Documentales en Cannes 2011: En el cajón de sastre

¿Qué cualidades debe reunir un documental para participar en Cannes? Los pocos títulos seleccionados reúnen una serie de características que facilitan delimitar unas claras líneas de programación y una posible clasificación: los documentales temáticos con padrino, los documentales de acompañamiento y los documentales de director.


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El festival de Cannes vive de espaldas a las nuevas formas de documental. En la misma línea que ha seguido en las últimas ediciones, Cannes 2011 se reafirma como un certamen que apuesta por la ficción como la (casi) única vía posible que tiene el cine de autor para afianzarse. Los documentales se mantienen como una excepción que hay que buscar por las diferentes secciones paralelas (fuera de concurso, sesiones especiales, Cannes Classics…),  convertidas en una suerte de cajón de sastre en que el festival mete todo aquello que considera que no tiene sitio ni en la competición por la Palma de Oro ni en Una Cierta Mirada.

Lo que nos plantea un interrogante. ¿Qué cualidades debe reunir un documental para participar en Cannes? Los pocos títulos seleccionados reúnen una serie de características que facilitan delimitar unas claras líneas de programación.

Línea 1: Películas sobre una cuestión de actualidad o un personaje famoso en cuyos créditos aparece algún nombre reconocido por cuestiones no relacionadas con  el documental. Son los documentales temáticos con padrino.

Línea 2: Documentales subsidiarios de alguno de los títulos recuperados por Cine Classics. Son los documentales de acompañamiento.

Línea 3: Documentales cuyo autor sí ha conseguido el beneplácito del festival por sus méritos cinematográficos. Es decir, largometrajes de un realizador que habitualmente trabaja en la ficción o que excepcionalmente Cannes ha apoyado como documentalista. Son los documentales de director.

DOCUMENTALES TEMÁTICOS CON PADRINO
Cuatro títulos del festival se encuadran fácilmente en esta primera línea. Michel Petrucciani de Michael Radford, Tous au Larzac de Christian Rouaud y dos que no tuve ocasión de ver: The Bix Fix de Rebecca y Josh Tickell, documental de denuncia firmado por dos militantes de las energías alternativas, que se centra en el vertido de petróleo que provocó la plataforma Deepwater Horizon en el golfo de México para profundizar en los intereses y corruptelas que se esconden detrás de la industria petrolera. La película se beneficia de la presencia de dos nombres conocidos del Hollywood activista: Peter Fonda (conductor y coproductor ejecutivo) y Tim Robbins (coproductor ejecutivo); y Bollywood – The Greatest Love Story Ever Told de Rakeysh Omprakash Mehra y Jeffrey Zimbalist, un repaso en apariencia autocomplaciente a una de las industrias más conservadoras del cine con otro padrino de renombre, Shekhar Kapur, director de La reina de los bandidos, Elizabeth y Las cuatro plumas.

Michel Petrucciani de Michael Radford
No es la primera vez que el director de 1984 y El cartero (y Pablo Neruda) rueda un documental musical. En los inicios de su carrera, Radford firmó Van Morrison in Ireland (1980). Esta vez se centra en uno de los mejores pianistas de jazz de la historia cuya minusvalía física (Petrucciani sufría una osteogénesis imperfecta) le otorgaba una excepcionalidad que se sumaba a su indiscutible talento musical. Así, nos encontramos ante uno de esos documentales cuyo protagonista resulta tan interesante per se que el director no debe esforzarse demasiado para enganchar a los espectadores. Y Radford se contenta con eso. Michel Petrucciani se ajusta a todas las convenciones del documental biográfico: resigue la vida y la obra del protagonista a partir de testimonios e imágenes de archivo aprovechando el carisma que transmite un hombre que consiguió superar sus limitaciones físicas para triunfar en su vida profesional, pero también en la amorosa. Petrucciani se nos desvela no solo como un genio incontestable, también como un verdadero rompecorazones… Radford solo apunta un intento de confrontar leyenda e historia del personaje a través de una pequeña mesa redonda de conocidos que permite poner de manifiesto las contradicciones en las que acaban incurriendo algunos testimonios. El resto, una interesante pero clásica inmersión en la trayectoria del protagonista. Porque lo que tiene Michel Petrucciani, película, de apasionante, lo resulta por lo que tenía de apasionante Michel Petrucciani persona.

Tous au Larzac de Christian Rouaud
Ningún nombre sobresale en los créditos de este film, excepto el de José Bové, tratado de todas formas como un testimonio más en el documental. Pero en Francia, el movimiento social y político que se originó en los años setenta en torno la población occitana de Larzac, poco conocido fuera de las fronteras del hexágono, sería algo así como la versión rural del mayo del 68. Suficiente para funcionar como tema de interés general en Cannes, más si, por un lado, el documental entronca esa causa con las actuales militancias antiglobalización, y por otro, el cine francés de este Cannes 2011 denotaba una especial preocupación por los asuntos políticos.

