John Gianvito

Entrevistamos al cineasta John Gianvito en el festival Punto de Vista de Pamplona, donde conversamos con él acerca de una de las obras que más ha marcado el cine documental norteamericano presente, Profit motive and the whispering wind, y de su última película, que transcurre en Filipinas, Vapor Trail (Clark).


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Nos gustaría comenzar hablando de Profit motive and the whispering wind (2007), tu película anterior y gracias a la cual te conocimos en nuestro país. ¿Cómo surgió la idea?

No soy un cineasta que tenga proyectos o guiones escritos y espere a tener dinero o una oportunidad para ponerlos en marcha. Generalmente cada proyecto está vinculado y se deriva del anterior. En el caso de Profit motive, había terminado una película muy ambiciosa, o al menos ambiciosa para mí ya que no estoy acostumbrado a trabajar con un gran equipo y con un presupuesto muy elevado que todavía seguía pagando. En aquel filme  [The Mad Songs of Fernanda Hussein, 2001] ofrecía una visión muy crítica de la posición de los Estados Unidos durante la primera Guerra del Golfo, y me di cuenta de que al final de ese largo proceso —casi siete años—, la situación era todavía peor que cuando había comenzado a trabajar en el proyecto.

Necesitaba realizar un trabajo en el que pudiera ver alguna señal de esperanza, no sabría cuál sería pero ese fue el impulso. Retomé un libro que ya había leído anteriormente y que significa mucho para mí: A People’s History of the United States de Howard Zinn. Releyéndolo pensé que me gustaría hacer algo con él, rendirle una suerte de homenaje… subyacía un deseo personal. Mi idea inicial era realizar un cortometraje, una pieza de unos diez minutos de duración que pudiera rodar en solitario, sin equipo y, por aquel entonces, barajaba otros elementos que no están ahora en el filme, como citas o material de archivo. Pero en cualquier caso, no tenía guión, trabajaba de forma orgánica, iba explorando, imagen a imagen… Y en ese proceso de exploración, visitando los cementerios donde yacen los individuos que Zinn señala en su libro, me di cuenta que personas que yo pensaba que tenían una gran relevancia estaban enterradas en lugares escondidos donde ya nadie los visitaba. En otros casos, la gente había depositado en las tumbas objetos que me resultaban intrigantes o lo que me llamaba la atención fueron las citas inscritas en las lápidas. Todos estos aspectos me fascinaron y pensé que si tiraba de ese hilo quizás tendría los elementos suficientes para hacer una película.

Dices que es un homenaje al libro de Zinn, pero también es un tributo a todas las personas que aparecen en él, una suerte de monumento…

Por supuesto, sí que lo es. Algunas personas que han visto la película me han comentado que han tenido la sensación de ser ellas mismas las que han visitado esos lugares, dedicándoles su propio tiempo. Aunque, de todas formas, la palabra monumento es un poco tramposa. La intención de la película es preservar la memoria histórica, y eso es algo que está en casi todas mis cintas, pero no creo que sea sólo una cuestión relacionada con reclamar la memoria sino con activarla, hacerla útil de alguna forma. Miro al pasado como una forma de activar nuestro presente. El objetivo es invitar a la gente a que descubra esta historia alternativa compuesta de personas que deberíamos recordar pero de las que ni siquiera sabemos sus nombres. Los nombres, por tanto, funcionan como una puerta para asomarse a este pasado.  No tiene tanto que ver con la historia particular de cada uno de los individuos, puesto que lo que consiguieron también fue posible en muchos casos gracias a la ayuda y la muerte de mucha otra gente anónima de cuya identidad no quedó rastro…

Quizás un aspecto clave en esa sensación de estar allí que has comentado es la presencia y la importancia del viento…

El viento tiene varias resonancias en el filme. Por una parte, es una metáfora clara para plasmar el espíritu y la energía de estas luchas, una energía que pervive. Y creo que si escuchamos, nuestra conciencia puede oír esa llamada a formar parte de esa trayectoria y contribuir a las causas por las que toda esta gente luchó. Tiene ese significado, pero está claro que también es sólo el viento, y cada persona tiene una relación particular con la naturaleza, con sus cualidades espirituales… Pero si pienso en ello, creo que en esencia lo que estoy filmando es algo invisible, así que también es similar a filmar muchas de las tumbas en las que a menudo ni siquiera encuentras el nombre grabado en la piedra… Todos los elementos remiten a esta historia invisible.

