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La problemática de las salas de cine en Barcelona o lo que el viento se llevó

Primera parte. Panorámica

A la mierda la nostalgia

Cada vez que se cierra una sala de cine en Barcelona aparece gente golpeándose dramáticamente el pecho en redes sociales, pulsando teclas entre lágrimas para expresar su más hondo lamento. A nivel emocional reconozco que ayuda, permite cerrar recuerdos personales y sentirse parte de “algo”, de unas experiencias vividas, de una geografía urbana. Desde la perspectiva profesional, no sirve para mucho. Lamentarse cada vez que cierra un cine en nuestra ciudad, sin analizar los porqués y los veloces tiempos que corren, sin preguntarse hacia donde va la exhibición cinematográfica, sin asaltar grupalmente los muros de l’Ajuntament y la Generalitat si es que realmente se pretende exigir algo desde la esfera pública, es humo. Susodicho lamento nostálgico me recuerda a Scarlett O’Hara en su clamor crepuscular, no solo por su actitud sino también por el título de esa película. Gone with the wind. Lo que el viento se llevó.

Barcelona, la mejor tienda del mundo

Este artículo no trata, pues, sobre la nostalgia. Nada se puede hacer ya respecto a los céntricos cines Club Coliseum, clausurados en 2014, pues actualmente pertenecen a la empresa Pangea, la tienda de viajes “más grande del mundo”. Tampoco respecto a los Cines Alexandra, cerrados en 2013 y convertidos en una tienda de ropa Mango. Ni por el Cine París, cerrado en 2007, que abrió en 2009 pero siendo una tienda de ropa Zara… el Cine Publi, cerrado en 2005, actualmente es la boutique de cafés Nespresso (“la más grande del mundo”, sic), el Cine Savoy, que cerró en un ya lejano 2001, es la tienda de bolsos, accesorios de moda y viajes Longchamp, y el Cine Fantasio, también desaparecido en 2001, es la tienda de ropa Benetton. Guinda a este recorrido céntrico para la histórica sala Novedades, donde se hizo cine y teatro. Después de muchos años cerrada será en breve un hotel de lujo. Todas estas salas estaban en el eje principal de la ciudad (entre Passeig de Gràcia, Rambla Catalunya y Plaça Catalunya) y prácticamente sus distancias se podían recorrer a pie. Así son los tiempos culturales que vivimos, en parte fruto de las políticas de esta ciudad, de la llamada “marca Barcelona”, dirigida hacia el turismo y el consumismo.

Salas de cine reconvertidas

Todas estas salas citadas son parte de una lista más larga y compleja. Por ejemplo, algunas salas se reconvirtieron en otras ofertas culturales. La sala Renoir Les Corts, cerrada en 2012, pasó a ser el espacio de creación de danza y artes escénicas La Caldera con la ayuda de l’Ajuntament. La antigua Filmoteca, una vez hecha la mudanza en 2011, pasó a ser el Teatre Aquitània. También el céntrico Cine Alcázar se convirtió en la megatienda Casa del Libro desde 2006… Este artículo no es un estudio completo de todas ellas pues en cada edificio hay una larga historia. Solo citaré dos ejemplos más para dar cuenta brevemente de estas vicisitudes: desde la sala más grande de la ciudad, el Cine Urgell, que cerró en 2013, y tras una larga negociación se demolió, construyendo un supermecado y un espacio para los vecinos, hasta la okupación de los Lauren Sant Andreu en 2016, que habían cerrado en 2011, para dar vida a una propuesta cultural llamada La Cinètika [1] ubicada fuera de todo marco de la industria.

Salas de cine abandonadas

Aparte de estas salas reconvertidas para otros usos, aportan aún más desazón las salas que se cerraron y siguen clausuradas. Enormes salas de cine sin ningun uso durante años, a veces décadas. Vacías. Abandonadas. Telarañas. Esperando una buena oferta para vender ese espacio. Se encuentran actualmente (septiembre 2018) media docena:

1) Palacio del Cine. Cerrado desde 2001, en Via Laietana 53.
2) Cine Rex. Cerrado desde 2010, en Gran Via 483.
3) IMAX Port Vell. Cerrado desde 2014, en Rambla del Mar, s/n.
4) Cinesa Maremagnum. Cerrado desde 2015, en Moll d’Espanya, 5.
5) Lauren Universitat. Cerrado desde agosto 2015, en Pelai 8.
6) Aribau Club. Recién cerrado en julio 2018, en Gran Via 567.

