Avi Mograbi. Los refugiados y el Teatro del Oprimido

El realizador Avi Mograbi consensúa en la película Between fences unos talleres con refugiados africanos que se encuentran encerrados en Israel. Son gente tímida, sin país, ni casa, alejados de sus familias, ciudadanos casi sin nombre, para los cuales el hecho de estar vivos es su principal reivindiación. Sabremos de su duro pasado, pero también de como han sido tratados por el país de acogida: sin derechos humanos y con un racismo sin sutilezas.


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Introducción. Israel y Palestina. Películas constantes

Israel es un país nacido de la complejidad. Sus premisas, su fundación y su desarrollo van ligadas a procesos históricos, sociales, políticos y militares ardúos y enrevesados. Cada uno de sus problemas visibles hoy en día es una madeja de tensiones forjada a lo largo de décadas, a menudo, con Palestina como fuerza de tensa oposición, pero ya de por sí tiene sus propios y enormes problemas de construcción internos. Narrarlos o encontrarles sentido es tarea habitual en aquellos que se preocupan de uno de los conflictos siempre abiertos en el planeta, del cual además dependen otros en Oriente Medio y que afectan al globo entero.

Israel, pero, no es un monolito. Su complejidad hace que, en función de la región, ciudad o pueblo haya conflictos con su propia singularidad, que pueden ser bastante distintos los unos a los otros. El cine documental es un terreno muy apropiado para abordar todo este tipo de temáticas enrededadas de nuestro presente. Cada año aparecen varios títulos documentales muy destacables que arrojan luz a la excepcionalidad de muchos de estos intrincados puntos. Por ejemplo, el reciente Freedom to kill the other’s children (David Varela, 2016) nos expone desde primera línea pasiones y sufrimientos de esa sociedad partida, a través de la liberación y recibimiento de un soldado israelí apresado que es intercambiado por 1.027 prisioneros palestinos. Otro documental reciente, Speed Sisters (Amber Fares, 2015) da una visión optimista, reflejándose en un grupo de mujeres de Cisjordania que se consagran a competir en las carreras de coches, en un mundo árabe donde en algunos países hasta está prohíbido que las mujeres conduzcan. This is my land… Hebron (Giulia Amati, Stephen Natanson, 2010) nos mostraba la más que difícil convivencia que se da en esta ciudad, entre semi vacía, violenta y militarizada. El realizador y artista Mich’ael Zupraner se instaló en Hebrón y creó The policeman’s house (2013), donde nos ofrecía una visión nueva, también dura aunque rompiendo estereotipos, sobre esta ciudad. La situación en Gaza, que es bastante distinta a la de Cisjordania, ha sido narrada con grandes dificultades en algunos filmes como To shoot an elephant (Alberto Arce, 2009), bajo una operación bélica de Israel que causó miles de víctimas, o Striplife. A day in Gaza (2013), film coral de realizadores italianos (N. Grignani, A. Mussolini, L. Scaffidi, V. Testagrossa, A. Zambelli), excelente registro de la especial vida en ese territorio a modo de sinfonía urbana. A World Not Ours (Mahdi Fleifel, 2012) recorría a lo largo de los años la vida de los refugiados palestinos en el Líbano y su dramática imposibilidad de construir un futuro. Les chebabs de Yarmouk (Axel Salvatori-Sinz, 2013) dejaba constancia de un grupo de jóvenes palestinos, tercera generación que crecía en campos de refugiados, en este caso en Siria. Videomappings: Aida, Palestine (Till Roeskens, 2009) también ilustraba las vicisitudes de los refugiados, a través de sus propios dibujos. Fix me (Raed Andoni, 2009) indagaba en la psicología interna de los palestinos y el artista Roee Rosen hacía algo similar en la inolvidable sadomasoquista Tse (2010). Uno de los cineastas de documental más reconocidos, Eyal Sivan, acostumbra a tender puentes hacia el pasado para analizar la región (Jaffa, the orange’s clockwork, 2009) así como también lo hizo la muy creativa Vals con Bashir (Ari Folman, 2010), mezclando documental y animación. Entre varias otras películas reseñables solo de los últimos años, se podría hacer una programación desbordante solo con documentales filmados allí que hablasen de las probleméticas de Israel y de Palestina.

