Rooksporen

Hace un par de años conté una historia un poco exagerada a los encargados del Filmmuseum de Ámsterdam para que me dejaran ver una película. Tuve que llamar varias veces y pagar unos pocos euros, y al final conseguí que me pasaran una película de Frans van de Staak en el sótano del edificio, en una steenbeck que alguien había dejado libre por unas horas.


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Para Manuel Peláez

Hace un par de años conté una historia un poco exagerada a los encargados del Filmmuseum de Ámsterdam para que me dejaran ver una película. Tuve que llamar varias veces y pagar unos pocos euros, y al final conseguí que me pasaran una película de Frans van de Staak en el sótano del edificio, en una steenbeck que alguien había dejado libre por unas horas. Reconozco lo excesivo de la historia: puede decirse que crucé tres países para ver una película en una pantalla diez veces más pequeña que la del televisor de mi casa. O que esa tarde tenía ganas de ir a la filmoteca pero perdí la ruta y acabé dando cerca de mil quinientos kilómetros de rodeo.

Al volver a la luz, al espléndido Vondelpark (hacía sol y el parque por el que ya no me quedaba tiempo de pasear resultaba más incitante que antes) me pregunté por qué mi único día en Ámsterdam se había esfumado así, por qué había empleado casi todo mi tiempo en ir, venir, y las pocas horas de entre medio, las horas que me había quedado quieto, en sepultarme en una triste sala de montaje reconvertida en armario ropero (la del Filmmuseum era, en el fondo –quizá por eso de que los abrigos se colgaran allí- una de las salas de montaje más acogedoras en las que he estado nunca… Aunque no lo suficiente como para que, bien mirada, sólo fuera eso, una sala de montaje, una triste habitación sin ventanas). No tengo respuesta para lo anterior. Y todavía menos una coartada sólida para lo que acabo de contar. Sólo puedo decir que Frans van de Staak nació en Ámsterdam en 1943 y murió en esa misma ciudad 58 años después; que a lo largo de su vida hizo 27 películas, ninguna de las cuales fue nunca mencionada en Cahiers du Cinéma; que con Johan van der Keuken quizá sea el cineasta más importante que ha habido en Holanda, sin que en su caso esto significara recompensas o comodidad. Y que quien alguna vez haya tenido ocasión de ver sus películas podrá hablar de habitaciones oscuras y al mismo tiempo luminosas, de movimientos en círculo o de parábolas tan acusadas que cuesta creer que de verdad vayan a algún sitio, de salas parecidas a roperos y de exteriores deslumbrantes como los que acabo de describir.

Tengo delante mío el número de 1983 del anuario que el Ministerio de Cultura holandés publica, o publicaba, para promover el cine del país en el extranjero. Este reseña a toda página, con una generosa fotografía en el ángulo, el cuarto largometraje de van de Staak. Sin mayor preámbulo, el crítico anónimo apunta: “Frans van de Staak ha realizado una película tras otra sin lograr hacerse conocer más allá de una pequeña élite que parece apreciar el trabajo desprovisto al mismo tiempo de narración y de suspense. Por su parte, este director rara vez ha dado señales de que le preocupara si la gente iba o no a ver sus películas. Cada una de ellas refleja sus preocupaciones personales…” No vale la pena seguir. Es el tono rutinario del informe policial. Se llama “promoción”, “apoyo a la difusión”, a lo que merecería un nombre más directo. Política de autores, por ejemplo.