Este listado de abandonadas de vez en cuando se debe actualizar. Hace pocas semanas, por ejemplo, el ex cine Casablanca Kaplan, situado en las puertas de Gràcia y cerrado en 2011, abrió siendo la tienda de zapatos Zambo y salió de la lista para no volver nunca más. También el cine Niza, cerca de la Sagrada Familia, fue derribado este 2018. Estaba cerrado desde 2005. Según informaciones en prensa, se abrirá un nuevo interior de manzana y un centro comercial.

New kids on the block

Frente a este panorama muy poco optimista, hay quien ha resistido y también algunos valientes que han abierto un cine. Siete en esta década. Destacar que la mayoría de “los nuevos” no siguen un patrón clásico de sala comercial y que ninguno se encuentra en la zona céntrica, siendo el barrio de Gràcia y alrededores su ubicación predominante. Son los siguientes:

El fenómeno Phenomena [2], que nació de una exitosa propuesta mensual (festiva, nostálgica, cinéfila, fetichista) y se convirtió a finales de 2014 en una sala de programación dinámica y acontecimientos constantes, adquiriendo y remodelando los cerrados cines Nàpols. La reinvención del  Cinemes Texas [3], que recuperaron una idea comercial antigua, la de los cines de reestreno, ofreciendo entradas a precios económicos. Abrieron en 2014, reformando los cines Lauren Gràcia, que habían cerrado un año antes. La exquisitez del cine Zumzeig [4], cine y cooperativa (proyecto del cual formo parte actualmente como socio colaborador). Esta sala de nombre original es el proyecto de sala más plural y arriesgado, cinematográficamente hablando, de toda Catalunya. Es el único de esta lista que no retomó una sala ya existente. Se contruyó una sala nueva, abriendo en 2013, y después de unos meses de cierre en 2016, se reformuló como cooperativa ese mismo año. En una línea de exhibición algo más clásica, en 2013 reabrieron los cines Boliche Cinemes [5], cerrados desde 2008, apostando por proyectar en versión original y subtitular en lengua catalana -algo que los aleja también del patrón mayoritario-, y los Cinemes Girona [6], de programación versátil, que al inicio en 2010 recuperaron los Casablanca Gràcia cerrados un año antes. También Arenas de Barcelona dentro del centro comercial Las Arenas, donde estaba la antigua plaza de toros, abrió en 2011, y Balmes Multicines (que proyectan en versión original), en el año 2013. Ambas son de la empresa Grupo Balañá [7] y dan cabida al cine mainstream.

Killing me softly *

En el año 2000 había 45 cines en activo en Barcelona. En 2010 había 33. Y actualmente quedan 22. De estos, podríamos considerar que 13 de ellos están focalizados en el cine más comercial. Son grandes multisalas y más de la mitad están dentro de centros comerciales. Con alguna excepción, proyectan en versión doblada. Sus propietarios son Yelmo (2 cines, 20 pantallas), Cinesa (4 cines, 57 pantallas) y el ya citado Grupo Balañá (7 cines, 61 pantallas). Este último grupo empresarial necesitaría de un capítulo aparte debido a su historia. Sólo mencionar que buena parte de las salas citadas previamente (las transformadas y las abandonadas) eran de su propiedad (1). * **

Las 9 salas restantes se dedican a un cine que llena un amplio espectro, desde un ámbito también comercial, pasando por una oferta diversa, hasta llegar al cine más alternativo. Todas son en versión original. Acumulan un total de 32 pantallas, frente las 138 pantallas que suman las multisalas comerciales. Los Verdi (2 cines, 9 pantallas), Renoir (7 pantallas), Boliche (4), Texas (4), Girona (3), Méliès (2), Maldà (1), Phenomena (1) y Zumzeig (1), cada uno a su manera, parecen supervivientes sioux.

