IFF Rotterdam. Ruta alternativa

Es difícil resumir el festival de Rotterdam, su gigantesca propuesta tiene variados caminos de lectura. En líneas muy generales, es como un gran escaparate de propuestas cinematográficas dispares que apuesta por un cine entre lo autoral, lo alternativo y lo radical. Un criterio de selección atento, abierto y receptivo ante el complejo alud audiovisual contemporáneo.


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0. No debería
1. Lo alternativo dentro de lo alternativo
2. Desorden y agujeros
3. Colapso y decadencia

0. No debería
No debería haberme leído las crónicas de otros críticos sobre el festival de Rotterdam (IFFR 2011) antes de escribir la mía pero lo hice. Así que, para ganar tiempo y evitar rodeos, me apropio de algunas frases que me sirven para definirlo: Covadonga G. Lahera y Arantzantzu Ruiz hablan en Transit de “una variación entre las muchas posibles en un festival gigante” para describir sus elecciones. En efecto, la selección es adrede desproporcionada, eso conlleva que mucha gente de todo el mundo, literalmente, se congregue para asistir al evento. No sólo por lo inédito de muchas de las películas, sino también porque un número considerable de ellas ya pasó por otros certámenes de renombre (Cannes, Venecia, por ejemplo) convirtiéndose así también en un buen sitio para “cazar” las que se han escapado. Comenta Beatriz Navas en Cahiers-España (número 43, marzo 2011) que “muchas de las descripciones que ofrecen las películas seleccionadas son banales y se han colado por los agujeros, un poco anchos, del filtro que el festival ha utilizado este año”. Una definición que encaja con lo que percibí en mi primera visita a este evento. El criterio general da cabida al riesgo, a un cierto cine “de autor”, está abierto al eclecticismo, pero la oferta es tan grande que esos “agujeros” existían y me caí en algunos de ellos.

Ante la inmensidad de obras audiovisuales que se culminan anualmente, hay festivales que marcan una línea de criterio clara y estricta, son los que saben qué quieren y hacia donde van. Hay otros que se pierden dentro complejo magma fílmico y también hay quienes, para orientarse, siguen a los que marcan la pauta, que no es ninguna mala opción. Rotterdam es otra cosa: abduce películas. No se cierra ante la vorágine de films sino que hace de contenedor para ellos, con diversidad de escaparates que despiertan el interés de distintos sectores cinematográficos.  Así, el número total de títulos proyectados superó los 450. Constatar que el festival tiene una excelente maquinaria de organización y un presupuesto adecuado para programar tan elevada cifra y para coordinar y gestionar con eficacia todo lo que esto acarrea.  Sólo añadir, para cerrar este breve capítulo de descripción genérica del festival, que la acogida al público, con enormes y confortables espacios funcionando como puntos de encuentro, dan un clima cálido muy necesario en la fría ciudad y hacen converger a su multitudinarios visitantes  en lugares idóneos para conocerse y conversar.

1. Lo alternativo dentro de lo alternativo
Si consideramos que el festival apuesta por un cine alternativo dentro del panorama cinematográfico general, mi “variación” creo que fue alternativa dentro de lo alternativo. Fascinado por el océano de cortometrajes que tenía delante de mis ojos, me sumergí en sus profundidades (sección oficial de cortos y Spectrum Shorts) y añadí lo que pude de la sección Bright Future (primeras o segundas películas de prometedores realizadores). Dejé bastante de lado la sección que obviamente más atención mediática atrae, la oficial de competición de largometrajes. Y además en todo este embrollo di un poco de prioridad por el documental y el experimental.