Avi Mograbi es uno de los nombres más destacados de esta posible lista. Por ser un excelente comunicador, por exponer de una manera original, desde una primera persona crítica, inteligente y humorística, varias de las cuestiones más peliagudas del estado de Israel. Su recorrido cinematográfico es hoy en día ya muy amplio, con siete largometrajes y varios cortos. Su último largometraje, Between fences, se estrenó en el pasado festival de Berlin 2016, es inédito en festivales españoles por ahora, pero podrá verse en la plataforma Filmin en pocas semanas. El realizador encuentra una nueva circustancia destacable dentro de Israel, una situación diferente a las expuestas anteriormente, que merece ser contada.

Between fences. Refugiados encarcelados

Israel ha recibido en los últimos años varios miles de refugiados procedentes de África. En el documental veremos refugiados de Eritrea que han huído de su país, una dictadura desde su independencia, gobierno despótico denunciado en 2015 por Naciones Unidas como “reinado del terror a través de abusos sistemáticos y extremos a la población que pueden constituir crímenes contra la humanidad” (1) y cuyos ciudadanos denuncian esclavismo y torturas al huir a otros países (2). También ciudadanos del Sudán, estado convulso con guerras internas activas y hambruna. Estos ciudadanos llegan huyendo a Israel, desamparados, a través de Egipto. Todos se arrepentirán de haberlo hecho, aunque tampoco tienen marcha atrás.

El documental empieza en Holot, un campo de internamiento en el desierto israelí, cerca de la frontera egipcia. Los enclaustrados explican al director desde el otro lado de la verja unas normas muy estrictas, como estar obligados a firmar tres veces al día bajo pena de prisión. El campo para los refugiados es, de facto, como una prisión. Estos ciudadanos africanos nos irán revelando todo lo que han sufrido en sus países y se encuentran que Israel, estado democrático en la teoría, apenas les auxilia y los reconoce como refugiados en la práctica. Básicamente, les detiene durante años. Después de pulular mucho tiempo en Israel, entrando y saliendo del campo de Holot, pasando por la cárcel, o con algunos meses de extraña libertad, la desesperación hace mella en estos seres humanos atrapados. Mograbi, junto con el director de teatro Chen Alon, propondrá para aquellos que quieran, practicar sesiones de teatro cerca del campo en una casa abandonada, con la técnica conocida como Teatro del Oprimido.

Sesión a sesión, donde el realizador también participa a la vez que hace de sonidista percha en mano, los pocos refugiados que se animan al taller irán encontrando un pequeño canal de liberación. A través de las palabras, el movimiento físico, de la representación de los sentimientos, y también de la cordialidad y simpatía de los israelíes participantes – que por primera vez no son vistos como un enemigo por los africanos-, irá emergiendo del grupo un efecto terapéutico. A esta gente tímida, sin país, ni casa, alejados de sus familias, ciudadanos casi sin nombre, solo les queda la vida. El hecho de estar vivos es su principal reivindiación. La posibilidad de expresarse y compartir todo su drama les devolverá por unos días parte de una dignidad imprescindible para todo ser humano.

A lo largo de las varias prácticas y juegos teatrales van surgiendo algunos de los dramas personales vividos, convirtiéndose esos momentos en relatos documentales. Mezclando sus idiomas de origen con el hebreo que en su estancia han aprendido, sabremos de su duro pasado, pero también de como Israel y parte de sus ciudadanos les han tratado: sin derechos humanos y con un racismo directo y sin sutilezas.

Mograbi irá participando y filmando los encuentros teatrales, que avanzan no sin dificultades, mientras el escándalo del campo de Holot va sufriendo variaciones políticas. Documental hecho con pocos medios, con escasas pretensiones cinematográficas, pero con la voluntad de señalar las situaciones que definen el funcionamiento de su país. La de estos refugiados africanos es, como comentábamos al inicio, una situación muy singular, dramática, rocambolesca, una más provocada por el complejo y escaso de democracia país de Israel.

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(1) Torture and Other Rights Abuses Are Widespread in Eritrea, U.N. says, New York Times, 8/6/2015.

(2) Hundreds of Eritreans enslaved in torture camps in Sudan and Egypt, The Guardian, 11/02/2014.

FICHA TÉCNICA:
Dirección: Avi Mograbi
Guión: Avi Mograbi
Director teatral: Chen Alon
Imagen: Philippe Bellaiche
Sonido: Avi Mograbi
Música: Noam Enbar
Producción: Avi Mograbi, Camille Laemle, Serge Lalou
Producido por: Les Films d’ici
País y año de producción: Israel, Francia, 2016

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