FID Marseille 2016. Extraño objeto en alta mar

El que es considerado uno de los mejores festivales de cine del mundo por su criterio de programación, su riesgo en la selección y su conceptualización y definición del cine contemporáneo, se llevó a cabo de nuevo el pasado mes de julio en Marsella.


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“¿Qué es lo cinematográfico?” Es la pregunta que va haciendo Ignacio Agüero a sus compañeros cineastas chilenos en Como me da la gana II, la película triunfadora en esta edición de FID Marseille. También esta es la pregunta sobre la que se levanta el FID cada año. En realidad, todos los festivales presumen de trabajar sobre la cuestión, pero en pocos lugares como en Marsella esta premisa se lleva tan a rajatabla. Más aún desde que el festival eliminó el término documental de su nombre para evitar reduccionismos y ampliar su propuesta a otros campos. Durante la semana de julio en la que se celebra la cita no se pretende encontrar una respuesta a esta pregunta, ni definir categóricamente al cine. Basta con pensarlo. A través de sus secciones oficiales y sus ciclos paralelos, el festival ofrece miradas globales hacia el cine actual, cintas arriesgadas y pretendidamente políticas que tienen en común pensar en el cine como una forma artística en constante mutación.

Como me da la gana II es la continuación de un trabajo que ya realizó Agüero en 1985. Esta es una película más serena y reflexiva, más libre y lúdica, menos encorsetada que su predecesora. Hay espacio para las entrevistas a sus compañeros en pleno rodaje, lo que podemos llamar “el eje de la película”, pero también para material de archivo propio, para fragmentos de películas rodadas hace veinte años, para un taller de cine con niños, para paisajes chilenos… y para resetear al final y volver al inicio, a la cuestión principal: ¿Qué es lo cinematográfico? En una época en la que el cine documental sigue inclinándose por una peligrosa observación tan distante como superficial, en la película de Agüero triunfa el testimonio, el diálogo, la reflexión, todo lo que rodea a la palabra, en definitiva.

Otra de las películas interesantes de este FIDM fue Those shoking shaking days, de la joven bosnia Selma Doborac. El filme es un ensayo deudor de Farocki sobre la posibilidad de representar la guerra, tomando como eje en este caso el conflicto bosnio durante los años noventa. La cinta interpela al espectador constantemente de manera directa a través de una cantidad profusa de textos, puntuados por un cuidado material de archivo y por imágenes del presente en los territorios donde aconteció la guerra. Entre tantas ideas que salen a la luz, la película cuestiona el poder político occidental, la espectacularización mediática de la guerra y la naturaleza de las imágenes y del lenguaje. Un ensayo profuso e intenso que merecería más de un visionado.

Otra propuesta densa es Havarie (Philip Scheffner), una película drástica en su concepción que viene a cuestionar la capacidad empática del espectador. Basa su potencial en un único plano de dos minutos y medio extendido hasta la hora y media de duración. Una patera parece varada en alta mar, y durante todo el largometraje oímos voces que hablan desde la lejanía sobre ella, conversaciones directas sobre “avistamientos” o sobre la situación de los refugiados que intentan cruzar el mediterráneo. Más adelante en el metraje intuímos que la grabación se está realizando desde un crucero. Dos mundos se encuentran y se observan en un único plano que amplía su significado al descubrirse este juego de reflejos. La persistencia temblorosa de esta imagen, la apariencia fantasmagórica de la barca y las voces que pasean sobre ella (elemento crucial de la película) hacen que parezca que estamos contemplando un OVNI. Sí, la patera aparece ante nosotros como un objeto no identificado, como algo que no nos creemos que podamos estar contemplando. Y nuestra posición está, de alguna modo, en ese gran crucero desde donde contemplamos ese extraño objeto en alta mar.

