DocsBarcelona 2011

DocsBarcelona se celebró el pasado mes de febrero y, en plena crisis de la economía española, creció en proyecciones y público. El festival se abrió a nuevos caminos (competitivo por primera vez, nuevas secciones, concursos por la red) y mantuvo los habituales, con el Pitching Forum y con Peter Greenaway como invitado especial, con un balance general más que satisfactorio.


    Post2PDF
Inicio   1 2

La edición del DocsBarcelona 2011 (1-6 de febrero) trajo consigo algunas novedades que suponen una mejora cualitativa del festival y que, vista la buena acogida que han tenido entre el público, esperamos que se mantengan en los próximos años. Según su director, Joan González, el objetivo principal es convertir la asistencia a las salas de cine para ver documentales en un hábito, una costumbre, acercar excelentes documentales al público para que los vean, disfruten o discutan. Así como en anteriores ocasiones se primó quizá un poco más la vertiente de las herramientas de formación, en esta ocasión se ha priorizado esta aproximación película – público incluyendo dos nuevas secciones (Docs Affairs y Finisterrae), introduciendo un concurso de cortos en Internet (Short Docs) y pasando a ser por primera vez un festival competitivo, incrementando además el presupuesto y la llegada de nuevos patrocinadores.  Se ha mantenido la apuesta por el desarrollo de películas en el ya clásico Pitching Fórum, alma fundacional de todo el proyecto.

No obstante, la idea expresada por González de que “el festival quiere aportar distintos géneros, distintas aproximaciones y diferentes estilos para distintos tipos de público”, puede provocar una sensación de querer abarcar demasiado y de que no se arriesga mucho apostando por aspectos más concretos, lo que le da un aire heterogéneo pero también disperso, mezclando y añadiendo cada vez  más elementos. Quizá encaje esto con el carácter de la ciudad aunque también se podría apostar por una línea con una personalidad más acentuada, sobre todo teniendo en cuenta el ensalzamiento que hicieron en la rueda de prensa varios de los responsables del festival respecto a la situación del documental en Barcelona y Catalunya respecto al resto del sur de Europa. La participación ha aumentado respecto al año pasado: más de 5.000 personas acudieron a las salas a ver alguna de las 42 películas programadas o a alguna de las master classes que se brindaron, y cerca de 10.000 acudieron virtualmente al festival desde el salón de casa mirando por Internet alguno de los 30 cortos seleccionados para el concurso. Que el público que visionara los planos-secuencia en la web sea el doble del que acudió a las salas, es también un síntoma representativo de la dirección que va tomando el cine. Secciones ya habituales, como Dernier Repas, con la  presencia de Peter Greenaway como director invitado para proyectar algunas de las piezas que le han marcado en su trayectoria también contribuyeron a elevar el número de asistentes.

Una de las secciones estrenadas en esta edición es la de Docs Affairs, que se centra en historias híbridas entre el documental y el periodismo de investigación, que van más allá de la inmediatez y homogeneidad de las noticias difundidas por los medios de comunicación. Una de las tres películas que incluía fue la escogida para inaugurar el festival, You don’t like the Truth. 4 Days inside Guantánamo (2010). Uno de sus realizadores, el chileno Patricio Henríquez, presentó la película y fue el director invitado para dar la master class ‘7 Planos’, un apartado que ya es tradición en el festival. También tuvimos la oportunidad de escuchar al sueco Peter Torbiörnsson, responsable de otra de las obras ofrecidas, Last Chapter, Goodbye Nicaragua (2010). La tercera película, Enemies of the People (2010), del periodista camboyano Thet Sambath y el británico Rob Lemkin, recibió el premio TV3 de Derechos Humanos.

Esta última película ofrece la cara oculta de un genocidio. Generalmente se expresa el punto de vista de víctimas o testigos de las atrocidades y por ello estamos acostumbrados a oir hablar en tercera persona de los criminales de guerra ya fallecidos. Este caso poco usual se basa en el testimonio de los que han infligido esos terribles actos, propuesta heredera -aunque de mecanismos distintos- de Rithy Panh, en su ya clásico S-21: la máquina de matar de los jemeres rojos (2003).

