Frantz Fanon, memoria de asilo

La historia cambia y los documentales cambian con ella. Y a veces, sólo a veces, un documental es también el inicio del cambio: el que promueve una nueva perspectiva capaz de abrir sendas fructíferas para la historia. A juzgar por la nueva ola de películas sobre Frantz Fanon en este nuevo siglo, la película de Abdenour Zahzah y Bachir Ridouh es pionera indiscutible de esa nueva mirada a un viejo revolucionario.


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Frantz Fanon, mémoire d'asile de Abdenour Zahzah y Bachir Ridouh

FRANTZ FANON, A VUELTAS CON LA HISTORIA

Uno de los campos privilegiados por el documental ha sido la representación de la historia reciente: la historia no contada, la historia negada, la historia de lo que antes no parecía ni siquiera merecerla, o la historia que cambia con el tiempo.

La película Frantz Fanon, memoria de asilo (Frantz Fanon, mémoire d’asile, 2002) de Abdenour Zahzah y Bachir Ridouh pertenece a este último grupo, aunque –a su vez— es parte integrante de ese nuevo material que la historia debe tener en cuenta: el origen del cambio y el retrato de lo que ha cambiado.

Frantz Fanon tiene un lugar en la historia de la descolonización, como teórico y revolucionario. Su vida –desde su participación en la Segunda Guerra Mundial hasta el papel central que jugó en la revolución argelina— ha sido contada muchas veces (y por gente que le admiraba). En parte, porque estaba siendo olvidado. Fanon murió de leucemia pocos meses antes del triunfo de la revolución argelina. Luego, todo era urgente, las tareas se acumulaban y el olvido fue apoderándose de los muertos. Por supuesto, Fanon era un intelectual comprometido con la revolución del tercer mundo. Y como tal fue homenajeado por las nuevas autoridades argelinas: calles a su nombre, algunas estatuas, etcétera.

Varias generaciones de revolucionarios –con y sin revolución— leyeron a Frantz Fanon, en particular el libro que salió de imprenta el mismo día que Fanon fallecía: Los condenados de la tierra. Bajo el verso de La Internacional, el libro era un lúcido análisis de cómo la lucha contra el colonialismo podía convertirse en un nuevo colonialismo, y un análisis pormenorizado del papel de la violencia entre los oprimidos. Eran los años sesenta. Luego vinieron los setenta y los ochenta. Argelia ya no era el país que había sido; y el tercer mundo tampoco: era peor (y ya no tenía confianza en sus propias fuerzas). Fanon comenzó a ser el recuerdo de otra época.

Pero hacia finales de los años noventa, algo cambió. Cuando nadie leía ya al Fanon revolucionario, empezó a leerse con interés otro Fanon: el de su tesis doctoral, Piel negra, máscaras blancas (1951), el Fanon psiquiatra. Un Fanon que no seguía la psiquiatría establecida, sino que indagaba nuevos métodos para la práctica clínica. Pero, sobre todo, un Fanon que mostraba a sus hermanos negros la fuente de sus miserias y proponía la liberación económica y política como único medio de salir de ellas. Este Fanon psiquiatra ha cuajado entre las nuevas generaciones de jóvenes de origen inmigrante (pero nacidas ya en las metrópolis). A principio del nuevo siglo, en las manifestaciones de jóvenes de la segunda generación de inmigrantes, se volvieron a ver carteles con el rostro de Frantz Fanon. El revolucionario que éstos reclamaban no era tanto el teorizador de la revolución argelina, sino el médico que rehabilitaba a quienes otros sencillamente condenaban.

En el marco de este cambio de acento al hablar de Fanon, está también el análisis de su trabajo como director jefe del hospital de Blida-Joinville, en las afueras de Argel (entre 1953 y 1956). Éste es precisamente el período que privilegia el documental Frantz Fanon, memoria de asilo que programó la IV Muestra de Cine Árabe y del Mediterráneo en diciembre de 2010, en su panorama del cine argelino. Este documental ha circulado ampliamente por Francia y forma parte de este resurgir de una nueva imagen de Fanon.

