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Inquietos exploradores del audiovisual contemporáneo. Marsella 2012

0. Apuntes desordenados de la libreta

Esta crónica del festival de Marsella 2012 (Festival International de Cinéma – Marseille [1]) es salteada, basada en anotaciones que salieron sobre la marcha en la visita al evento. Está pensada también enlazando las últimas ediciones del encuentro marsellés, indagando posibles líneas del cine y audiovisual contemporáneo que se prodigan en espacios de creación muy libres de premisas comerciales, como es el caso. Así, sin voluntad de establecer parámetros fijos, y teniendo presente que los cinco capítulos trazados podrían ser más de una docena, y podrían ser discutbiles, rebatidos y también aumentados, he reordenado estas notas a partir de algunas de las películas vistas.

De los cinco apartados, cuatro parten de aspectos sobretodo formales, el quinto es un aspecto geográfico. Son colindantes, no hay muchas fronteras y sí muchos puntos de encuentro. FID Marseille, el cual hemos visitado en sus últimas cinco ediciones, sigue siendo un muy buen punto de encuentro de propuestas audiovisuales contemporáneas. “¿Y qué? ¿Eran buenas las películas?” pregunta siempre la gente a la vuelta de un festival. Como ponderar las palabras “bueno” y “malo”, son tan discutibles en función de los parámetros que cada espectador plantee previamente que quizás no sé si hay respuesta a la pregunta. En todo caso, creo que este festival antepone su arriesgada exploración frente a encontrar o poder proyectar la “película perfecta” del año. Quizás la discutible “mejor” película acabe cayendo en algun otro festival de mucho más presupuesto y más mediático. Aquí (aunque también hay espacio para algunos nombres de peso) encontraremos propuestas incluso imperfectas, extrañas o irregulares, pero que son estallidos de creatividad y retos constantes para los espectadores. En lugar de satisfacer las expectativas preconcebidas, podemos andar (a veces a trompicones) por algunos caminos del audiovisual contemporáneo, apasionantes en sus imperfecciones, búsquedas y sorpresas.

1. Archivo expuesto: Un mito antropologico televisivo propone entender el archivo como un work in progress sin final donde más la antropología que la historia yace en sus imágenes. El comportamiento de los seres que habitan la Sicilia de los 80 y los 90, observados por las cámaras de una modesta cadena local de televisión. Los realizadores, un colectivo, eligen para montar el film cintas descartadas, o con drops, o de baja importancia informativa en su momento. “Un film nacido del trabajo y la búsqueda de malastrada.film [2],
 pensado, discutido y montado por Maria Helene Bertino, Dario Castelli, Alessandro Gagliardo”.

Nos recuerda un planteamiento acerca del material de archivo que, no casualmente, habíamos visto en este festival, como si de una línea exploradora, un posible camino del cine contemporáneo, se tratase: el archivo expuesto, en bruto, “a quilos”, sin añadir capas de significado. La intervención subjetiva del realizador se limita a tres hechos: la búsqueda exhaustiva del material, la selección y la ordenación. No hay off, no hay intertítulos, no hay voluntad de remontaje, no hay voluntad ilustrativa. Es un gesto radical, donde los realizadores no pretenden más que poner encima de la mesa las incógnitas que se encuentran encerradas en esas cintas, y esos tres hechos ya son de por sí toda su interpretación, el resto queda en manos del espectador. Las películas que nos recordaban: Material [3] (Thomas Heise, 2009) que ganó en esa edición, After the revolution (Laurentiu Calciu, 2010). (No confundir esta última con Autobiografía de Nicolae Ceaucescu de Ujica [4]. Mientras ésta nos mostraba como en el cine de propaganda oficial de una dictadura se puede encuentrar oculta la propia biografía íntima del dictador, el primero era un compendio de archivo televisivo a pie de calle de esa tumultuosa época en el mismo país).

2. Autorepresentaciones: Efectos de familia (2007-2009), del mexicano Edgardo Aragón, ofreció las secuencias que más me fascinaron del festival y a las cuales tuve necesidad de volver e indagar. Un proyecto de media hora, dividido por pequeñas cápsulas, donde niños mexicanos representan cotidianeidades de su comunidad: crueles juegos de criminales, rituales de actos que a menudo llevan a cabo familiares o su entorno, algunos, para mí, rituales que no llego a comprender. Colores cálidos, una imagen cerca del desenfoque, saturada, como de pesadilla, pero a la vez una representación realista. Extrañeza y contradicción, pulso entre una imagen videoartística onírica, hipnótica, contrastada con la dureza de los símbolos de la violencia representada.