Bajo el lema en occitano Gardarem lo Larzac! un puñado de granjeros se levantaron a principios de los setenta contra la intención del gobierno francés de expropiar sus tierras para ampliar un campo militar de la zona. Lo que en principio parecía un pequeño acto de rechazo local y sin articulación política, se acabó convirtiendo en la expresión rural de toda una serie de movimientos de protesta que hasta el momento se producían exclusivamente en contextos urbanos y/o industriales. Esta declinación agrícola de las movilizaciones izquierdistas de los setenta supone el principal punto de interés de Tous au Larzac. El realizador se centra en los protagonistas locales, granjeros todos ellos, para reconstruir pormenorizadamente a través de sus testimonios un proceso de movilización que duró años y se convirtió en el punto de convergencia de  las variopintas inquietudes políticas del momento. Entre todos los que acudieron a Larzac atraídos por la lucha de estos granjeros se encontraban desde pacifistas y maoístas hasta hippies y neorurales. Larzac no solo fue una especie de Mayo del 68 rural, también un Woodstock en la campiña sin estrellas del rock. Rouaud se recrea  excesivamente en todos los detalles del caso, algunos carente de interés para el espectador no francés. Y se le nota en demasía ciertas ganas de idealizar el caso como germen de las posiciones actuales antiglobalización. El documental encuentra sus mejores momentos en la explicación de cómo unos granjeros más bien escépticos ante las políticas practicadas por intelectuales y obreros de París y otras ciudades industriales fueron forjando su propia práctica de lucha militante apropiándose de todos aquellos elementos que consideraron válidos para su causa. El espíritu Gardarem lo Larzac! todavía sigue vivo…

DOCUMENTALES DE ACOMPAÑAMIENTO
En Cannes Classics, la sección del festival dedicada a recuperar y reivindicar jalones indiscutibles de la historia del cine, los documentales aparecen no porque se considere que tienen un valor en sí mismos sino como complemento a los títulos seleccionados. Otra vez, se consideran obras ilustrativas de otras películas, directores, géneros o temáticas. Fue el caso de Corman’s World: Exploits of a Hollywood Rebel de la debutante Alex Stapleton, documental sobre un cineasta que ha suscitado mucha bibliografía (incluso firmada por él mismo) pero todavía no contaba con un film sobre su vida y obra; Il état une fois… Orange mécanique, reportaje televisivo en torno a la producción y el polémico estreno del film de Kubrick, dirigido por quien fue jefe de redacción de Libération Antoine De Gaudemar y con guión del director de Positif Michel Ciment; Kurosawa, La voie de Catherine Cadou, donde la que fue intérprete del cineasta japonés entrevista a doce directores, de Clint Eastwood a Abbas Kiarostami pasando por Théo Angelolopulos, que hablan de la influencia de Kurosawa en su obra; Belmondo, itinéraire… de Vincent Perrot, tributo al actor francés que cuenta con la complicidad de él mismo; The Look de Angelina Maccarone, que, según me explica mi amiga Imma Merino, se trata de un obra que intenta escaparse del documental al uso en torno a una estrella del cine, en este caso Charlotte Rampling. La actriz no se conforma esta vez con ser el mero objeto de la película y expone su punto de vista delante de la cámara sobre una serie de temas que afectan tanto la carrera de una actriz como la vida en general. Desgrana su visión de ocho asuntos a través de las respectivas conversaciones con amigos y colegas: habla sobre la fragilidad de exponerse ante una cámara con el fotógrafo Peter Lindbergh, de la edad con el escritor Paul Auster, de los tabúes con el también fotógrafo Juergen Teller, del deseo con el diseñador de producción Franckie Diago o de la muerte con el pintor Anthony Palliser. En Cannes Classic 2011 se coló una excepción. El festival honoró como clásico un documental, Chronique d’un été de Jean Rouch y Edgar Morin, cincuenta años después de que ganara el Premio de la Crítica en el mismo certamen. La flor que no hace verano.

DOCUMENTALES DE DIRECTOR
Desde la proyección de Thérèse en 1986, Alain Cavalier no había tenido el “honor” de volver a competir por la Palma de Oro. Eso sí, el festival programó todo lo mal que pudo su última película Pater, la única representación del documental en sección oficial. Con la mala pata que el único pase para prensa y público del film se solapaba con otras obligaciones para quien esto escribe. Por lo que me quedé sin ver el juego de espejos entre la realidad y la ficción que plantea Cavalier, en un  trabajo en que el cineasta francés vuelve a filmarse a sí mismo, esta vez en conversación con su amigo y actor Vincent Lindon mientras ambos charlan como colegas pero también como si  fueran el Presidente de la República y el Primer Ministro. ¿Una vuelta de tuerca al cine de política-no ficción? En cualquier caso deberemos dejar para más adelante las conclusiones, aunque Pater no despertó entre quienes tuvieron la ocasión de verla el entusiasmo de sus anteriores Irène y Le Filmeur. Y delego un análisis de las posibles influencias del cine experimental en The Tree of Life de Terrence Malick (la primera parte más bien me parece una versión para nuevos creyentes del Discovery Channel) en quien no encuentre, como yo, que el film es un bluf de proporciones cósmicas.