Actualmente en EE.UU., son varios los directores interesados en recuperar esta historia de la izquierda americana. ¿Tienes relación con estos autores? Pensamos, por ejemplo, en Travis Wilkerson.

Nos conocemos… Travis es un buen amigo y es uno de los directores con los que siento una fuerte conexión espiritual e ideológica y hemos colaborado en ocasiones. Gracias a él mi película anterior, The Mad Songs of Fernanda Hussein se editó en DVD, yo le invité a participar en mi último filme como parte de lavoz over de Vapor Trail, y también hemos conversado sobre hacer un proyecto juntos…

Desde España, al menos, da la sensación de que existe una especie de comunidad de directores que trabaja en la misma línea.

¿Te refieres a que si existe o a que si es algo que yo experimento? Me gustaría que existiera más, que viviéramos más cerca… En mi caso, yo descubro a muchos cineastas americanos cuando viajo al extranjero, en lugares como el Festival de Viena o aquí, en Punto de Vista, pero ocurre menos en los Estados Unidos.

Hablemos de tu último filme, Vapor Trail (Clark). ¿Cómo descubriste el problema que aborda la película: los devastadores efectos que en la salud de la población colindante tenían las bases militares estadounidenses en Filipinas?

La primera vez que tuve noticias de ello fue gracias a un artículo de investigación publicado en el Boston Globe en 1999. Me conmovió profundamente lo que leí e inmediatamente me recordó a lo que ya sabía sobre el desastre de Miramata, el envenenamiento por mercurio en Japón que tan bien documentaron el gran director Noriaki Tsuchimoto y el fotógrafo Eugene Smith.  Recorté el artículo y lo guardé, pensando que algún día profundizaría en lo que había pasado. Años después estaba desarrollando una ficción sobre un colectivo de activistas de los medios de comunicación en Boston inspirado en el ejemplo de Indymedia, que arrancó en Seattle durante las protestas contra la cumbre de la Organización Mundial del Comercio y que fue fundamental para desafiar y esquivar la hegemonía de las grandes corporaciones mediáticas. Mi idea para este proyecto era ver cómo uno de estos grupos filmaba documentales: seguirlo durante las fases de desarrollo y, a menudo, centrándome en la sala de edición, viendo cómo transcurrían las discusiones sobre lo que filmaban, sobre la relación entre la imagen y el sonido, ver diferentes opciones de montaje y quizás nunca la pieza terminada. Tenía también la idea de que si llegaban a terminar uno de los documentales, lo que se mostraría sería un pase público y las reacciones de la audiencia para incluir estos debates en la estructura general del filme. Yo propondría los temas para un par de documentales y dejaría que los actores que había elegido los desarrollaran, y uno de estos temas fue la contaminación tóxica alrededor de las bases militares… Es una historia muy larga, pero para contarlo de forma resumida, como parte del proceso, en el verano de 2006 viajé por primera vez a Filipinas para hacer una primera investigación sobre el terreno, y con la idea de volver más tarde con un actor para realizar mi película. Pero bastaron dos o tres días para que viera de primera mano la gravedad de la situación y me cuestionara, apelando a mi conciencia, cómo podía incluir esta historia dentro de un filme donde había muchas otras ideas, así que decidí centrarme  en este tema y empezar a filmar. Por otra parte, yo nunca había filmado un documental por mi cuenta. Es decir, no sé si Profit motive es un documental, algunos festivales lo han mostrado dentro de esta categoría y otros en la de experimental, pero en cualquier caso comencé a grabar y bueno cometí muchos errores, aunque seguí intentándolo y pensando cómo representar de forma apropiada todo aquello.

