Docúpolis 2006

En la sexta edición del Festival Docúpolis que se celebró el pasado mes octubre en Barcelona quedó plasmada la fuerza del cine documental latinoamericano con la proyección de obras como El Comité o Arcana. También se proyectaron películas de grandes realizadores como Chris Marker o Joris Ivens y se contó con la presencia del realizador serbio Goran Radovanovic. Esta es la crónica de lo que vimos.


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Docupolis 2006

El Comité de Mateo Herrera (Ecuador, 2005)
El Comité es un excelente documental realizado por el joven Mateo Herrera (Quito, 1973) y producido por la Escuela Latinoamericana de Ciencias Sociales de Ecuador (Flacso). Narra las vivencias de centenares de presos en una tercermundista y lóbrega cárcel en Quito. Hace un retrato preciso del penal pabellón por pabellón y de sus principales presos, así como de su lucha para mejorar las indignas condiciones de vida que allí soportan. En esta prisión dantesca, con capacidad para 300 reclusos y habitada por más de 1.000, Herrera pasó ocho meses rodando. La organización interna de la prisión corre a cargo de los presos, pues sólo hay cinco guardianes. Quienes mandan de puertas para adentro son varios reclusos que fueron elegidos por democrático sufragio: el comité.

Grabada cámara en mano, con diálogos frescos y directos y con poca manipulación, prácticamente toda la acción transcurre dentro del penal. El realizador está siempre pegado a los presos, quienes le hablan casi como si fuera uno más. Consigue así describir muy bien a varios personajes (el rockero, el argentino, el médico, el cubano líder del comité hasta los más marginales) y transmitir una tensión y dinamismo constante al espectador. La cámara no miente y por momentos se pueden sentir unas sensaciones (frustración, incomprensión, rabia) similares a las de los internos. Las escenas más surreales transcurren en la parte final de la película, cuando los presos se sublevan y retienen a unos 300 visitantes como rehenes durante unos días. Incluso durante el motín, Herrera permanece dentro de las rejas narrando las alucinantes negociaciones entre el comité, los funcionarios y la policía, consiguiendo una mirada única del drama.

Aún con algunos pequeños detalles técnicos molestos (movimientos de cámara bruscos, comprensibles dentro de una cárcel y con un equipo técnico mínimo), el documental transmite una brutal historia difícil de olvidar. Fue premiada en el Festival Docúpolis exaequo al Mejor Documental Latinoamericano.

Arcana de Cristóbal Vicente (Chile, 1998-2005)
Arcana fue el documental ganador del Festival Docúpolis 2006. La película forma parte del Proyecto Arcana, que da cabida también a un libro y una web. Arcana era una prisión de Valapraíso (Chile) que dejó de funcionar en 1999, después de 150 años de historia. Es una película contemplativa, con un profundo trabajo en cada plano.

Es un abstracto retrato del ambiente de la prisión. Caza y reconstruye momentos, puertas que se cierran, presos que deambulan, espacios poco apetecibles… mientras un recluso va recordando al realizador que le será muy difícil sino imposible llegar a sentir lo que la prisión es, lo que representa. De entre otras lecturas, se podría entender que Cristóbal Vicente retrata la confrontación de dos personajes: la prisión y los presos.

Rodada casi íntegramente en 16mm y en blanco y negro, se estructura por pequeños capítulos de entre dos y tres minutos, separados por un sencillo fundido a negro. Todo el material fue rodado en los últimos meses de existencia del penal (1998-99). El sonido fue creado posteriormente, en un complejo trabajo encaminado en la dirección de reforzar la idea principal.

Resulta inevitable comparar Arcana con El Comité, porque ambas películas hablan de los centros carcelarios y porqué están compitiendo a la vez en diversos festivales de cine documental. Es un buen ejemplo de cómo un mismo tema puede dar luz a dos excelentes proyectos completamente diferentes. El Comité tiene sus raíces en el cinema direct, cuenta una historia con fuerza y dinamismo, el realizador esté literalmente pegado al lado de los presos. Un documental impactante que en general deja al público asombrado. Arcana exige más al espectador, es refelxiva y poética, deja de lado las historias personales, no compenetra con los presos, ofrece momentos que el público debe asumir y reinterpretar. La brusquedad de las imágenes de la primera, contrasta con los cuidadísimos encuadres y el trabajo del sonido de la segunda. Dos excelentes películas, ambas merecían ganar el festival.

Viejo Zorro de Rolando Opazo (Chile, 2005)
Del Festival de Cine Documental de Santiago de Chile nos llegó Viejo Zorro, película seleccionada por Patricio Guzmán. Una obra sencilla que tuvo una acogida sensacional por el público. Breve, divertida, montada con ritmo, narra la vida de dos ancianos, acercándose a los ochenta años, que reflexionan sobre la vejez. El primero de ellos es un hombre enamorado de la vida, de su perro y de los centenares de pájaros que cuida cada día pacientemente. El segundo es un hombre muy dinámico, que acepta con humor y energía su edad. Éste compenetra muy bien con el realizador y ofrece algunas escenas muy divertidas, como cuando interpela a otros ancianos en el parque o busca una novia. La relación que Opazo establece con sus personajes sigue las líneas de trabajo marcadas por Philibert.

En un festival donde el cine social (historia duras y tristes) tiene mucho peso, esta mirada alegre y dulce de la vejez, tuvo el agradecimiento del público con sus carcajadas y su atronadora ovación final.

Chats perchès de Chris Marker (Francia, 2004)
Chats perchès es una genial obra del octogenario Chris Marker. Poco después del 11-S aparecieron en algunos edificios de París unos curiosos graffiti: unos gatos riendo. Cámara en mano, Marker intentará descubrir quien hay detrás de estos misteriosos dibujos.

Este mínimo punto de partida lo aprovechará para hilvanar un personal diario de los acontecimientos político-sociales más destacados a lo largo del año (las protestas contra la guerra, los intermitents, un crimen de gran revuelo mediático…) sin dejar de buscar incansablemente a Monsieur Chat. Con una cámara digital de gama baja (la calidad de la imagen es pobre), una voz irónica y sutil, y ayudado por el uso de rótulos como si de cine mudo se tratase, el realizador pasea su mirada por París, su gente, sus manifestaciones, el metro, las calles… Es inevitable pensar en El hombre de la cámara de Vertov. Marker es el camarógrafo que está en todas partes, que todo lo filma. Pero el poder del montaje es tal que llega a hacer dudar al espectador incluso de la existencia de los gatos.

Un viejo de 80 años, con una cámara al alcance de cualquiera, filmando por la calle eventos que cualquiera podría filmar, solo, sin ningún equipo técnico detrás, consigue hacernos llegar una entretenida, poética y reflexiva crónica de la vida que hay a su alrededor. Magistral.

The hands of Che Guevara de Peter de Kock (Holanda, 2006)
Decepcionante documental que no aporta ninguna información nueva ni punto de vista interesante sobre el Che. Se ha realizado con una estructura muy periodística e impersonal.

Cuando asesinaron al Che en Bolivia le cortaron las manos. Militantes de izquierdas lograron apoderarse de ellas y conservarlas en una urna con formol. Los países que la urna recorrió y su destino final forman el relato. Lo mejor son los encuadres e iluminación del director de fotografía, bellos y perfectos. Un “documental” con bastante presupuesto pero de escasa fuerza. Para los interesados en aproximaciones más personales y creativas sobre el final del Che es recomendable ver Diario de Bolivia (Richard Dindo, 1994), Who betrayed Che Guevara (Gandini y Saleh, 2001) e incluso Benigno, farewell to a revolution (van der Berge, 2005), entre otras.

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