Porque el Fanon que aparece como director de Blida es tan revolucionario como el que se adhiere al Frente de Liberación Nacional (FLN). Más aún: es insólitamente vanguardista en los cambios de conducta psiquiátrica. Estamos hablando de 1953, no de entrados los años sesenta o incluso de los setenta, como señala muy bien François Maspero en la película. Los teóricos contra la reclusión mental o los abanderados de la nueva psiquiatría no habían escrito nada todavía. Y en esa nada dominante aparece la reforma de Blida: la valoración de los enfermeros argelinos (que fueron equiparados al personal médico), la desaparición radical de los electroshock, la promoción del deporte entre los enfermos, la introducción de la música y el trabajo como terapias, etcétera. Quizá fuera poco, pero nadie lo había hecho nunca.

El documental es un híbrido. Trata tanto de ofrecer una imagen sucinta del revolucionario político, como de explayarse con cierto detenimiento en la figura del innovador de la psiquiatría. La primera parte, más conocida, la confía a la voz fuera de campo y a las imágenes de archivo (no exentas de interés: la Argelia de antes de la revolución y, sobre todo, los argelinos de aquella época). El Fanon psiquiatra –el tema de la película— se resuelve por vía de entrevistas: enfermos ancianos que todavía le recuerdan, enfermeros que cuentan la impresión que les causó un médico que cambiando pequeñas cosas, sobre todo cambiaba la visión del enfermo. Entre las entrevistas, imágenes de Blida-Joinville en la actualidad que dan la impresión punzante de que la reforma se paró hace mucho tiempo. La conclusión también está confiada a algunas personalidades, entre ellas, Maspero, amigo y editor de los textos políticos de Fanon.

Las valoraciones despectivas con respecto a la factura formal —algo que a Abdenour Zahzah no le preocupa demasiado: el valor de la película no reside allí— pierden de vista el peso que este documental ha tenido en la nueva lectura de la historia. Frantz Fanon, memoria de asilo está fechado. También los documentales llevan la fecha del tiempo inscrita en sus imágenes. Ayer ¿se sabía lo que hizo Fanon antes de dedicarse a la política? A grandes rasgos, sí. Pero no se valoraba. O no se valoraba lo suficiente. O, en cualquier caso, los lectores de Fanon –y sobre Fanon— no le prestábamos demasiada atención.

Tuvo que pasar el vendaval feminista para que aprendiéramos que lo personal es político. Hubo que pasar por la constatación colectiva de que las condiciones de reclusión y de asilo eran tremendamente injustas y totalmente inhumanas. Y tuvo que haber, además, una generación de hijos de inmigrantes que no acertaban a saber el por qué del malestar que oprimía sus vidas.

La historia cambia y los documentales cambian con ella. Y a veces –sólo a veces— un documental es también el inicio del cambio: el que promueve una nueva perspectiva capaz de abrir sendas fructíferas para la historia. A juzgar por la nueva ola de películas sobre Frantz Fanon en este nuevo siglo, la película de Abdenour Zahzah (y Bachir Ridouh) es pionera indiscutible de esa nueva mirada a un viejo revolucionario, muerto hace casi medio siglo.

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FICHA TÉCNICA:
Dirección: Abdenour Zahzah, Bachir Ridouh
Guión: Abdenour Zahzah, Bachir Ridouh
Dir. de fotografía: Miguel Vasiliskis, Bachir Sellami
Sonido: Farid Kortbi, Carole Sainsard
Montaje: Abdenour Zahzah, Redouane Guetas
Música: Sid-Ahmed Debonno, Reda Thabti
Producción: Abdenour Zahzah, Bachir Ridouh, Anwar Cinéma
País y año de producción: Argelia, 2002.

Frantz Fanon, memoria de asilo fue proyectada en la IV Mostra de Cinema Àrab i Mediterrani celebrada este mes de diciembre en Sant Feliu de Llobregat.

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