Sambath es una de las millones de víctimas de los jemeres rojos. A través de su historia personal y de su búsqueda exhaustiva, se va dibujando un cuadro de uno de los capítulos más terribles de la historia de Camboya. Con el objetivo de encontrar respuestas, recorre los campos del país de un modo sorprendentemente sereno, entablando conversaciones de forma educada, sin rastro de odio, con una perseverancia imparable. Tras investigar sin cesar durante diez años, acaba logrando cerrar el círculo. Resulta desagradablemente frustrante comprobar que una vez alcanzada esa meta, ni el espectador ni el protagonista experimentan alivio alguno. El responsable de millones de muertes despacha su supuesto arrepentimiento con una frase corta y un par de movimientos de cabeza. No obstante, parece mejor alcanzar este poco satisfactorio y amargo clímax que  quedarse toda la vida con la especulación inútil y obsesiva en las entrañas.

Con mucha paciencia y muy poco a poco, Sambath logra entrar en la intimidad de campesinos y asesinos, recogiendo sus testimonios sin caer en ningun pozo sentimental. Uno de ellos le enseña incluso cómo degollaba, simulando rebanar con un cuchillo de verdad el cuello de un nervioso “voluntario”, y explicando al mismo tiempo que le dolía tanto la mano con la repetición del gesto, que acabó viéndose obligado a cambiar el método, lo que nos remite de nuevo a Pahn y la representación carcelaria de los vigilantes. Ninguno de los rostros de los entrevistados muestra expresión alguna, ni de orgullo ni de arrepentimiento. Macbeth afirma que después de haber llegado tan lejos en el lago de la sangre, retroceder sería tan dañino como alcanzar la otra orilla. Todos se pierden en mil excusas diciendo que cumplían órdenes y que no querían hacerlo. Sambath continúa escalando en la jerarquía hasta establecer un contacto regular con Nuon Chea, mano derecha de Pol Pot y número dos de su salvaje régimen. Un anciano que en el momento del rodaje vive apaciblemente con su familia en una cabaña rural.

Sambath tarda tres años en ganarse la confianza de Chea, ocultando su historia familiar y el objeto de las visitas. Al cabo de ese tiempo, éste finalmente admite las matanzas escuetamente, comenta de manera lacónica que lo siente. Ahí es cuando la ansiada sensación de sosiego no llega. El fango espeso de los campos donde se encuentran los cadáveres es mostrado por Sembath , lugar que oculta el misterio de la paradójica conversión del ser humano en verdugo de sus vecinos. Nadie entiende, nadie sabe por qué. En Nuit et brouillard (seleccionada por Greenaway en su sección del festival) Resnais ya se cuestionaba, frente a las imágenes de los criminales nazis en el juicio de Nuremberg declarándose inocentes, quién era el culpable (“Alors, qui est coupable?”).

La película acaba mostrando la detención de Nuon Chea por parte de un tribunal internacional, está siendo estudiado si parte de las entrevistas grabadas por Sambath pueden ser utilizadas como prueba en el proceso. En este sentido, al presentar You don’t like the truth: 4 days in Guantánamo, Patricio Henríquez dijo que los documentales no tienen la posibilidad de cambiar el mundo pero sí de crear una reflexión ciudadana, debate y polémica. Y eso es lo que ha generado hasta ahora su obra en los distintos países en los que ha sido proyectada. Él mismo avanza que las imágenes son de muy baja definición y que técnicamente se trata de un material pobre, es cierto, pero por un lado esa calidad low-fi le confiere un aire consecuente con el contenido y, por otro lado, no había más opción: o se mostraba así o no se mostraba. Estamos en la era Wikileaks, dónde en ocasiones como esta, lo principal es que la información escape del secretismo.

El documental recoge una selección de 8 horas de interrogatorio que fueron grabadas en 4 días de 2003 en la cárcel de Guantánamo. Las preguntas las realizan agentes secretos del CSIS (el Servicio de Inteligencia canadiense) y el prisionero es Omar Khadr, un joven de 16 años acusado de matar a un soldado norteamericano en Afganistán en 2002, y a quien el Pentágono quiere juzgar como criminal de guerra. Las imágenes fueron desclasificadas gracias a los abogados del preso, apoyándose en que era menor de edad, aunque el CSIS obtuvo la autorización de los tribunales para borrar algunos de los pasajes sonoros del vídeo. Los canadienses, siempre utilizados como ejemplo de pacifismo y ciudadanos modelo respecto a sus vecinos norteamericanos, salen mal parados en esta cinta. De hecho, la película no recibió ni dinero público ni el apoyo del gobierno de Canadá, país donde reside Henríquez. Éste explicó que las reacciones allí fueron muy variadas: la parte francesa se indignó y reaccionó con encendidos debates mientras que la parte anglosajona, a pesar de concederle buenas críticas, no quiso acogerla en ningún festival.

