The Mosquito Problem and Other Stories

Belene es una pequeña ciudad búlgara situada a orillas del Danubio, cuya aparente tranquilidad sólo parece verse enturbiada por una plaga de feroces mosquitos que la asolan cada año y contra la que no existen ningún método de exterminio realmente eficaz.


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The Mosquito Problem & Other Stories

Belene es una pequeña ciudad búlgara situada a orillas del Danubio, cuya aparente tranquilidad sólo parece verse enturbiada por una plaga de feroces mosquitos que la asolan cada año y contra la que no existen ningún método de exterminio realmente eficaz. Mientras las autoridades han dispuesto camiones para fumigar las calles, sus habitantes hacen lo posible para solucionar “el problema del mosquito”: hay quien los atrapa con una aspiradora, quien los ahuyenta con una fogata, quien utiliza el clásico insecticida o quien simplemente declara su impotencia ante la epidemia. Todos ellos posan ante la cámara y ponen en escena sus singulares métodos para combatir a este enemigo invisible. Andrey Paounov los encuadra frontalmente y registra algo más que sus palabras: los segundos de impás que el director deja antes y después de cada intervención permiten entrever que el ambiente de la ciudad no se ve sólo enrarecido por los “zanzanes”.

En cada una de las “postales” que conforman The Mosquito Problem & Other Stories (2007) hay algo cómico, absurdo, irónico o impredecible. Un cubano toca la guitarra en un campo de amapolas que sirve de antesala a una central nuclear. El funcionario de la prisión se enorgullece de su excelente biblioteca al tiempo que reconoce que los libros más consultados por los internos son los de literatura criminal. El guardia de una reserva natural confía en que los mosquitos sean un plus de exoticidad para atraer turistas. En una clara apuesta performativa, la presentación de los personajes en espacios y situaciones a primera vista bizarros así como algunos silencios resultan más elocuentes que su discurso verbal. El recorrido zigzagueante que traza Paounov por una ciudad empobrecida y venida a menos acaba mostrando cómo los ciudadanos de Belene hacen de la necesidad virtud, confiando obtener beneficio de lo poco que tienen: la construcción de una planta nuclear proyectada durante la época soviética, una isla selvática de gran riqueza ecológica, las aguas del Danubio surcadas por un barco turístico de aspecto fantasmal, las ruinas de un campo de concentración comunista hoy convertido en granja y prisión e, incluso, un campo de entrenamiento de la OTAN.

A través de estos espacios periféricos, el director se va adentrando en esas “otras historias” – apenas sugeridas, a menudo silenciadas o simplemente enunciadas de forma parca y simple- que dan cuenta de la verdadera epidemia de la ciudad: la incapacidad de sobreponerse al colapso que provocó la caída del bloque del Este. Así sus centros neurálgicos no son más que las ruinas del sistema comunista en las que se proyectan sueños de prosperidad. En este sentido resulta esclarecedora, y altamente indicativa del sentido del humor de la película, la escena en la que el director muestra en una ágil sucesión de planos fijos la vajilla de un restaurante decorada con el logotipo de la planta nuclear cuya construcción nunca llega a su fin, a pesar de que todos confían quizás de forma ilusa –como comenta el párroco- en que acabará con el paro y se convertirá en motor económico de la zona.

El pasado es omnipresente y, al igual que las picaduras de los mosquitos, también “deja malas memorias de Belene”, como explica un personaje al final de la cinta. El tono irónico que sustenta la totalidad del relato se quiebra en su última parte al introducir la enigmática historia de una mujer que trabajó como guarda en el campo de concentración y que, tras la caída del comunismo, estuvo en prisión durante tres años. Sus palabras elusivas a las que accedemos mediante una entrevista de 1992 cuyo tono sombrío contrasta con la luminosidad y plasticidad del resto de planos, se ven completadas con la historia de su hija que narra, desde la experiencia personal que implica ser familiar de un verdugo, las contradicciones y dificultades para reconciliarse con un pasado siniestro.

La película no busca respuestas, plantea la cuestión expandiendo así la complejidad de una propuesta que retrata, con idénticas dosis de humor y respeto hacia sus personajes, la situación de un país donde conviven las fracturas morales del pasado, las dificultades económicas del presente y una inquebrantable fe en el futuro. The Mosquito Problem & Other Stories es un excelente documental cuya virtud radica, de forma inversa a lo habitual, en poner en escena un discurso sobre lo real (y en este caso de gran calado social) a través de la entrevista y la performance. No en vano, la película dirigida por el búlgaro Andrey Paounov -que se dio a conocer con Georgi and The Butterflies, visible en nuestro país gracias a El documental del mes– se presentó en Cannes y en su recorrido por festivales, se ha detenido en nuestro país en dos ocasiones: en la sección oficial de Punto de Vista 2008 y en Documentamadrid, donde ha sido galardonada con el primer premio en la sección de largometrajes.

FICHA TÉCNICA
Dirección: Andrey Paounov
Guión: Lilia Topouzova, Andrey Paounov
Fotografía: Boris Missirkov, Georgi Bogdanov
Montaje: Andrey Paounov, Orlin Rouevsk
Sonido: Momchil Bozhkov
Producción: Martichka Bozhilova
Compañía productora: Agitprop
País y año de producción: Bulgaria, 2007

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