En Barcelona hay modo de ver, que yo sepa, una única película de Frans van de Staak: la extraordinaria Rooksporen (1991), que en una copia en DVD transferida desde VHS está desde hace poco disponible en la Biblioteca de la Filmoteca. Rooksporen fue seleccionada por Johan van der Keuken a principios de los 90, para un ciclo que recorrió filmotecas y festivales y en el que 15 directores europeos escogieron una película de un cineasta de su país, que a su juicio fuera demasiado poco conocidos o estuviera infravalorado. Así es como la misteriosa copia en VHS de Rooksporen llegó a la Filmoteca de Barcelona, donde yo mismo pedí hace un tiempo su digitalización. El año pasado, por su parte, Gonzalo de Lucas presentó algunas películas de van de Staak en una sesión de Xcèntric. Desgraciadamente ninguna de ellas pasó a formar parte del archivo que intermitentemente mantiene el ciclo, y que desde hace poco está abierto al público.

Es difícil ver Rooksporen “simplemente” como un documental, aunque su dispositivo sea incitante para cualquiera que se interese de un modo amplio por las prácticas documentales. “Rooksporen” quiere decir ‘rastros, señales de humo’. En la película una mujer desaparece y se le va a someter a un proceso, a un juicio por ello. Poco importa que desde el punto de vista del derecho natural o romano este argumento resulte inverosímil: la película, para su construcción, parte del supuesto de que sería necesario y posible juzgar a un desaparecido. Varios conocidos de la mujer (26, como las letras del abecedario holandés) hablan de ella, de sus recuerdos y de las circunstancias en que la vieron por última vez. Lo hacen cada uno desde su casa, poco antes del momento del juicio. Ahora bien, lo interesante es que esta especie de ensayo general del juicio, estas declaraciones múltiples, informales y dirigidas a cámara de los que desde entonces se convierten ya en testigos, tienen lugar todas al mismo tiempo, se toman en el mismo día de la vista, justo en el momento en que cada uno de los conocidos se prepara para salir de casa (de hecho, le vemos que sale) y se dirige al tribunal (de hecho, le vemos alejarse).

Las elucubraciones sobre la simultaneidad han sido terreno abonado para el desarrollo del cine de ficción y para la retórica televisiva, pero rara vez se han practicado desde dispositivos documentales fuertes (sí para la articulación narrativa del documental tradicional, aunque esa sea otra historia, parcialmente mezclada con el cine de ficción). No extraña que, dentro del mundo del documental, y entre las excepciones, haya precisamente una película de la gran documentalista holandesa Heddy Honigmann, 2 minuten stilte a.u.b (1999) (1), que muestra sucesos que tienen lugar un 4 de mayo, día de conmemoración en Holanda de las victimas de la II Guerra Mundial. Pero Rooksporen no es propiamente un documental, y al contrario de lo que pasa en la película de Heddy Honigmann, nada permite pensar que el material haya sido obtenido de modo simultáneo. Lo que en el fondo importa poco, ya que el tratamiento general de las secuencias, el modo en el que los personajes se dirigen y hablan a la cámara, sí recuerda, a veces de un modo muy deliberado, las formas del documental. Así que si os preguntáis qué hago hablando de una película “de juicios” en una revista como Blogs & Docs, os diré con toda sinceridad que pienso que lo que resulte de un juicio que es como el ensayo involuntario de otro juicio, que además tiene lugar contra alguien que no se salvará aunque haya desaparecido, me parece interesante para cualquiera que se interese por eso que llamamos documental. Aunque sólo sea porque la televisión está llena de versiones bastante más serias de lo mismo.

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(1) Documental de entrevistas grabado enteramente en unas horas, el 4 de Mayo de 1999, gracias a la coordinación de varias unidades de cámara y micrófono a lo largo del país. En Youtube puede verse la secuencia en la que el doblar de las campanas unifica distintos espacios que hasta ese momento habían sido mostrados de modo más o menos independiente.

FICHA TÉCNICA
Dirección y guión: Frans van de Staak
Basado en una obra teatral de: Lidy van Marissing
Intérpretes: Marlies Heuer, Peter Blok, Joop Admiral, Rein Bloem…
Director de fotografía: Bernd Wouthuysen
Sonido: Piotr van Dijk
Montaje: Frans van de Staak, Hanneke Stark
Música: Bernard Hunnekink

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