Dada la complejidad del asunto que abordas, ¿cómo fue el proceso de producción/realización? O más bien, ¿cómo te desenvolviste allí?

Meses antes de viajar descubrí una organización establecida en San Francisco que durante los últimos años había estado enviando voluntarios a Filipinas para que trabajaran con las víctimas de los contaminantes tóxicos generados por las bases marinas y navales. Les hablé de mi proyecto y les pregunté si podía unirme a ellos la siguiente vez que realizaran un viaje. En ese momento ya no estaban trabajando específicamente en ese asunto, pero me pusieron en contacto con una ONG filipina, The People’s Task Force for Bases Clean-up, dirigida por Myrla Baldonado, que tenía buena relación con la comunidad, las víctimas, sus familias, etc. Me dijeron que si me ganaba su confianza, ella sería la persona adecuada para guiarme en este proyecto. Juntos lo debatimos y comentamos quiénes serían las personas más adecuadas para hablar sobre el problema. Y creo que una de las mejores decisiones que tomé fue no sólo filmar a las personas con las que la ONG estaba trabajando, sino también girar la cámara hacia la propia organización, porque estaba interesado en saber cómo había alcanzado un compromiso tan profundo con este tema durante un periodo de tiempo tan amplio.

De hecho, cuando comencé a interesarme en su historia fue al principio de mi viaje, cuando trataron de llevarme a las zonas más contaminadas por la base Clark. Para las personas que no han visto la película, la base fue evacuada por primera vez en 1991 cuando el gobierno filipino decidió no renovar la licencias a las bases americanas —los EE.UU habían estado allí cerca de 90 años. Por aquel entonces casi cualquiera podía moverse con facilidad por ese área, no había restricciones pero justo cuando fuimos todo estaba cerrado, no sabíamos por qué. Encontramos un camino muerto y pensamos que quizás nos llevaría al área que queríamos visitar, pero eventualmente nos encontramos con un muro que cortaba la carretera y aparecieron unos hombres. Uno de los guías, que más tarde aparece en el filme, nos comentó que aquellos hombres estaban implicados en una serie de asesinatos que habían tenido lugar en ese área, él los conocía porque había tratado de reclutarlos pero ellos no querían tener nada que ver con el tema… Finalmente nos fuimos, pero en ese momento aprendí algo sobre la gente con la que estaba trabajando. No recuero mi reacción, la cámara estaba en el suelo, así que no tengo material de este incidente pero si hubiera tenido la cámara quizás tampoco hubiera tenido nada de material… Estos compañeros me contaron como en sus años de juventud, durante el gobierno de Ferdinand Marcos, habían estado en prisión, habían sido torturados… En definitiva, aquella experiencia me habló de su relación con la vida y la muerte, y desde luego era otra dimensión, una perspectiva muy diferente a la mía y en aquel momento decidí que también tenía que contar sus historias.

De hecho, tu película tiene muchas capas. Confluyen muchas historias, como por ejemplo la visita del príncipe de Mónaco, Andrea Casiraghi, que es absolutamente extraña, pero al mismo tiempo muy significativa…

Una de las cosas que una vez me dijo un miembro de la audiencia y que ahora uso cuando la gente me pide que justifique la duración de la película, sus cuatro horas y media, es que es un poco como la visita del príncipe en la película cuando varias ONGs filipinas insisten en que The People’s Task sólo les muestre a tres o cuatro familias y no a toda la comunidad. ¿Por qué tiene que verlas todas?, preguntan. En cierta forma también tiene que ver con su preocupación porque el resto de causas humanitarias se vean eclipsadas por la magnitud de Clark y Subic, entonces dejarían de recibir el dinero que recibían… Alguien me podría decir que no tengo que filmar a toda la gente que sufre que podría filmar tres o cuatro casos, pero eso no me parecía justo.

¿Se ha proyectado la película en Filipinas?

