Mariano Lisa

Aprovechamos una visita a Barcelona en 2007 para conversar con Mariano Lisa, quien rememoró con gran precisión los pormenores que rodearon la gestación del Colectivo de Cine de Clase y el rodaje de la hoy olvidada El campo para el hombre.


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Filósofo de formación y maestro de profesión, Mariano Lisa dedica gran parte de sus fuerzas a la militancia sindical durante los años 60 y 70, dentro de la célula de enseñanza de Comisiones Obreras. Allí toma contacto con Helena Lumbreras (Cuenca 1935 – Barcelona 1995), cineasta militante formada en Italia que acababa de realizar dos filmes clandestinos en el ámbito barcelonés, España 68 y El cuarto poder. Ambos fundan el Colectivo de Cine de Clase, con el que además de apoyar de manera explícita la causa antifranquista, procuran detectar y exponer las claves que sitúan al régimen fascista como expresión máxima de la opresión capitalista. El Colectivo comienza su andadura con El Campo para el hombre (1973-1975), mediometraje agrario en el que Lumbreras y Lisa profundizan en los defectos estructurales de la propiedad de la tierra en el Estado español. Más tarde, ya en el ámbito obrero catalán, firmarán O todos o ninguno (1976) y A la vuelta del grito (1978), su último proyecto. En abril del año 2007 viajamos a Barcelona para conversar con Mariano Lisa, que rememora con gran precisión los pormenores que rodearon la gestación del Colectivo de Cine de Clase y el rodaje de la hoy olvidada El campo para el hombre.

Toma de contacto con Helena Lumbreras

Mariano Lisa: “Pues todo comenzó a raíz del Proceso de Burgos, de las manifestaciones que hubo en Barcelona. Allí nos conocimos Helena y yo. Luego montamos una huelga de la enseñanza, pues los dos éramos profesores, llevábamos trabajando desde comienzos de octubre y el 30 de enero del año siguiente aun no nos habían pagado, con lo que al convocarse la huelga todo el mundo se apuntó automáticamente. Fue necesario tan sólo un día de huelga para que cobrásemos los que se nos adeudaba, parece ser que los apoderados, que eran los que realizaban los pagos en mano en aquella época, habían retenido el dinero para obtener intereses del mismo.

Posteriormente, en agosto, sale el convenio colectivo de la construcción. Por aquel entonces Barcelona era una ciudad industrial y en el mes de agosto no había ni dios, pues las empresas daban vacaciones y todavía no había demasiado turismo. Por tanto, aprobar un convenio colectivo en ese mes era como lo que hacen ahora con los autobuses, que te suben en verano las tarifas cuando hay poca gente para protestar. En ese momento nos llamaron a Helena y a mí dentro de la propia célula de enseñanza de Comisiones Obreras, a ver si podíamos acudir porque necesitaban gente para hacer un piquete en la construcción para reclamar más de lo que ofrecía el convenio. Entonces nos fuimos a Badalona, donde está ahora el Forum y estas chimeneas [señala hacia un punto en el horizonte] que por aquel entonces no existían, nos pasamos desde las 6 de la mañana hasta las 2 de la tarde caminando por todas las obras y Helena, que era la única mujer del grupo, les decía “Compañeros, estáis ahí trabajando cuando tenéis una reivindicación que defender…” y al ver a una mujer echarles la bronca, ellos pensarían “Esta tía está chalada”, pero bajaban todos la cabeza. La consigna desde Comisiones era que había que ir al sindicato de la construcción y ocuparlo, porque era de los obreros. Pero nosotros que no éramos del sector, no hacíamos nada allí, y menos Helena que era mujer y no había ninguna en la construcción. Por tanto nos detuvieron a la salida del sindicato, a Helena y a mí, nos estuvieron pegando durante ocho horas. Helena los mantenía a raya: “Yo a usted no lo conozco así que tráteme de usted, igual que yo haré con usted…”. Era una persona muy entera.”

Mujer y cineasta

“Ser mujer era un estigma, ella no podía hacer cine como autora, podría ser actriz pero no directora, y eso funcionaba así también en el cine más alternativo, el Grup de Produció, del PSUC… Pere Portabella, por ejemplo, montó un colectivo de cineastas alternativos como Llorenç Soler, Joaquim Jordà, Carles Durán… Cuando Soler propone la inclusión de Helena Lumbreras en el grupo, Portabella se niega argumentando que ella era carne de cañón. Yo estoy convencido que era misoginia pura y dura, como mujer podía estar en la cama o en la cocina pero no podía estar en el cine, podía ser filmada pero no podía filmar. Oías comentarios, “claro, si va con los obreros es porque les pone y a ver si se la tiran, por eso quiere hacer cine”. He oído eso decírmelo a mí, yo les decía, “¡de qué vais! ¿sabéis con quién estáis hablando?, soy su compañero”. Y te estoy hablando de gente de izquierdas, hay un prejuicio misógino que no era sólo del sistema sino que se extendía a otros grupos supuestamente alternativos.

Por ejemplo, si tú has visto El sopar,  de Portabella, una película sobre presos políticos, verás que filma a dos presos y a la mujer de uno de ellos reunidos en una casa. Pues la mujer lo único que hace es servirles, está en la cocina –”sopar” significa cena en catalán- y los sirve mientras ellos son los que hablan ya que han estado en la cárcel y la otra no tiene nada que decir ni que hacer allí.”

