BAFF: ¿Dónde está la casa de mi familia?

Varias películas exhibidas en el 10º Barcelona Asian Film Festival no han hecho sino confirmar ese resquebrajamiento embrionario, esa crisis en el hogar, esa manifestación de algunos de los temores e inseguridades universales cuando llueve sobre mojado.


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(SO) Sección Oficial; (AS) Asian Selection; (D-C) D-Cinema

Mucho antes de que Paul y Peter infligieran una contundente humillación a base de huevos prestados, palos de golf y mandos de vídeo a una familia burguesa austríaca en Funny Games (1997), la crisis ya iba desarrollándose sola en el seno familiar y conyugal a la espera de saltar definitivamente por los aires. Las taras y disfuncionalidades afectivas de andar por casa han sido siempre un recurrente tema cinematográfico y materia suficiente para reflexionar sobre el modelo tradicional que ha venido configurando la sociedad hasta la fecha.

“FAMILIA BAFF”
Varias películas exhibidas en el 10º Barcelona Asian Film Festival (BAFF), celebrado entre el 25 de abril y el 4 de mayo, no han hecho sino confirmar ese resquebrajamiento embrionario, esa crisis en el hogar, esa manifestación de algunos de los temores e inseguridades universales cuando llueve sobre mojado. Sad Vacation, Foster Child, The Rebirth, Tambolista o Ploy han sido algunos ejemplos. La “familia BAFF”, sin embargo, ha cumplido 10 años con bastante buena salud, aunque se han echado en falta espacios de debate y reflexión o mesas redondas como las celebradas en alguna edición anterior (1). Aunque el comienzo del décimo BAFF se vio algo empañado por la suspensión de la popular celebración de apertura en el bar del Museo Marítimo barcelonés, otros tantos actos han conmemorado una década de esfuerzos por aproximar cine asiático al espectador interesado que no puede encontrarlo en la cartelera comercial. Quedarán en el álbum memorístico del BAFF’08 el “Especial Hong Kong”, cinematografía invitada, y la visita de Johnnie To (2), del que se proyectaron The Mission (1999), Running out of time (1999) y Sparrow (2008), su último filme. También, el pase especial de la imprescindible Goodbye Dragon Inn (2003), de Tsai Ming-liang, en la sala Apolo con música en directo de Fibla y Árbol. Imprescindible también la económica edición (45 euros) de Avalon del pack “BAFF: Edición 10º Aniversario” con estos seis títulos: Shara, Love will tell us apart, After Life, Syndromes and a Century, The Taste of Tea y Goodbye Dragon Inn. En la programación oficial también se incluyó la retrospectiva BAFF10, una selección de diez largometrajes clave en la trayectoria del certamen. No obstante, no podemos explicar cómo un filme tan tramposo y estirado como Oasis (Corea del Sur, 2002), de Lee Chang-dong, con “ticks Von Trier” incluidos, pudo ganar en su día el Premio del Público del BAFF y recibir tan increíble acogida en el Festival de Cine de Venecia de 2002. La nueva película de Lee Chang-dong, Secret Sunshine (2007) (SO), se ha llevado este año el recién creado Premio Cinematek-Avalon obteniendo el compromiso del canal de televisión y de la distribuidora para exhibirla/distribuirla en nuestro país. A nosotros Oasis nos había dejado demasiado tocados… y no solemos tener muy buen ojo para anticipar galardones. Corea del Sur fue la cinematografía que aglutinó los dos premios más importantes de este BAFF –el Durián de Oro (Casa Asia) fue para With a girl of black soil (Corea del Sur, 2007) (SO), de Jeon Soo-il– y sin embargo, para nosotros, brillaron con más fuerza Filipinas, Camboya o Tailandia.

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(1) Crónica de la séptima edición del BAFF en la web Tren de sombras donde Manu Yáñez celebra “la organización de mesas redondas en torno a dos temas fundamentales para la comprensión del creciente interés que despierta el cine asiático tanto a escala nacional como mundial: Los festivales, la distribución y el cine asiático por una parte, y El DVD en el mercado audiovisual. The Asian Connection por el otro”.

(2) En el blog del BAFF pueden verse/leerse un par de entrevistas con el realizador hongkongnés realizadas durante su estancia en Barcelona.

FILIPINAS NEW WAVE

La cinematografía de Filipinas sigue sumando nombres a los ya conocidos de Raya Martin, Khavn de la Cruz y Lav Diaz. Desfilaron por el BAFF de este año los últimos trabajos de Brillante Mendoza y Adolfo Alix Jr. Tanto Foster Child (Filipinas, 2007) (AS) como Tambolista (Filipinas, 2007) (SO) son una muestra de que el actual cine filipino reivindica la mirada documental, aunque sin renunciar totalmente a la ficción para alcanzarla.