Farocki, al que ya hemos citado antes, es un referente teórico para pensar en Havarie, pero también lo es en The Dust Channel (Roee Rosen). De hecho, en la película del israelí aparece un fragmento de The inextinguishable fire. El nuevo trabajo de Rosen es una estimulante pieza que se hace excesivamente corta (solo 22 minutos) en la cual vuelve a tirar de performances irónicas y de un humor muy provocador para afrontar asuntos políticos recurrentes en su carrera artística. Rosen dibuja estos temas mediante la reversión o dislocación de géneros. Parece que estamos dentro de una ópera doméstica surrealista, un musical moderno que homenajea a Un perro andaluz, para ir virando hacia un inquietante zapping televisivo que trata sobre el polvo y la función de las aspiradoras, pero donde se cuelan asuntos turbios relacionados con limpiezas étnicas y con las políticas represoras del estado israelí. Como con sus anteriores obras, The Dust Channel es un artefacto político que merece la pena ser visto varias veces, por la cantidad de elementos que se yuxtaponen y los significados que se crean.

Otras películas de la selección oficial tenían como nexo en común el artificio de la representación y los múltiples caminos para escenificar historias. Algunas escogían temas míticos para plantear formas posibles de narración, como Further Beyond (Christine Molloy y Joe Lawlor) y su búsqueda por el espacio perfecto o “el aura de una obra”, que diría Walter Benjamin, o Münster (Martin Le Chevalier), película que se decanta por un humor un tanto aséptico para acercarse al mito de los anabaptistas. Bertrand Bonello y su Sara Winchester, Opéra Fantôme también hablan de esa búsqueda del creador de una idea formal total. Son películas en construcción que giran en torno al proceso creativo y se edifican sobre la exploración constante de alternativas formales. También podría entrar en este corpus de películas L’encre de Chine (Ghassan Salhab), un oscuro poema cargado de referencias (Ozu, Pasolini, Wakamatsu, Celan, Swans…) que resulta ser también un crudo diario personal que refleja un estado de ánimo. Silêncio, del francés Christophe Bisson, también se nutre de referencias artísticas fundamentales (Buñuel, la más evidente en esa escena final tomada de Viridiana) para levantar una película desnuda, con una puesta en escena férrea que se reduce a lo esencial: un espacio, un protagonista y su testimonio.

Hubo dos sesiones especiales en Marsella para poder ver el último trabajo de Oliver Laxe y el de Albert Serra. Las dos tuvieron una enorme aceptación entre el público y corroboran el vivo interés que existe en Francia por la obra de los dos cineastas. Las mimosas, de Laxe, es un cruce místico entre Sam Peckinpah y Ben Russell, una película de aventuras en la mejor tradición del género y que a su vez es un retrato profundo y bello sobre el Atlas marroquí, una película que sabe pendular entre la acción y la contemplación; por su parte, en La mort de Louis XIV, Serra se sirve de la lenta agonía del Rey Sol para construir una película extemporánea, filmada bajo mínimos: un par de estancias, un rostro en decadencia (Jean-Pierre Léaud) y un tono lúgubre que convive en perfecta armonía con la sutil ironía y el cinismo que caracteriza al cineasta catalán. Una película redonda que también habla sobre el ejercicio de la representación, una visión radical que sabe ser drástica sin abandonar el rigor histórico.

2 Comentarios

  1. Victor 16/09/2016 | Permalink

    Me gustaría que hablarais de la película de Ignasi Duarte que recibió una mención, la película se llama El monstruo en la piedra y me pareció muy interesante, pero en cambio no he encontrado ninguna reseña acerca de ella, pese a estar premiada.
    Gracias,

    Víctor

  2. miquel mf bd 17/09/2016 | Permalink

    Muchas gracias Víctor por el apunte. La tenemos en la lista de visionados pendientes, en cuanto podamos, la veremos y si hay la oportunidad, comentaremos. Este autor ya tuvo otro film en el FIDM hace unos años, Montemor, creo se llamaba. Efectivamente, no hay reseñas sobre “El monstruo y la piedra”, que hayamos visto, si las hay, queremos leerlas. Lo mismo ocurre con este festival entero, apenas hay crónica en toda España de él. Nosotros, como revista que está cerrada desde finales de 2013, lo que hacemos ahora es publicar algo muy de cuando en cuando, si podemos y las circunstancias a menudo azarosas nos lo permiten, sin ninguna intención de continuidad. Un saludo!

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