Comunidades que se ven envueltas en su día a día en el entorno del “mundo narco”, que domina y dirige su vida por encima de su libertad personal y del poder del estado, se representan a sí mismas, en este caso a través de los niños. Autorepresentaciones que también habíamos encontrado en otros FID Marseille, quizá La BM du Seigneur (Jean-Charles Hue, 2010) una de las más notables que recordamos. Con actores no profesionales de etnia rom, creó el autor una historia fantasmagórica con un perro mágico el cual viraba la vida de unas familias gitanas ladronas de coches. Su cotidianeidad de pequeños rateros y vida marginal, expresada en la pantalla por ellos mismos, como trabajo de autorepresentación de su mundo ritual, quizás de exorcismo personal, para los ladrones de coches o los futuras víctimas de los  gánsteres mexicanos. Hay algo del neorrealismo italiano en estas ideas, transportadas en tiempos contemporáneos.

3. Disociaciones: Había un cortometraje del Colectivo Los Hijos [5] (Enero 2012 o la apoteosis de Isabel La Católica, 2012) que, sin pretender ser mucho más que un apunte, un inicio de algo esbozado, tiene un punto en común en otros planteamientos vistos precisamente en este encuentro de cuando en cuando. Despojar una imagen de su sonido, y por otro lado un sonido de su imagen, y unir aquellos que a priori son lejanos. Crear así un nuevo audio+visual, donde el espectador tiene que intervenir para crear su propio espacio de interpretación de ese azar sólo aparente.

 

Son experimentaciones que ya se llevan probando en la historia del cine desde hace muchas décadas. Pero, quizás, hoy en día, practicadas como un camino dentro del audiovisual digital, ya no como un experimento, sino como un resultado. Las otras piezas recientes que habían sido seleccionadas y me recordaron a ésta tienen ambas una lectura política. Nighttime with Mojca (Vlado Skafar, Eslovenia, 2008) era el audio de un programa de radio nocturno, de confesiones y problemas personales, mezclado con transeúntes perdidos en brumas de Ljubljana, la voz marcaba su baile y su desconcierto. Petite trompette (Chen Yang, China, 2010), es un corto tan misterioso como inhallable, algo único que sólo pude ver una vez. Su gesto es más obvio, su país más cruel. Mientras escuchamos, también, un programa de radio para niños titulado La pequeña trompeta, vemos a través de los cristales de un fast-food un supuesto enajenado sentado en la calle, de espaldas, masturbándose. Las conexiones que se producen en el espacio que el espectador crea van en aumento a menudo que transcurre el programa de radio de tono fascista y las variaciones en los movimientos del “loco”. En Los Hijos, escuchamos un audio del bus turístico de Madrid, es demodé, un poco facha, vende un Madrid recio y antiguo. Vemos imágenes que no encajan: rostros de hombres y mujeres en un bar sin ubicación, de caras tristes, ojeras, mirada perdida. La interpretación recae en nosotros. Para mí, un desencuentro entre el ciudadano, rutinario, desanimado en una sociedad que se deshace y el modelo de ciudad impuesto, donde el turismo es como una dictadura. Un giro interesante al final del corto, la imagen se traslada al interior de un vehículo elevado (¿el bus?) y desde allí observamos una manifestación.

Añado el fragmento de un email que intercambié con los realizadores españoles y así se expresaron: “Forma parte de un proyecto mayor. Es una idea que llevamos tiempo barajando, hacer piezas más extensas que los videominutos que realizamos a veces y que estén apegadas a la actualidad, al correr de los acontecimientos diarios y, por ello, fechadas. Serían piezas más extensas pero no excesivamente elaboradas, con vínculos en común, estarían más cerca del dietario que de un proyecto “concebido” de principio a fin y por ello permeable a cambios.”

