Audrius Stonys. Notas para un artículo sobre un cineasta improbable

Hoy en día atrapar la pureza y sencillez del entorno es algo excepcional y ser cineasta, conocer y pertenecer a ese lugar imposible en la Europa contemporánea es literalmente el buen sino de otro cineasta imposible llamado Audrius Stonys.


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Democracia
Hoy el cine es una arte popular, con todas las implicaciones que ese rótulo conlleva, conectado con su tiempo y sumergido en el espacio que representa.

Hoy el cine como forma de expresión se acerca a la factibilidad de la literatura, una cámara aún no es tan accesible como el lápiz y el papel pero los medios técnicos ya no son el primer impedimento para la creación… y el conocimiento tampoco.

¿Porqué no hay más escritores o tantos más cineastas por metro cuadrado?

Un respetado documentalista que se formó en la VGIK, la prestigiosa escuela de cine de Moscú, destacaba la capacidad intelectual y artística de su generación: la selección de los alumnos dentro de un país como Rusia, por su tradición cinematográfica y su numerosa población, hacía suponer que ahí habían futuros cineastas de primera línea. Pero el primer día el director de la escuela les comenta que como promedio menos del 10% del curso terminaría dirigiendo, una cifra habitual en las escuelas de cine. Finalmente de aquella generación, el documentalista recordaba lo ajustado del pronóstico; además de él, dos más podían llamarse a sí mismos “cineastas” y no por falta de talento, más bien por falta de administración.

La democratización del cine es una frase tan usada como ilusa, la posibilidad de tener un lápiz, un cuaderno o una cámara ya es abierta, también las ideas están por ahí en el inconsciente colectivo dando vueltas (en la democracia no hay genios, somos todos iguales). Es en la administración de esas ideas donde yace la diferencia, la diferencia entre cruzar el río o que te lleve la corriente.

Si hablamos de probabilidades, el cine debería provenir en su mayoría de países desarrollados y probablemente sea así en cantidad pero no en calidad, la renovación del cine en las últimas dos décadas ha venido principalmente desde la periferia y muchas otras desde la precariedad e incluso de la marginalidad.

A veces pareciera que el mundo está allá afuera.

Geografía nacional
Lituania con sólo 500.000 habitantes posee una cinematografía compuesta por cineastas tan improbables como Arünas Matelis, Valdas Navasaitis o Šarūnas Bartas. ¿Excepción a la regla o demostración de lo irregular de las estadísticas aplicadas al arte? O mejor dicho: ¿quién iba a pensar que el pilar del cine experimental americano de los años 60 sería un emigrante del mar báltico llamado Jonas Mekas?.

“and there was mamma,
she was waiting,
she was waiting for 25 years.

…and there was our uncle,
who told us to go West,
go children West,
and see the World

and so we went
and we are still going
” (1)

Jonas Mekas
Reminiscences of a journey to Lithuania

La voz de Jonas Mekas nos intenta expresar lo inexpresable de un momento único. Tras 25 años en Nueva York, él y su hermano deciden volver a su país. Las primeras imágenes en colores de Reminiscences of a Journey to Lithuania de 1972 son las impresiones del retorno, el paisaje escurridizo choca con el recuerdo en un viaje desde Vilnus hasta Semeniškiai, donde se producirá el encuentro con su madre y su tío, quién los alentó a emigrar.

La sensación de estar en un lugar apenas tocado por el lente de una cámara, donde aún se encuentran paisajes o rostros que no han dejado su aura en la emulsión fotosensible, es indescriptible, esa es la Lituania de Jonas Mekas o la idea de su tierra natal, la que queda fijada en su bitácora de viaje, pero quizás no en la otra película del mismo tema que realizó su hermano Adolfas Mekas en Journey to Lithuania, ya es una cuestión de miradas y no de administración.

Hoy en día atrapar aquella pureza y sencillez del entorno es algo excepcional y ser cineasta, conocer y pertenecer a ese lugar imposible en la Europa contemporánea es literalmente el buen sino de otro cineasta imposible llamado Audrius Stonys, que en Fedia, three minutes after the Big Bang (1999) comparte el diálogo con un sencillo trabajador sobre si realmente existe un cine lituano, lo cuál nos habla sobre esa extraña condición de tierra virgen que aún se puede encontrar en rincones de los países bálticos. Quizás esta es una de la razones de la incapacidad de Stonys de filmar fuera de las fronteras de su Lituania natal, la cuál ha retratado con la urgencia de alguien que sabe que esa condición pronto se acabará.

– – –

(1) “Y ahí estaba mamá / ella estaba esperando / esperando por 25 años / …y ahí estaba nuestro tío, / Quien nos dijo de ir al Oeste / Vayan niños al Oeste y vean el mundo / Y nosotros fuimos / Y aún estamos yendo”

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