Aunque el final de Foster Child se adentre en los esquemas de una fácil emotividad, la exploración y retrato que efectúa Brillante Mendoza -recientemente en la competición de Cannes con Serbis (2008)- de una miserable barriada de Manila transmite la intensidad de una realidad herida y olvidada reclamada desde la pantalla para ser tenida en cuenta. Durante todo el primer segmento de contextualización del filme, Mendoza logra planificar los recorridos de la cámara de modo que el espectador se siente penetrando en una asfixiante, sombría e insalubre cotidianeidad. Hasta allí llega la directora de un centro de adopción, la Madam, para supervisar los cuidados dispensados por las madres de acogida/de alquiler a sus hijos adoptados. Mendoza no esconde la mirada crítica y nos muestra cómo se han ido construyendo lazos afectivos madre-hijo sin precisar de consanguinidad y cómo esos lazos, al formar parte de una transacción económica, serán trágicamente rotos. Escenas memorables por su ternura natural y su tristeza implícita como la escena que transcurre en el baño de un lujoso hotel. Rodada en cinco días, el filme obtuvo el Premio SIGNIS (Asociación Católica Mundial para la Comunicación) en el pasado Festival Internacional de Cine de Las Palmas, certamen donde pudieron verse ya muchas de las películas presentes en este BAFF.

En Tambolista, el director Adolfo Alix Jr. desmonta la línea lógica temporal mediante un montaje con constantes saltos donde las causas y las consecuencias permanecen ligadas aunque obtiene un resultado bastante efectista. Sin duda, lo más interesante del filme es su opción por una puesta en escena en blanco y negro (3) y una banda sonora confeccionada a base de batería, el trágico repicar que planea durante toda la película, el sonido soñado por el niño protagonista y que acabará adquiriendo connotaciones trágicas.

No nos atrevimos con las nueve horas de Death in the Land of Encantos (Filipinas, 2007) (D-C), de Lav Diaz, director aficionado a la realización de hipermetrajes. Diaz ya estuvo presente en la edición de 2005 con las diez horas de Evolution of a filipino family (2004) y es uno de los directores filipinos atraídos por la expresión en digital. La duración del filme y la ya supervisada e incómoda sala del Espacio Cultural de Caja Madrid donde se proyectaba nos echaron para atrás aquella mañana del sábado 3 de mayo. Death in the Land of Encantos se proyectó en el marco de un programa monográfico sobre la cultura hidrológica en los países asiáticos y retrata las devastadoras consecuencias del huracán Durian (que no Durián, máximo galardón del BAFF) tras su paso por las islas. La serie Water Voices (2007) (D-C) formaba igualmente parte de esta retrospectiva. Nueve documentales localizados en diferentes zonas de Asia pretenden activar una conciencia ecológica abordando la problemática de la escasez de recursos, su desequilibrada distribución, el impacto ecológico de los complejos turísticos… Aunque interesante, Water Voices no trasciende su carácter de serie televisiva con una forma didáctica algo tediosa y acompañada de una cansina voz en off. La sección D-Cinema acogió otras tres cintas filipinas: Philippine Science (Filipinas, 2007), de Calo Solito; Tribu (Filipinas, 2007), de Jim Libiran; y Balikbayan Box de Ramon Mez de Guzmán (Filipinas/Holanda/Suiza, 2007). Pero en todo festival el tiempo apremia y desgraciadamente, tuvimos que relegar esta sección.

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(3) “Quería que la audiencia sintiera a los personajes. Quería una historia muy cercana. Por eso prescindí de los colores, para conseguir sombras. Encontré un equilibrio con esto. Es una historia complementada con la ciudad. Con las calles, con las multitudes…”: declaraciones de Adolfo Alix Jr. en la web de AsiaRed

(4)

Artículo en inglés sobre Diaz y su filme Death in the Land of Encantos a cargo de Robert Koehler en la revista canadiense CinemaScope.

RETRATANDO ESPACIOS, REIVINDICANDO VOCES

Si Foster Child y Tambolista transcurrían en espacios oprimidos, claustrofóbicos y asfixiantes en barrios de Manila, varios filmes de este BAFF suceden en localizaciones casi únicas cuyas tramas se configuran en torno a fenómenos contemporáneos como la incomunicación, el hastío y las múltiples derivaciones de la marginalidad. Este tratamiento del espacio como un expresivo síntoma social, como un microcosmos habitado por “los otros” y sus tragedias, tiene su equivalente en las viviendas casi derruidas de la Tailandia que muestra Rithy Panh en Le papier ne peut pas envelopper la braise (Francia/Camboya, 2007) (AS) – reseña de Anna Petrus en este mismo número de Blogs & Docs -. Este documental provoca el enmudecimiento de la platea al ofrecer un retrato espeluznante, directo e intensamente real del día a día en las vidas de un grupo de niñas/jóvenes sumidas en el pozo de la prostitución. Los brutales testimonios de éstas articulan el mecanismo dramático de un filme de una honestidad seca y desgarradora. Algunas de ellas, marcadas por el signo de la fatalidad tras salir de los campos de refugiados de los jemeres rojos, simplemente cambiaron de verdugo.