* Actualitzación 1/11/2020: quedan 20 cines en activo en Barcelona. A lo largo del 2020 la crisi de la Covid ha acelerado la crisis de les salas. Han cerrado Palacio Balañá [8] (marzo), Cinemes Méliès [9] (julio) y Cinemes Texas [10] (octubre). Es decir, quedan actualmente 20 cines en activo: tres grandes grupos de mutisalas que poseen un total de 12 salas (Balañá, 6; Cinesa, 4; Yelmo, 2) y 8 salas restantes (Verdi y Verdi Park, Renoir, Boliche, Girona, Maldà, Phenomena y Zumzeig).

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(1) Balanzá, Albert, Els Balañá, tres generacions de discreció i negoci,  en Anuari Media.cat. Els silencis dels mediàtics de 2011. Disponible en línea [11].

Segunda parte. ¿Y ahora qué?

¿Y ahora qué me vais a hacer?

Suponiendo el caso de que alguna autoridad política pensara que lo planteado anteriormente es una problemática y decidiera algun plan de acción cultural sobre esta (wishful thinking) primero habría que intentar aclarar hacia donde va la exhibición cinematográfica y, además, concretando en esta ciudad, que difiere de otras. No me veo capacitado de responder de manera acurada tamaña pregunta, ni con la ayuda de una bola de cristal, pero intentaré hacer alguna aproximación a grandes trazos.

Riqueza, pluralidad y sobreproducción

El cine hoy en día es amplísimo, es un abanico de múltiples posibilidades, y varios de sus caminos contemporáneos contienen una destacable riqueza creativa y de contenidos. Sus propuestas, pero, son tantas, que el espectador puede fácilmente perderse ante la saturación o asumir que no tiene tiempo para ver tal alud de proyectos siempre vendidos como imprescindibles. Además, este público ha disminuido claramente su asistencia en salas en España (2), lo que crea una fuerte paradoja: por ejemplo, los prestigiosos festivales de cine van repletos de nuevas películas cada pocos meses pero en contraste la gente acude menos a las salas. Es decir, muchos más títulos pero menos entradas vendidas, lo que fortalece la reducción del impacto del cine en la sociedad. Parece que buena parte de este cine se orienta cada vez más hacia nichos socioculturales delimitados, y/o hacia otras formas de consumo audiovisual fuera de la sala.

¿Qué hacer frente a esta riqueza, que a la vez es sobreproducción, y un público que puede tener dificultades para saber qué ocurre? Crear caminos de orientación, de difusión y aproximación de contenidos, intentando atraer nuevos públicos, junto a una programación acurada que haga balanza entre la calidad y la cantidad, así como no rechazar las nuevas formas de visionado, sería en mi opinión una posible respuesta.

Imágenes de todos

Estuve trabajando un año en Zumzeig, picando piedra a diario, y de lo que más me sorprendió fue la cantidad de personas y colectivos que tenían sus propios proyectos audiovisuales junto a una gran ilusión por proyectarlos en sala y hacer convocatoria. Un sinfín de propuestas, nuevamente una sobreproducción. Es algo que ya sabía – la gente ha tomado las imágenes, necesita expresarse, representar sus colectivos, sus ideas, y tienen los conocimientos y el material para hacerlo fuera del circuito industrial – pero lo constaté de manera fehaciente. El poder del cineasta, como concepto de demiurgo, pierde terreno año a año, y las imágenes empiezan a ser creadas por todos. Ofrecer espacios de visibilidad a esas imágenes emanadas del propio público genera espectadores, aquellos que quizás ya no van con frecuencia a la sala, pero se sienten cercanos al cine y el audiovisual creados por su propio entorno social.

