hasta el retiro en Formentera; y Pepe Sales (1954-1994), sobrino del gran escritor y editor catalán Joan Sales, pintor, poeta, músico cofundador del grupo Bocanegra (Albert Pla lo recuperó/reivindicó en sus fantásticas Cançons d’amor i droga), gay militante y hombre de una fotogenia arrolladora.

Estos cuatro nombres no están escogidos al azar. El principal vínculo entre ellos es el propio Jordà, que realiza diversos viajes a Formentera, uno de los destinos más habituales de los hippies catalanes, donde filmó material recuperado en parte por la película (el cortometraje La verge de Formentor), además de mantener correspondencia desde Roma con Pau Riba y Mercè Pastor. Los cuatro, además, se alejan sociológicamente de esa imagen más tópica de una Barcelona quinqui y yonqui, marginal y periférica, que empieza a hacerse habitual ya entrados los ochenta. Pertenecían a familias de la mediana o alta burguesía catalana y, en parte a causa de ello, formaron parte activa de las formas de vida contraculturales de finales de los setenta y principios de los ochenta. La aparición de la heroína se vio, en este caso, como una nueva opción a añadir a aquellas drogas legales o ilegales que se consumían de forma consciente y militante. Se tardó poco tiempo en descubrir que el caballo provocaba unos estragos que no producían ni la marihuana ni los ácidos, pero ya era demasiado tarde. Manresa y Dies acotan esta época con dos imágenes musicales de Barcelona totalmente opuestas que abren y cierran respectivamente el film: la Ciutat podrida que cantaban La Banda Trapera del Río en las Jornadas Libertarias celebradas en el Park Güell en 1977, momento álgido de la contracultura, y la foto kitsch de Montserrat Caballé y Freddie Mercury proclamando la Barcelona olímpica de 1992. Entre medio, imágenes de la presentación en directo del disco Dioptria de Pau Riba como ejemplo de “primer concierto multitudinario narcótico”.

Como buena parte del cine de Joaquim Jordà, Morir de día aparca las ambiciones más artísticas o experimentales para practicar un documental del testimonio y la memoria donde el debate público sobre la heroína se entrelaza con el recuerdo íntimo de los desaparecidos, rompiendo ese maldito tabú, practicado tanto por detractores como defensores de la droga, que impide hablar en voz alta sobre ella relacionándola con muertos con nombres y apellidos. La memoria como ejercicio al mismo tiempo particular y colectivo. La memoria como algo frágil y huidizo: esas vivencias, de las que habla el hijo de Joaquim Jordà, demasiado verdes en la memoria para que hayan tomado forma y que van dibujándose cuando lee los textos de su padre. Porque el recuerdo lo ponen en práctica familiares directos del cuarteto protagonista y del propio Jordà (excepto en el caso de Pau Maragall, cuyos parientes rehusaron participar en el film ), y algunos de sus amigos más íntimos, como Lulú Martorell, una de las personas más cercanas a Pepe Sales a quien dedicó el documental Pobres pobres, que els donguin pel cul (2007), codirigido con Albert Pla. Además de las remembranzas ajenas, también se recuperan artículos, pinturas, poemas, diarios íntimos, canciones y vídeos firmados por Maragall, Pastor, Sales y Voltas. Los realizadores dan voz a los textos a través de sus familiares, amigos y conocidos, reforzando esa idea de vínculo memorístico. Los encargados del debate, especialistas como el periodista de La Vanguardia Eugenio Madueño, el historiador Joan Carles Usó, el científico Joan Senent-Josa, el activista Canti Casanovas o el pintor y marionetista Luis Fellini…, muchos de ellos supervivientes de la heroína, se encargan de poner temas sobre la mesa: la cronología de la heroína en nuestro país, la experiencia propia, la legalización, drogas de farmacia vs. drogas clandestinas, adicción vs. vocación, lo positivo y lo negativo de las terapias de desintoxicación… Hasta los créditos no aparece un debate entre expertos “externos” al consumo que sin embargo aportan algunos de los datos más interesantes y clarificadores (todo el asunto de la ausencia de una “política de reducción de daños”, por ejemplo), hechos comprobables más allá de militancias, sospechas que no se pueden corroborar (qué sucedía con El Patriarca) y teorías más o menos conspirativas.

Justo antes, los directores unifican de una forma un tanto forzada las voces de todos los protagonistas al sobreponer su recito del poema de Vicente Aleixandre que da nombre a la película, Sólo morir de día. Esta ceremonia de la confusión también afecta por momentos la percepción general de la película: por momentos parece que se apuntan demasiados temas y se profundiza en demasiado pocos, algunos testimonios resultan mucho más interesantes que otros, algunos personajes, en cambio, parecen desaprovechados. Las maniobras para mantener equilibrados el peso de los cuatro protagonistas, y entrelazados el debate público y el recuerdo íntimo no siempre funcionan. Los mejores momentos los ofrecen los familiares que hablan desde una emotiva naturalidad, como los padres de Juanjo Voltas, o aquellos instantes en que un testimonio escrito cobra una fuerza extraordinaria, como sucede con el diario de Mercè Pastor. Pero quizá a Dies y Manresa ya les interesaba dejar cierta impresión de película-esbozo, de que Morir de día no deja de ser ese proyecto inacabado que Joaquim Jordà nunca llegó a firmar…

FICHA TÉCNICA
Dirección: Laia Manresa, Sergi Dies
Guión: Laia Manresa
Fotografía: Carles Gusi
Montaje: Sergi Dies
Sonido: Dani Fontrodona, Ricard Casals
Jefe de producción: Laia Manresa
Producción ejecutiva: Marta Andreu, Daria Esteva
Productoras: Únicamente Severo, Estudi Playtime
Coproducción: Televisió de Catalunya, Virreina Centre de la Imatge – Institut Cultura Ajuntament de Barcelona
Año y país de producción: España, 2010.

Un Comentario

  1. Fellini 27/05/2013 | Permalink

    He visto varias versiones, la última en c.33 y he visto como ha ido ganando en textura. El S8, el cine BN co grano, TV, las entrevistas digitales; Collage que avanza, sin dramática, pero sin linealidad. Hasta los créditos sigue aportando información. Muy bien Laia y compañía.

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