Si Wang Bing reivindicaba el valor histórico y humano de Fengming en Fengming: A Chinese Memoir (2007) exponiéndose a sí mismo, a la cámara y al público frente a ella durante algo más de tres horas, Rithy Panh cambia de plano con más frecuencia, pero persigue idéntico objetivo: instarnos a escuchar y a grabar en nuestra memoria las voces, los ojos, la piel, el rostro entero de esas víctimas ocultadas, abandonadas, ignoradas, condenadas a una terrible e infinita pesadilla. Sólo la lluvia y los juegos de pintar y recortar alejan durante unos minutos esos cuerpos infantiles de la vejación, la perversidad, el maltrato, la drogadicción, el hambre, la inmundicia, el sida… El aborto, el sida o el suicidio como letales convidados a la mesa de lo real. En un plano, vemos una fotografía de una playa con una sirena en primera instancia. Más adelante volveremos a verla, pero la sirena ya no ocupa su espacio y el vacío la ha suplantado. Ni rastro de la familia. Ni rastro de la sociedad.

De la sociedad huyen precisamente los lacónicos protagonistas de The Rebirth (Japón, 2007) (SO), de Masahiro Kobayashi, también guionista y protagonista, que obtuvo con este título el Leopardo de Oro en Locarno. Fue una de las películas que suscitó mayor disparidad de opiniones y seguramente la única que logró un suspiro colectivo de la sala cuando tras un prolongado mutismo en pantalla y varios planos de acciones reiterativas, a uno de los personajes le vuelve el habla. Casi un milagro. Es uno de esos filmes durante el cual puedes oír casi todo de los espectadores que tienes alrededor. Pese a la exigencia de atención de la propuesta, sólo hubo un abandono de la sala durante la primera proyección. En un planteamiento que recuerda en la distancia a El hijo (2002), de los hermanos Dardenne, Kobayashi construye un artefacto (5) que en algunos momentos resulta forzado, pero que sin embargo logra activar cierto hipnotismo concentrado en la mecanicidad de las acciones que los personajes llevan a cabo de manera rutinaria, desganada, casi muerta. La redundancia de acciones casi idénticas suscita una duda divertida, una búsqueda tensa en el plano: ¿será la misma toma repetida en el montaje? Es precisamente esa búsqueda de pequeños detalles o cambios en los actos diarios el mayor logro que Kobayashi nos anima a realizar. Al director le acompaña la intérprete Makiko Watanabe, frecuente en los filmes de Nobuhiro Suwa. El planteamiento del filme podría resumirse en tres frases: La madre de la hija asesina. El padre de la hija asesinada. El reencuentro de ambos en un espacio cerrado. Kobayashi habla del sufrimiento tras la pérdida, de la desidia vital, del automatismo… y del perdón y del acercamiento emocional como únicas vías de catarsis. No obstante, el artefacto le queda algo aparatoso al atornillar en exceso la maquinaria y apenas dejarla respirar. Una puesta en escena austera acaba saturada por la repetición y el artificio del dispositivo. El resultado difiere del logrado por otras propuestas también construidas sobre la reiteración de lo cotidiano como Whisky (2004) o La hamaca paraguaya (2006). El desenlace escogido para The Rebirth es además una explicitación innecesaria con dos planos fijos de los protagonistas mirando a cámara.

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(5)Adrian Martin realiza una sugerente exposición del concepto de “artefacto cinematográfico” en el número de mayo de la revista Cahiers du Cinéma España, pág. 29. Explica que una “película artefacto” es “sobre todo, un film conceptual (…) que anuncia su estructura al comienzo –en la escena de arranque o incluso en los títulos de crédito- y que después debe seguir esa estructura, paso por paso, hasta el final de la película”. The Rebirth entra dentro de esta categoría y expresa Martin que “revela tanto la excitación como el horror potencial de un artefacto cinemático”.