The People’s Task Force tuvo dos proyecciones privadas para los miembros de la comunidad, alrededor de Clark y de Subic y he tenido muy buena respuesta por parte de la gente de allí. Tratamos de hacer un pase público con la colaboración del cineasta Lav Diaz, el cuatro de julio que nos parecía que podía ser una fecha apropiada, pero por dificultades publicitarias fue un pase muy, muy, reducido, asistieron siete u ocho personas. Así que estamos intentando tener otra oportunidad. El problema es que si pretendes proyectarlo fuera del circuito universitario tienes que pasar por un comité de censura y estoy convencido de que la película sería censurada puesto que es lo que ocurre con la mayoría de las películas controvertidas, pero en cierta forma eso también reportaría ventajes: si en los medios se hace referencia a un filme censurado, habría gente que nunca estaría interesada por una película de esta duración o por un documental en general y que, al menos, sabría que existe.

Desde tu punto de vista, ¿cuáles son las conexiones entre Vapor Trail y Profit Motive?

Creo que el nexo común es el interés en la amnesia histórica, citando a Noam Chomsky él dice que la amnesia histórica es un fenómeno social peligroso, ya que establece las bases para los delitos que se le avecinan. El estudio de la historia no es una cosa neutra. En mi caso no sólo estoy interesado en el hecho de que la gente no sepa nada sobre la guerra filipino-americana y crea que deberían, mi argumento en filmes como Vapor Trail es que temas como el medio ambiente o la toxicidad en los cuerpos de la gente no habrían ocurrido si la memoria histórica no hubiera sido borrada. Y no es una cuestión de que haya sido olvidada, sino que definitivamente ha sido suprimida. Mi trabajo consiste en mirar a esas supresiones históricas como una forma de balancear el poder político de la actualidad. Hago películas que son utilitarias, creo que una película es algo que puedes usar, no sólo algo con lo que puedes matar un par de horas de una tarde. Estoy convencido de que el cine tiene el poder de marcar la diferencia, cambiar las cosas… Y no sólo hablo de lo que pueda pasar con mi trabajo, que ciertamente es una de mis aspiraciones, pero si estudias la historia del cine hay muchos ejemplos de cintas que de forma significativa han contribuido a cambiar la vida de la gente. Es algo que vemos también hoy, ¿por qué Gadafi trata de controlar Internet?

Otro aspecto definitorio de tus filmes es la simplicidad en el estilo.

Mi estilo es una combinación entre mis propios impulsos intuitivos, una suerte de relación entre tu razón y tu intuición. Me interesan las imágenes que permiten ser exploradas, es decir, no me gusta que como espectador mi ojo sea dirigido hacia un punto concreto del plano o la composición, me gusta mirar libremente todo el cuadro. También me gustan las películas que no sólo te permiten, sino que también te animan a tener tus propios pensamientos mientras transcurre el visionado, así que de forma intencional proveo de un montón de espacio contemplativo en mis filmes. Puede que alguien se ponga a pensar en cosas que no tienen nada que ver con el filme, pero esta es mi apuesta y así es como concibo su realización, en el sentido de que yo creo que hago la mitad de la película y la otra mitad la construye o la deja de construir el público con lo que yo le doy.

¿Nos podrías hablar de tu siguiente proyecto? Tenemos entendido que Vapor Trail, es la primera parte de un díptico.

Cuando volví a los EE.UU y miré el material fue cuando me di cuenta que, desde mi perspectiva, la película requería un tiempo para que la gente contara sus historias, éstas no podían quedar reducidas a pinceladas. Así que decidí usar la separación geográfica  entre la base naval (Clark) y la base aérea (Subic) como una división estructural entre las dos partes del filme. Y, bueno, anticipo que va a tener una duración similar, hay una serie de esquemas formales que son espejo del primero y espero que dentro de un año esté terminado. Hay otro proyecto que tengo en mente y que tiene que ver con Afganistán, pero es todavía un proyecto…

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