Cinéma du Réel 08. Documentales con público en la sala

Mi primera vez en el festival Cinéma du Réel de París… y me quedé fuera de la sala. El público no acreditado (o sea, gente común, ni profesionales ni prensa) la había llenado por completo – 150 butacas – sólo dejando espacio para unos cuantos acreditados, los cuales estaban haciendo cola desde hacía media hora. Por exceso de público no pude ver una película documental. Una experiencia inédita.


    Post2PDF
Inicio   1 2 3 4

Foto: Melodie Pénet

BARCELONA-PARÍS, UN LARGO RECORRIDO
M. MARTÍ FREIXAS

Mi primera vez en el festival Cinéma du Réel de París… y me quedé fuera de la sala. El público no acreditado (o sea, gente común, ni profesionales ni prensa) la había llenado por completo – 150 butacas – sólo dejando espacio para unos cuantos acreditados, los cuales estaban haciendo cola desde hacía media hora. Por exceso de público no pude ver una película documental. Una experiencia inédita. En las siguientes jornadas tuve que hacer largas colas para entrar a ver las películas, mientras los que llegaban diez minutos antes se quedaban sistemáticamente fuera. Gran novedad: ¡hay gente que va a ver cine documental! Estas cosas en mi ciudad no suceden. Más bien todo lo contrario. ¿Por qué?

Mientras en España la mayoría de los medios de comunicación aún siguen confundiendo reportaje con documental, en Francia – cabe recordar que estamos al lado – se apoya y se defiende el documental (la envergadura y trayectoria de la cadena ARTE, de la asociación de realizadores ADDOC, de la revista Images documentaires, de múltiples ayudas específicas del estado, de Cinéma du Réel, de los États généraux de Lussas, del Festival de Marseille, del mercado SunnyDocs de La Rochelle, etc. etc.). Quizá me sorprendo donde no debería, pero acostumbrado a vivir la infravaloración del documental, lo olvidados que están sus cineastas, su público reducido a un ghetto cultural donde se encuentran siempre las mismas personas… La distancia en todos los sentidos es… ¿insalvable?

HACIA UN IMAGINARIO TURÍSTICO
ANNA PETRUS

Uno de los esfuerzos notables de la treintena edición del Festival du Cinéma du Réel fue la de proponer un recorrido por una posible historia del cine basada en su relación con el turismo. Una propuesta que empezó a gestarse en la edición del 2006 cuando en el Pompidou de París pudieron verse películas como Minsk de Cheng Xiaoxing o Nosotros, los de allá (pas possible chez nous) de Anna Klara, Anna Weitz y Charlotta Copcutt. Eran películas donde se vislumbraba el creciente interés de los cineastas de la realidad hacia las consecuencias de uno de los fenómenos más sutilmente depredadores de nuestra historia contemporánea. Un antiguo porta-aviones ruso convertido en un parque de atracciones en el caso de Minsk y los viajes organizados a las minas de Potosí (Bolivia) en el caso de Nosotros, los de allá (pas possible chez nous) – donde los turistas pueden contemplar las penosas condiciones de trabajo de los mineros – ponían de manifiesto la urgencia por retratar la progresiva y a menudo invisible aniquilación de los rasgos que identifican una comunidad cuando ésta debe someterse a las leyes del turismo.

Aún así, pensar la historia del cine a partir del hecho turístico implicaba no solamente recoger el turismo como objeto fílmico sino también como sujeto, es decir, recoger las imágenes donde la cámara se sitúa justo en el lugar del turista. Esta doble visión se encuentra, en realidad, en la escisión fundacional del cine documental que, en la década de los veinte, fue protagonizada simbólicamente por Robert J. Flaherty y John Grierson. Mientras el primero capitaneó a los pioneros cineastas que, aventureros, debían viajar hacia lo exótico para mostrarlo en imágenes a la comunidad propia, Grierson fue el primero en interesarse por los problemas de la sociedad civilizada en la cual vivía. Aunque Flaherty colaboró con Grierson en un documental llamado Industrial Britain (1931) sobre la desaparición de la artesanía cerámica de los ‘midlands’ ingleses debida al rápido desarrollo de la gran industria, pronto se pusieron de manifiesto sus diferencias de intereses. Es conocida la frase que el escocés espetó al norteamericano: ‘Tú márchate a buscar paraísos perdidos si esto es lo que te gusta. Yo voy a ver qué hay de puertas adentro. Tú busca los salvajes de los más apartados continentes. Yo voy a ver a los salvajes de Londres o de Birmingham’.

Inicio   1 2 3 4

SUSCRIPCIÓN

Suscribirse a la newsletter

Redes sociales y canales de vídeo

  • Facebook
  • Twitter
  • Vimeo
  • ETIQUETAS

    ARCHIVO