OTROS NAUFRAGIOS BAJO TECHO

Shinji Aoyama no es Naomi Kawase, ni en su vida ni con su trazo grueso tras la cámara, pero parte de una mutilación familiar para desarrollar su última trama de ficción. Kenji (el atractivo Tadanobu Asano), protagonista de Sad Vacation (Japón, 2007) (AS), huérfano de padre y abandonado por su madre, confecciona una nueva familia haciéndose cargo de la hija de un amigo encarcelado y de un niño rescatado de la venta ilegal de inmigrantes. Aoyama, que además escribe el guión a partir de su propia novela, expresa cómo dicha tragedia vital degenera en una violencia latente, un resentimiento implícito, que se manifestará cuando Kenji se reencuentre con su madre. El filme no encuentra su camino entre la denuncia del comercio de inmigrantes, el drama familiar y el thriller afectado, embarulla los nudos y exagera su desenlace para concluir con una extraña pompa de jabón de dimensiones gigantes.

Otra familia desestructurada protagoniza Bare-Assed Japan (Japón, 2006) (AS), de Ishii Yuya, pero ni la definición de personajes, ni el humor negro que planea bajo sus desorientadas decisiones logran conducir a alguna parte. Algo similar sucede con Waiting for love (Malasia, 2007) (D-C), de James Lee, en su intento por efectuar un apesadumbrado retrato de la pareja contemporánea, del miedo al matrimonio, del enquistamiento de los miedos adolescentes en la edad adulta… Lee es uno de los pioneros en la utilización del digital en su país y Waiting for love es la última entrega de una trilogía a la que preceden Before we fall in love again (2006) y Things we do when we fall in love (2007) (D-C). El cierre de la serie nos resultó demasiado afectado, los diálogos, excesivamente lacónicos, el espacio, muy teatral y frío e incluso las caricias y los besos sonaban feos. Claro que James Lee no es Bergman.

Dos de los filmes más importantes de este BAFF –Foster Child y Le papier ne peut pas envelopper la braise– poseen un fuerte valor documental, especialmente en el caso de los testimonios capturados por Rithy Panh. Por su parte, Jia Zhang-ke, hábil intermediario entre realidades y ficciones, pincha con Useless (China, 2007) (AS), que resulta un retrato bastante anodino y confuso estructurado en tres partes sobre el mundo mercantilizado de la moda, el diseño creativo, las cadenas de trabajo en los talleres textiles… Poco interesante salvo algún sostenido travelling. Cabe esperar tras esta decepción su última película, 24 City (6), aclamada por muchos tras su paso por Cannes.

LA CONEXIÓN TAILANDESA

A falta de un nuevo trabajo de Apichatpong Weerasethakul -de quien volvió a proyectarse Syndromes and a century (2006) en la sección especial BAFF10 tras su paso por el festival en la pasada edición-, Aditya Assarat y el conocido Pen-ek Ratanaruang fueron los representantes tailandeses. Wonderful Town (Tailandia, 2007) (SO), de Assarat, presenta un interesante desarrollo a partir de la llegada de un arquitecto a una cerrada comunidad víctima del tsunami, pero el final, con estallido de violencia a lo Bruno Dumont, no nos convenció. No obstante, el realizador logra construir una hermosa reflexión sobre la incomunicación, la soledad, el contraste entre vivencias…

No nos esperábamos Ploy (Tailandia, 2007) (AS). Habíamos oído hablar previamente de Ratanaruang y de las filiaciones que algunos le marcan con David Lynch, pero no nos esperábamos esta especie de “Lost Highway in translation”. Tras el visionado del último filme del tailandés, situamos su nombre en la mula. El realizador de Invisible Waves (2006) y Last Life in the Universe (2003) parte de un planteamiento similar al de la roselliniana Te querré siempre (1954) y cruza la crisis de pareja con la aparición de una “lolita” descarada y vivaz, la Ploy del título, el elemento desestabilizador. A partir de un espléndido trabajo de puesta en escena, Ratanaruang logra activar una atmósfera inquietante, densa y envolvente en tan sólo un par de habitaciones de hotel. El trabajo con las angulaciones, los movimientos volátiles de la cámara, los sonidos distorsionados de una desasosegante banda sonora… Aunque la película decaiga en su segmento final una vez abandonado el hotel como localización, permanece en el recuerdo la intensa representación de los deseos y miedos más primarios del matrimonio protagonista.

PALMARÉS BAFF’08
Durián de Oro: With a girl of black soil (Corea del Sur, 2007), de Jeon Soo-il
Premio Cinematek: Secret sunshine (Corea del Sur, 2007), de Lee Chang-dong
Premio del Público: Om Shanti Om (India, 2007), de Farah Khan
Premio D-Cinema: Bamboo Shots (China, 2007), de Jian Yi

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(6) Clip de 24 City en la web oficial del Festival de Cannes

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