Si injustamente me obligaran a elegir un solo cortometraje de todos los que vi, me quedaría con Out (Tse, Israel, 2010) de Roee Rosen, por ser capaz de psicoanalizar el odio y la crueldad de gran parte de la sociedad de su país en sólo veinte minutos con una extraña elegancia. Rosen, de quien ya habíamos hablado de otro cortometraje, la irreverente sátira Hilarious (1), nos presenta dos jóvenes mujeres practicantes sadomasoquistas, de orígenes sociales y políticos distintos. Después de la presentación pasamos al acto, la humillación consentida. Los golpes provocan la expulsión de aullidos y palabras de la mujer sodomizada, palabras que se transforman en frases de Avigdor Lieberman, actual ministro de exteriores de Israel. Las frases de este político, llenas de racismo, ultraviolencia y fanatismo, salen de las entrañas de la chica como si emergieran de la joven sociedad israelí, impregnada en sus visceras de la contradicción dolor/placer. Su voz está distorsionada como si estuviera posesa, como si la nación tuviera en su corazón un demonio incrustado. La liberación de Rosen de los malos espíritus culmina con una canción tradicional mientras las partes traseras de la chica reposan en una almohada. La expulsión de los demonios del sionismo, El exorcista como propuesta fílmica de catarsis para echar fuera, out, la malignidad que impregna lo más hondo de la sociedad israelí, endemoniada raíz origen de conflictos, represión y muerte.

Si me dieran una segunda oportunidad, me quedaría con Trypps#7 de Ben Russell, un fascinante cortometraje donde la repetición de sonidos nos sitúa en un estado meditativo, donde el engaño visual nos descubre que lo real no es tal sino sólo un reflejo (o varios) de lo que vemos. La relación entre el extraño movimiento de la cámara y las ondas sonoras convierte la película en sensible a las vibraciones invisibles, como si pudiera percibir el aura de una persona o su estado mental. Si tuviera otra oportunidad, me decantaría por I lupi (Alberto de Michele, Italia, 2011), un documental canónico en su forma pero divertido y original. Trata de una banda de atracadores de Milano, “los lobos”, quienes trabajan sólo en las épocas de niebla, amparados por la penumbra que esta les proporciona. La narración oscila entre la leyenda y la historia, entre tonos grisáceos y planos oscuros, una imagen desdibujada y misteriosa que tampoco acaba de dilucidar que es real y que no. Última mención de esta personal y libre  selección para All flowers in time de Jonathan Caouette (Estados Unidos, Canadá, 2010). Aunque la historia me pareció un poco banal, es un placer ver como este realizador encuentra la relación perfecta entre música e imagen con aparente facilidad, algo ya comprobado en la trepidante All tomorrow’s parties, obra maestra del remontaje contemporáneo.

“This is a desktop documentary”
Un cortometraje singular fue A short film about the war (Jon Thomson, Alison Craighead, Reino Unido, 2010) (2), desarrollada con apropiación de material exclusivamente sacado de internet (la investigación, el texto en off , las imágenes de archivo). Los directores lo llamaron “desktop documentary”, un documental “de escritorio” (en referencia al concepto de desktop como usuarios de informática). A través de blogs de activistas, cooperantes, testimonios o soldados que habían presenciado diversas guerras o situaciones extremas, y usando sus imágenes o imágenes relacionadas con ellas, construyeron un relato a modo de compendio de estas experiencias con un trasfondo pacifista. La organización del material es una mezcla de lenguaje informático y lenguaje cinematográfico. Pantalla partida, imágenes a la izquierda, cita de todas las fuentes a la derecha en un texto en movimiento, más la lectura de fragmentos de los textos, conformaban un peculiar “blog audiovisual”. Su recorrido mundial y su propuesta multi-informativa corresponde con la capacidad de internet de transmitir información y contrainformación, con inmediatez y de primera mano, sobre gran parte de los acontecimientos que ocurren en el mundo. Un nuevo acercamiento en la búsqueda de un lenguaje común que conecte el mundo internauta, las redes sociales y el audiovisual.

(1) Cahiers España, septiembre 2010, FID Marseille “Mirar, pensar, subvertir, transformar”, pág. 54.
(2) El cortometraje se puede visionar en streaming en la web Thomson & Craighead.

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