El campo para el hombre

“Nuestra idea inicial era hacer una trilogía: el campo, la ciudad y el barrio. El campesinado, el obrero industrial y los barrios populares. Dentro de ese proyecto El campo para el hombre pretendía ser un ensayo general de la situación agrícola en España, basándose en libros amplios como los de Ramón Tamames. Queríamos filmar todos los niveles del campesinado, desde el más explotado de Galicia o Andalucía, hasta el campesino medio que podía vivir bien, como ocurría en algunas zonas de Cataluña. Sin embargo, nuestras limitaciones económicas, provocaron que nos limitásemos a las zonas en las que estaba peor el campesinado, es decir, el minifundio gallego y el latifundio andaluz. Por aquel entonces ni Helena ni yo podíamos trabajar en la enseñanza pública pues no volvieron a contratar a aquellos que habían participado en las huelgas del sector y sólo contábamos para hacer la película con el aporte de mi trabajo como profesor en centros privados y con el dinero que sacábamos de traducir textos de todo tipo.”

Tierra de minifundio

“Empezamos el rodaje por Galicia a través de los contactos facilitados por la galería Sargadelos de Barcelona, especialmente gracias a Inés Canosa, una gallega de familia pobre y campesina, que había estado emigrada en Argentina y a la que Luis Seoane había becado para que pudiera estudiar en Barcelona. También entramos en contacto con Basilio Losada, que era profesor de gallego en la Universidad de Barcelona, y con un profesor interino de la facultad de Económicas. Entre todos nos proporcionaron bibliografía, documentación y contactos. En ese momento nos encontramos con Luis Seoane, que por aquel entonces estaba en Galicia, y por medio de él llegamos a Xosé Manuel Beiras, gran conocedor de la estructura agraria gallega que había defendido una tesis doctoral sobre el tema.

En la universidad nos pusieron en contacto con un cura de la zona de Arzúa, Primitivo García me parece que se llamaba, que era un santo. Por aquel entonces en Barcelona había curas obreros que sabían más de marxismo que algunos comunistas, se leían El Capital y se lo estudiaban… Este no, era un cura de aldea, un hombre que vivía con su pueblo, al que le dolía su situación y estaba dispuesto a contribuir en la película. La mayoría de las tomas y las entrevista son, por tanto, de zonas próximas a Arzúa, donde la gente era muy acogedora y hospitalaria. Recuerdo una señora que nos quería regalar una manta de lino y nos decía “No, esto no da trabajo, lo hago cuando chove  [llueve en gallego]…”; era una mujer prácticamente ciega, viejísima, que había hecho una manta para la que había plantado el lino, lo había recogido, liado… todo el proceso lo había hecho en su tiempo libre, cuando llovía, y no había manera de marchar de allí sin aceptar lo que te ofrecía.”

El latifundio andaluz

“La grabación de la parte andaluza fue mucho más improvisada que la gallega. Aunque es cierto que en Cataluña hay mucha inmigración andaluza, la mayoría era prácticamente analfabeta, trabajaban en el campo, sobre todo en la vendimia, a donde tenían que llevar a toda la familia, con lo que la escolarización era muy baja. También había centros andaluces y gente pudiente pero eran algo fachas, bastante relacionados con exaltaciones de la fiesta nacional y con la España fascista. Por tanto nos desplazamos a Andalucía con nuestro Citröen Dos Caballos sin apenas referencias y una vez allí, de nuevo gracias a la colaboración de curas progresistas, fuimos haciendo contactos. Empezamos por Córdoba, y luego fuimos a los Corrales, en la sierra sur de Sevilla, entre esta provincia y Málaga, cerca de un pueblo que se llama Alameda, en las proximidades de Osuna. El nombre de Los Corrales viene de Los Corrales del Duque de Osuna, un nombre significativo que dice mucho de la propiedad de la tierra en esa zona. Las comunicaciones entre estas localidades eran penosas, pues los caminos eran de piedra y nosotros viajábamos en un Dos Caballos a 5 por hora para que no se rompiera el coche.

Toda esta región había sido en la época republicana una zona anarquista y, por ejemplo, en la película interviene el que había sido secretario de la CNT del campo andaluz. También contamos con la colaboración del cura que nos acogió en su casa, Diamantino García Acosta, presidente del SOC (Sindicato de Obreros del Campo), situado a la izquierda de Comisiones, sindicato marxista pero más anarquizante, muy radicales en sus propuestas pero no tan de partido como otros. Este sindicato cogió bastante fuerza en la época siendo la localidad más emblemática Marinaleda cuyo alcalde, Juan Manuel Sánchez Gordillo, todavía ejerce en la actualidad. Si tú miras la prensa de aquellos años, era el único pueblo de España que pudo realizar una especie de colectividad en la que todo era del pueblo, existía un trabajo colectivo para entre todos construir la escuela, por ejemplo. Era comunista en el sentido primitivo de la palabra, con un ayuntamiento que funciona de forma asamblearia. Además de los campesinos también buscamos voces expertas sobre la propiedad de la tierra. En este caso acudimos a Pascual Carrión, ingeniero agrícola de profesión y mentor intelectual de la reforma agraria durante la Segunda República.”

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