The Forgotten Space

Un filme ensayo que surge como estrategia de resistencia ante el proceso de deshumanización latente en el entramado histórico y económico sobre el que se estructuran las rutas marítimas.


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The Forgotten Space, N. Burch y A. Sekulla, 2010

El mar. Vastas extensiones de agua surcadas por marinos, viajeros, comerciantes y piratas a lo largo de los siglos. Territorio privilegiado de la imaginación pictórica y literaria, de los paisajistas holandeses a Stevenson, Gosse, Melville y Conrad; objeto de la mirada fascinada de la cámara en las películas de Peter Hutton, cuyo filme At Sea (2008) es sólo la expresión más reciente del amor por el mar sobre el que este cineasta ha construido su maravillosa filmografía. Ese lugar bíblico en el que Jonás fue devorado por un enorme cetáceo, el mítico piélago recorrido incansablemente por Ulises es hoy, según Noël Burch y Allan Sekula, un espacio olvidado por la mayoría de los mortales.

Durante siglos el carácter mítico y legendario del mar corrió en paralelo a su explotación y a la creación de rutas comerciales transoceánicas que sentaron las bases geográficas y topográficas para el desarrollo del capitalismo. Adoptando una posición distante respecto al mito y la leyenda, la película de Burch y Sekula es una suerte de tratado fílmico de vocación histórica, geopolítica y antropológica que rearticula la necesidad de recorrer un itinerario, el que siguen las mercancías en el mundo globalizado desde su manufactura hasta su integración en las redes de distribución para el consumo, con el fin de comprender algunas de las claves de la desigualdad y la pobreza que genera el capitalismo.

Y si calificamos la posición de los directores de “distante” no es meramente con la intención de lanzar un guiño a los lectores de la obra magna que Burch dedicó al cine japonés [1], sino porque el concepto de “distanciamiento brechtiano” es uno de los pilares sobre los que se articula la aproximación a la realidad de los directores, que adoptan una posición respecto al mundo y la ponen de manifiesto en la forma de abordar el tema de la película. Dicho distanciamiento debe ser entendido aquí como estrategia que rechaza el efecto de transparencia que busca el documental expositivo (con el fin de lograr la adhesión ideológica y/o emocional del espectador) pero sin renunciar a la finalidad didáctica que lo caracteriza. Desde este punto de vista, The Forgotten Space se concibe y se propone al espectador como film ensayo, una forma que privilegia la reflexión sobre un tema determinado a partir de materiales heterogéneos.

Con el relato (o el ensayo) y la voz de Allan Sekula como hilo conductor [2], The Forgotten Space integra largas secuencias rodadas en grandes núcleos de comercio marítimo (Amberes, Hong Kong o Los Angeles), entrevistas, metraje de archivo y fotografías. Una serie de materiales heterogéneos cuya articulación queda sellada por la voz del narrador, cuyo hilo argumentativo va entretejiendo los motivos del tapiz que saca a la superficie ese espacio olvidado que sigue siendo, en palabras de Burch y Sekula, el lugar crucial de la globalización: el mar.

A medida que se desvela el entramado histórico y económico sobre el que se estructuran las rutas marítimas (la filiación marxista de los directores es insoslayable) aparecen otros espacios que, más que olvidados, constituyen esa especie de limbo en el que tienen cabida los no-lugares, esos que se oponen “a todo cuanto pudiera parecerse a un punto identificatorio, relacional e histórico (…) escenarios sin memoria –o con memorias infinitas– en que proliferan los puntos de tránsito y las ocupaciones provisionales”[3]: la descomunal Betuwe Line, carretera que une a Holanda con las principales rutas de Europa; los grandes cargueros repletos de contenedores vacíos varados en los puertos a la espera de un destino; el parque temático de Shenzhen, con sus réplicas a pequeña escala de los monumentos más conocidos del planeta, o los almacenes hongkoneses construidos en espiral para aprovechar el exiguo espacio existente en una ciudad que crece en sentido vertical. En todos los casos se trata de espacios domesticados con la finalidad de obtener el máximo rendimiento económico, previo borrado de los cuerpos, de la memoria y de la historia. The Forgotten Space surge como estrategia de resistencia ante el proceso de deshumanización que implican tales operaciones.

Desde este punto de vista, la importancia de la película no reside tanto en el hecho de volver sobre un espacio olvidado, sino, más bien, en el hecho de proyectar sobre ese espacio una mirada que, si bien lo priva de su aura, produce conocimiento, saber. De ese modo, The Forgotten Space actualiza de manera consciente los planteamientos de aquel enfoque del cine documental (predicado por Jean Vigo y por Joris Ivens) para el que la adopción de un punto de vista en ningún caso habría de estar reñida con un deseo de verdad (sino más bien al contrario) y en el que la figura del autor / director / realizador posee una legitimidad moral como intelectual que lo autoriza a cuestionar el sistema establecido y a intervenir en los debates sociales.


[1] Pour un observateur lointain, forme et signification dans le cinéma japonais, París, Cahiers du Cinéma / Gallimard, 1982.
[2] En el origen de la película se encuentra el ensayo fotográfico Fish story realizado por el propio Sekula, que también fue adaptado al contexto expositivo. Un proyecto que encuentra claras resonancias con la película de Jennifer Baichwal Manufactured Landscapes (2006), que llevaba al terreno cinematográfico el trabajo de reflexión sobre las repercusiones sociales de la intervención humana sobre el paisaje realizado por del fotógrafo Edward Burtynsky.
[3] Manuel Delgado, El animal público. Hacia una antropología de los espacios urbanos, Barcelona, Anagrama, 1999, pág. 40

The Forgotten Space pudo verse en la pasada edición del Festival Internacional de Cine de Gijón y obtuvo la Mención Especial del Premio no ficción.

FICHA TÉCNICA
Guión y dirección: Allan Sekula y Noël Burch
Fotografía: Attila Boa y Wolfgang Thale
Montaje: Menno Boerema
Sonido: Eckehard Braun y Joe Knauer
Narración: Allan Sekula
Productores: Frank van Reemst y Joost Verheij
País y año de producción: Holanda, 2010

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