El “vídeo a la carta” y el “cine – evento”

Después de varios años el “vídeo a la carta” (VOD) empieza a ser en el país un proyecto sólido, siendo la empresa (precisamente) barcelonesa Filmin [12] quien ha abierto más camino. ¿Esta será la ruta a seguir? ¿El visionado de películas online a la carta, con muchas plataformas y canales por elegir, acabará eliminando las salas de cine? Creo que tal afirmación sería una visión exagerada de lo que acontece pero es indiscutible que es una tendencia muy importante. Quizás el cine tenderá a verse en una inmensa e infinita biblioteca online, en un concepto similar a como lo son ahora las bibliotecas municipales o algunas grandes plataformas musicales de internet. Un casi infinito espacio de consulta y visionado. Aunque eso no implique de manera directa la erradicación de las salas, sí que forma parte de sus transformaciones en un futuro no muy lejano.

Es sabido en el sector que la fórmula que funciona cada vez más en salas es lo que podemos llamar “cine – evento”. Si por un lado se pierde la costumbre de ir al cine y se está más cómodo en casa eligiendo un montón de películas, por otro surge un “efecto llamada” a alguna sesión concreta que contiene algo diferente a una sesión normal (un estreno, la presencia del director, algun actor, un coloquio, un piscolabis, etc.). Un trabajo de convocatoria específica puede tener un muy buen éxito para esa sesión e incluso las siguientes del mismo film. Hay que tener en cuenta que, de nuevo, existe una paradoja troncal: la industria de la exhibición no está pensada para ser sostenible con “sesiones eventos”, ya que sus ingresos son la suma del degoteo diario de espectadores. Además de que gestionarlos requiere de esfuerzos extra para las empresas fuera del funcionamiento ordinario de exhibición.

¿Dotar de una actividad cultural pública a los espacios culturales privados abandonados?

Teniendo presentes estos tres ejes (y algunos vectores más que aquí no me caben y otros que seguro se me escapan), ¿tendría sentido un proyecto de sala de cine pública en Barcelona? Quizás una sala (o más) gestionada de manera pública, sin ánimo de lucro, podría servir para mostrar todo tipo de proyectos y ofrecerlos a precios populares o gratuitos, para revitalizar la asistencia de público a las salas del cine y generar nuevos espectadores. Podría ser útil también para los muchos festivales y muestras de la ciudad, para ofrecer un cine que no hiciera competencia al cine comercial, para ofrecer una diversidad de propuestas que no tienen visibilidad… Desmárcandose a la vez de la Filmoteca, que se debe a la Generalitat, y buscando su propia identidad como sala de l’Ajuntament. Son tantas las ideas que podrían surgir que evocar solo algunas aquí es poco útil. En el segundo año de este gobierno municipal (2016), hubo algun intento embrionario de mejorar la relación entre la ciudadanía y el acceso a la cultura cinematográfica y audiovisual, pero por ahora quedó parado. (3)

Teniendo presente la lista de salas abandonadas durante años, la desaparición de las salas comerciales que son devoradas por el capitalismo y el turismo, así como la idosincracia de los posibles futuros de la exhibición cinematográfica, ¿tendría sentido una acción de políticas públicas para compensar la desequilibrada balanza entre la mercantilización cultural y la difusión cultural? ¿Se podría de esta manera mejorar la exhibición de cine en la ciudad a la vez que fomentar la cultura entre la ciudadanía? ¿Se podría negociar con alguno de los propietarios de estas salas cerradas para que cedieran o alquilasen el espacio, y en lugar de estar cerrado en penumbras durante décadas, fuese revitalizado por los habitantes de esta ciudad?

“Somos testimonios de primera mano de que el gran dinamismo cultural de la ciudad se debe más al entusiasmo y esfuerzo de unos cuantos activistas apasionados que no del resultado de unas políticas públicas o el apoyo institucional”. Una frase lapidaria que dejaron escrita los compañeros de la mítica agenda cultural barcelonesa Butxaca [13]… cuando cerraron a principios de este año 2018.

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(2) Para un debate e información sobre salas de cine y comportamiento de los espectadores en Francia y otros países, Les métiers de la programmation. L’évolution des publics et des salles [14], Mesa  redonda Videádoc, París, 22.3.16.

(3) Plan de Culturas 2016. Oficina Técnica Ajuntament de Barcelona, mayo 2016 [15].