4. Cuerpos / sensaciones:

Dos obras de este FID Marseille tenían intenciones semejantes en sus orígenes, aunque las conclusiones se expresen de manera muy distinta. Llegar al espectador únicamente por sensaciones, a través del dibujo del cuerpo humano, a través del sonido, desestimando cualquier narración o argumento. Por un lado, la artista belga Manon de Boer presentó One, two many, cortometraje donde destaca especialmente la primera figura. El simple gesto de un flautista cogiendo aire para tocar unas notas se convierte en algo muy físico, y angustioso, al ahondar en la intensidad de su respiración, al percibir la tensión de sus venas y de su cuerpo. Habíamos visto también aquí alguna obra de De Boer relacionada con el sonido, con los instrumentos de percusión y la vibración de las ondas, la imagen ligada a las percepciones acústicas (Think about Wood, Think about Metal, 2011). Philippe Grandrieux proyectó su film White Epilepsy que llenó la sala. En formato vertical, con una estética hipnótica, blanco y negro, dos cuerpos están incrustados el uno con el otro en un espacio que podría ser ¿un bosque?. Por el título parece indicar una representación relacionada con la epilepsia, a mi no me lo pareció, sino que aprecié una vampirización del cuerpo de la mujer respecto al del hombre. Interpretaciones aparte, nos encontramos de nuevo con una apuesta por sensaciones físicas, muy inquietantes en este caso, transmitidas a través de los cuerpos y de los sonidos. Caminos que nos llevan a otros pasos anteriores vistos en estas sendas, Possible lovers (Raya Martin, 2008) o Lunch break (Sharon Lockhart, 2008).

Habría más caminos formales por recorrer, como el de los rostros en El Jurado de Virginia García del Pino, o las mutaciones dentro del Tabú de Miguel Gomes [6], hablando, precisamente, de exploradores. Algunos de estos films los profundizaremos en números posteriores.

5. Un cine del mundo árabe despojado del encasillamiento occidental

Los filmes encontrados y puestos en escena en este festival realizados en países del mundo árabe son bastante numerosos. Su presencia no es repentina a raíz de las primaveras árabes, sino que es una apuesta anterior y de largo recorrido. Son films de una militancia intelectual, que huyen de los estereotipos y de la representación en la que el mundo occidental encasilla y simplifica el mundo árabe (por ejemplo, premisas activistas, una misericordia post-colonial, explicaciones a través del odio étnico o religioso, o la presentación de las guerras como algo espectacular).

El festival tiene como una especie de camino directo con artistas de Oriente Medio (Líbano sobretodo) y apuesta por ellos, es algo que sólo encuentro en este evento. Por ejemplo este año vimos 74 (La reconstitution d’une lutte) (Rania y Raed Rafei, Líbano, 2012), una recreación de unas protestas estudiantiles llevadas a cabo en Beirut en 1974. Filmada con un aire entre realista y teatral, con momentos de desubicación temporal para el espectador como unas entrevistas imaginarias, los actores que reencarnan los activistas del pasado son activistas actuales. El nexo con el enmarañado Líbano de hoy, 30 años después, es presente a lo largo de todo el metraje, en sus conversaciones y discusiones. El film respira también una juvenil rebeldía e idealismo que nos acerca a las revueltas árabes de hoy.

Cito algunas más de los últimos años, apuestas por este cine del mundo árabe filmado por realizadores autóctonos pero sobretodo con puntos de vista autóctonos. Todas ellas se plantean desde perspectivas audiovisuales muy diversas: Fix me (Raed Andoni, Palestina, Francia, Suiza, 2010), una obra performativa, un palestino que iba al psicólogo porque le dolía mucho la cabeza y no acababa de comprender a ninguno de los dos lados del conflicto; Everyday Madonna (Nadim Asfar, Líbano, 2010), un arriesgado experimento maravilloso, ver la entrevista que llevamos a cabo; Waiting for Abu Zayd (Mohammad Ali Atassi, Egipto, Líbano, Siria, 2010), un buen retrato de un teólogo e intelectual egipcio que por sus opiniones del Corán fue condenado; Sur place, 4 revenants des guerres libanaises (Lokman Slim, Monika Borgmann, Líbano, 2009), un proyecto recio y sólido sobre testimonios aún ocultos de los crímenes de guerra; Les trois disparitions de Soad Hosni, Rania Stephan (Líbano, 2011) una película de remontaje sobre una actriz egipcia que acaba siendo reflejo de la historia del país, también cercano a esta órbita es Moving up (Loghman Khaledi, Iran, 2011), el retrato íntimo de un frustrado escritor iraní acosado por todo el vecindario en una ola de ignorancia y odio. Este año un realizador palestino-español, Ahmad Natche, enfocó su film Two meters of this land (Dos metros de esta tierra, Palestina, 2012) con preceptos no de combate y enfrentamiento en la polaridad Israel-Palestina, sino de contemplación y mirada más honda, concretamente en el paso del tiempo y la ocupación del espacio. Para concluir la lista, citemos alguien como el explosivo artista Roee Rosen [7] (The confessions of Roee Rosen [8], Israel, 2008). Apuestas diría que exclusivas de este festival.