El documental se divide en cuatro partes, según el tinte que va cogiendo el ambiente en la sala en la que se desarrollan los hechos: esperanza, ruptura, chantaje y fracaso. En un primer momento, Omar cree que los que van a interrogarle están ahí para ayudarle, ya que son canadienses, como él, y además, parecen amables. Poco a poco el joven se va dando cuenta de que no han venido a protegerle, sino todo lo contrario. Finalmente el interrogatorio se convierte en dos monólogos que parten de lugares lejanos y que van en direcciones opuestas. Así que la única lúcida conclusión que saca el joven es la que da título al documental: “A ustedes no les gusta la verdad”. Las imágenes del interrogatorio son complementadas por entrevistas a soldados, políticos estadounidenses y canadienses, psiquiatras, ex compañeros de prisión de Omar, abogados, reporteros y familiares. Si bien el interrogatorio por sí mismo tiene suficiente fuerza y no exige añadir estos testimonios, escucharlos nos permite salir de la claustrofóbica sala de interrogatorios y conocer el mundo que rodea al joven preso, aunque sea desde la distancia.

La tercera película de esta sección, Last chapter, goodbye Nicaragua (2010) es un claro ejemplo del documental como forma de expiación y autoconfesión. El 30 de mayo de 1984 explotó una bomba durante una conferencia de prensa en La Penca (en la frontera entre Nicaragua y Costa Rica). El atentado mató a siete personas e hirió gravemente a 22. A pesar de no haber sido el que puso la bomba, el periodista sueco y director del documental, Peter Torbiörnsson, lleva desde entonces soportando el peso de su responsabilidad en ese hecho, lo que le empuja a regresar a Nicaragua y escarbar en lo sucedido. En el momento del atentado, Torbiörnsson trabajaba como corresponsal de la radio y la televisión sueca. Poco tiempo antes de la rueda de prensa, el gobierno sandinista, cuya causa él apoyaba totalmente, le pidió que aceptara como compañero de viaje al que supuestamente era un fotógrafo danés, y que finalmente resultó ser el terrorista que hizo estallar la bomba. El realizador enfrenta a su carga personal y a la traición de una revolución en la que creía. El desencanto y la amargura así como su honestidad a la hora de admitirlas, están presentes durante toda la película. Tras la película, Torbiörnsson respondió emocionado y nervioso a las preguntas que se le hicieron, generándose en la sala un interesante debate con algunos espectadores que también habían padecido la desilusión tras ver en lo que se acabó  convirtiendo esa revolución (y otras de la época). También explicó que va a presentar la película en Nicaragua a finales de mayo, y que teme por su vida. Quienes organizaron el atentado ahora ocupan cargos en el gobierno. A diferencia de Thet Sambath, él sí muestra obsesión y enfado cuando por fin puede enfrentarse a Tomás Borge, el entonces ministro del Interior y uno de los que supuestamente ordenó poner la bomba. Lo que tiene en común con el camboyano es que la respuesta, negativa y furiosa del criminal, lo único que logra provocar es violencia interna. A pesar de que el alivio que busca experimentar Torbiörnsson ni ha llegado ni va a llegar nos quedamos con la idea del film como catarsis para seguir adelante.

Inicio   1 2

Un Comentario

  1. Un aviso importante: El festival Encuentros del Otro Cine EDOC se realiza hace 10 años en 6 Ciudades del Ecuador, es a mi parecer el mejor festival de Documentales en Latinoamerica,traemos 15 mil espectadores (contados mediante auditoría externa) este año es nuestro cumplaños y tendremos varias de las películas que han pasado por Barcelona, este esfuerzo ha permitido que vengan los mas importantes directores del mundo a Quito y de paso nuestro presupuesto es minimo!
    Esto lo digo para que vuestra revista sea una vitrina de lo que sucederá en Mayo.
    Abrazos

SUSCRIPCIÓN

Suscribirse a la newsletter

Redes sociales y canales de vídeo

  • Facebook
  • Twitter
  • Vimeo
  • ETIQUETAS

    ARCHIVO