Fuera de competición y en sesiones especiales dos títulos remarcables: Duch. Le maître des forges de l’enfer de Rithy Panh, de lo mejorcito de todo el festival, y In Film Nist (Esto no es una película) de Jafar Panahi y Mojtaba Mirtahmasb.

Duch. Le maître des forges de l’enfer de Rithy Panh
“¿Entonces la película de Rithy Panh es como su Sobibor respecto a S-21, La máquina de matar de los jemeres rojos?” De esta manera resumía con bastante acierto un colega que no pudo ver lo nuevo del cineasta camboyano nuestras explicaciones sobre el film. Efectivamente, Le maître des forges de l’enfer da otra vuelta de tuerca al holocausto provocado por  los jemeres rojos pero centrándose esta vez en un único testimonio, no un superviviente sino un verdugo, Kaing Guek Eav, llamado Duch, y máximo responsable del S-21. Panh entrevista al gran jefe de las fraguas del infierno, el primero de los dirigentes camboyanos que fue procesado y condenado por un tribunal internacional, para esbozar un retrato del horror a través de uno de sus forjadores. A lo largo de dos horas vemos y escuchamos el insólito testimonio del responsable de decenas de la tortura y muerte de miles de personas. Panh contextualiza lo mínimo pero lo suficiente para que Duch no se apodere del film: desde los datos sobre el número de muertos que provocaron los jemeres rojos de la introducción, pasando por el discurso inicial de Pol-Pot, y sobre todo los numerosos documentos de todo tipo con que el director confronta a su protagonista para mantener el control de una batalla dialéctica en que él ha decidido mantenerse en casi todo momento fuera de campo.  Así, el espeluznante discurso autojustificativo de Duch no mengua sino que aviva la sensación de rechazo ante sus palabras. El valor del testimonio de Duch que registra Panh no se encuentra en su aportación de datos que ayudan a configurar con mayor precisión histórica un dibujo en perspectiva de los mecanismos de funcionamiento de la máquina de matar roja, sino en comprobar con pasmo cómo los grandes hacedores del mal son capaces de desarrollar unos mecanismos mentales que les evitan cualquier tipo de arrepentimiento. En una de sus declaraciones, Duch explica cómo resultaba mucho más fácil aleccionar a los campesinos que a los intelectuales a la hora de enseñarles a matar. Los intelectuales, al contrario que él mismo, siempre acababan dudando. Cuando al final de la película, Panh cambia por primera vez de escenario y muestra a Duch, recién convertido al cristianismo por eso de encontrar la salvación a última hora, rezando en su celda con la misma convicción con que no se arrepiente de sus actos, una acaba confirmando que el ejercicio de la duda, a pesar de estar tan mal visto, es una de las mejores salvaguardas contra el ejercicio del horror.

In Film Nist (Esto no es una película) de Jafar Panahi y Mojtaba Mirtahmasb
El evento-denuncia del festival lo protagonizó esta cinta del cineasta Jafar Panahi, pendiente de una condena de seis años de cárcel y a quien el régimen iraní ha prohibido salir de su país y realizar películas durante veinte años. Su cómplice en el film, Mojtaba Mirtahmasb explicó cómo la película había salido de Irán de contrabando… almacenada en un USB ¡escondido dentro de un pastel! Sin duda, la era digital facilita la clandestinidad cinematográfica, como se encarga de recordar Panahi mismo a lo largo del metraje. Con un título magrittiano que parece querer eludir, irónicamente, posibles responsabilidades penales pero también reflexionar sobre la propia naturaleza de la obra, Panahi y su colaborador Mirtahmasb arman un largometraje que se encuentra a medio camino entre el diario de encierro casero, el making of de un film que no se puede rodar y esa película a lo Panahi que sí acaba siendo. Sin salir de su apartamento, el director de El globo blanco y su colega se filman “como esas peluqueras que, cuando no tienen trabajo, se cortan el pelo unas a las otras”. Así vemos a Panahi explicándonos su nuevo proyecto mientras intenta no incurrir en ningún delito, aburriéndose por su casa, cuidando a la iguana que tiene de mascota, o explicitando en demasía aquello que su situación tiene de común con alguna de sus películas (esa rebelión de la actriz de El espejo cuando decide dejar de ser un personaje de ficción…). Por momentos, el film roza lo banal o gratuito, justificado por esta proclamada autoconsciencia de “no película”. Aunque Panahi no puede aguantarse las ganas de rodar y esgrime su móvil ante ese personaje inesperado que irrumpe en su casa para recoger la basura, el portero sustituto, y acaba filmando una secuencia claramente panahiana mientras lo acompaña en sus labores por el edificio. Esto sí acaba siendo una película, aunque esperemos que las autoridades iraníes no se den cuenta de ello…

Un Comentario

  1. re 07/07/2011 | Permalink

    Este artículo es muy fuerte porque tiene toda la razón. El documental en Cannes recibe migajas de cine. Y de las malas, porque hay mejor cine de lo real recorriendo el mundo y ellos ni se enteran.

    Sé que en la semana de la crítica tenían también un docu brasileño llamado “Permanencias”. Lo viste? Me hablaron bien de él.

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